HARVARD: ADICTOS AL CELULAR

 

Según una investigación de la universidad de Harvard, un tercio de las personas prefieren su celular a intercambiar con sus seres queridos. Les interesa tener más amigos en las redes sociales que en la vida real. Entran en pánico cuando creen que perdieron su celular.

HANS KUNG: CUMPLIÓ 90 AÑOS

El sacerdote y teólogo suizo fue uno de los protagonistas del Concilio. Se le prohibió después enseñar en las universidades católicas. Es amigo del Papa emérito Benedicto y a Francisco escribió una carta elogiosa del que tuvo una respuesta “manuscrita y fraterna”.

(catequesis de adultos): LA VIDA ETERNA

A raíz de unas declaraciones del papa Francisco, que simplemente recordó que el infierno no es un lugar, en la prensa mundial se difundió la noticia de que el Papa había dicho que el infierno no existe. Lo positivo del episodio es que gracias a la ignorancia religiosa de tanta gente se encaró un tema serio, tabú para muchos pero esencial para los cristianos: la vida después de la muerte. Para el cristiano no existe ni el “destino” ni la “suerte”. Dios tiene para cada uno de sus hijos un plan de felicidad plena y eterna. Todo camina hacia un encuentro con Dios que la Biblia llama “cielo”, “paraíso”; será vivir con Cristo para siempre, como El nos prometió (Jn 14,1-21). No será un lugar sino que consistirá en ver y conocer a Dios (1Cor 2,9) y en Él a todas las personas y a la creación entera.  No será un descanso eterno ni simplemente una vida sin sufrimiento, sino “vida en abundancia” (Jn 10,10). Quien dice “vida”, dice actividad, comunicación, creatividad, relacionamiento que será con todos, en el cielo y en la tierra. El amor siempre va descubriendo sorpresas y nuevas maravillas. No será “otra vida” sino esta misma vida humana transformada por el Espíritu; no “otro mundo” sino este mismo mundo redimido “donde no habrá ya muerte, ni duelo, ni llanto ni dolor” (Ap 21,4). Será una felicidad plenamente humana (no seremos ángeles) donde tendrá cabida todo lo bueno, lo bello, lo verdadero, lo justo que hemos buscado y querido. Nada se perderá de nuestros esfuerzos y de nuestros afectos porque el cielo es la absoluta realización humana. Seguiremos siendo nosotros mismos con nuestra identidad personal; también siendo adultos somos diversos de lo que éramos cuando éramos niños y a pesar de ellos seguimos siendo los mismos. Entenderemos el sentido oculto de la historia, de nuestra vida. Será la fiesta de los ojos; se podrá ver el corazón de las personas, de las cosas, de Dios. Antes  habrá un proceso de purificación (=purgatorio) para todos; por eso la Iglesia desde siempre reza por los difuntos. Si el Reino de Dios es amor (en los evangelios se habla de un banquete fraternal), los que se rehúsan a amar a Dios y a los demás, optan ellos mismos por lo que se llama “infierno” que tampoco es un lugar. La palabra viene del latín e indica oscuridad, dolor, soledad absoluta. El infierno, que como el paraíso ya empieza en esta tierra para los que son animados por la violencia, el odio, la mentira, no es ni un lugar ni es obra o castigo de Dios sino consecuencia del propio actuar humano. Sin embargo el cristiano espera en la misericordia de Dios para con todos, ya que Él quiere la salvación de todos.

                                                                         P.C.

(tema central): LOS CAMBIOS EN LA IGLESIA

Hablar de “reforma” en la Iglesia no significa “cambiar” la Iglesia, sino volver a evangelizar y enfrentar la realidad de hoy con el mismo espíritu de la primera Iglesia. Ni la palabra “aggiornamento” (en italiano= puesta al día) que usó el papa Juan XXIII para el Concilio significa suavizar o traicionar los principios de la doctrina o de la moral; es servir a Dios y al Evangelio en las nuevas circunstancias. El Papa no puede modificar lo que pertenece a la fe revelada, pero sí todo lo que no tenga que ver con dogmas o verdades de fe, para que la Iglesia no aparezca hoy como trasnochada. La Iglesia es un cuerpo vivo que ha de adaptarse a todos los climas y circunstancias. Sin embargo muchos quedan descolocados hoy frente a los cambios que se están produciendo en la Iglesia y quisieran seguir con lo que han enseñado los Papas en el pasado. ¿Es que los Papas son infalibles?

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(entrevista) González Faus: hoy ‘mercado’ significa ‘engaño’

tomada de vidanuevadigital.com

El teólogo jesuita denuncia que la “democracia” ya ha dejado de ser el “poder del pueblo”. También que, dentro de la Iglesia, la “comunión” no pocas veces se ha usado en el sentido de “sumisión”. Y es que, con frecuencia, los egoísmos humanos han secuestrado algunos de estos conceptos para ponerlos al servicio de sus propios intereses. Por eso, y porque “la injusticia no va a tener la última palabra en esta historia”, el jesuita José Ignacio González Faus (Valencia, 1933) ha querido, en su último libro, “Reconstruir las grandes palabras”, rescatarlas por un momento de tanta falsificación o banalización para que recuperen su esplendor original.

 

¿Por dónde pasa la “reconstrucción” de esas grandes palabras que reivindica en su libro?

La reconstrucción pasa por devolver a las grandes palabras su verdadero significado, en vez de usarlas para disfrazar actuaciones que en realidad las contradicen o las banalizan. Estuve dudando si titular el libro Reconstruir o Rescatar las grandes palabras: porque también da la impresión de que esas grandes palabras están “cautivas” de los egoísmos humanos, egoísmos de grupo y de la cultura ambiental, sobre todo.

¿Qué papel puede y debe jugar el ciudadano de a pie si la clase política prostituye a diario el verdadero sentido de términos como libertad, democracia o diálogo?

Cuando me preguntan qué hay que hacer, suelo responder que yo no soy Juan Bautista, que –según cuenta Lucas– tenía una respuesta muy directa para todos los que le preguntaban eso. Pero añado que cuando uno lleva dentro una pasión (en este caso, la pasión de rescatar esas realidades que designan nuestras grandes palabras), siempre acaba encontrando caminos, solo o en grupo. Sí creo que la ciudadanía debería hacer mucho más en este campo. Quizá lo primero sería liberarse de ese “pan y circo” tan antiguo, que ha sido siempre la manera de anestesiar a las masas. Y que hoy sería, por ejemplo, “consumo y fútbol”.

Un mal signo de los tiempos

Los discursos que hoy más deslumbran suelen estar plagados de palabras huecas. ¿Un signo de los tiempos?, ¿solo una impresión?…

Creo que sí es un signo de los tiempos; un mal signo, que debe ser interpretado negativamente. Basta ver la bajeza de nuestras campañas electorales, que yo suprimiría muy a gusto y en las que tanto se gasta: todas esas fotos falsas de candidatos, bien retocadas y sonrientes, son como otras grandes palabras destrozadas. Pero eso tiene una constante complicidad en nosotros, que siempre tenemos necesidad de aclamar masivamente algo o gritar contra algo. Me atrevo a añadir que el famoso grito totus tuus era una de esas falsas aclamaciones que en realidad buscaban conseguir otra cosa.

¿Necesita también la Iglesia devolver brillo y valor a palabras de las que ha abusado hasta la saciedad? ¿Se le ocurre alguna que reclame una “reconstrucción” urgente?

Por supuesto que lo necesita. Para empezar, la palabra más grande y más malbaratada de la historia por propios y extraños: la palabra Dios. El estudio de los evangelios enseña que aquello que ponía a Jesús más “fuera de sí” era la utilización del nombre de Dios en provecho propio y no como Amor incondicional y gratuito.

Otro solo ejemplo: la palabra comunión –que es una de las más sagradas del cristianismo– se ha usado muchas veces en el sentido de “sumisión”, que no es lo mismo. Porque la sumisión es algo mucho más fácil; mientras que la comunión, que exige siempre participación, requiere mucho más esfuerzo y mucha más paciencia.

Creo que también la palabra sacerdote: porque, según el Nuevo Testamento, sacerdote no hay más que uno, que es Jesucristo, único mediador (1 Tim 2, 5). El ministerio eclesial como tarea de construir comunidad es importantísimo y grandioso, pero no debería designarse como sacerdocio: otra vez según el Nuevo Testamento, es el pueblo el que es sacerdotal. Al ministerio eclesial se le dan allí otros muchos nombres (presbíteros, servidores, trabajadores por vosotros…), pero nunca el de sacerdotes, porque contribuye a crear “casta”.

Democracia y mercado

¿Qué palabra hemos pervertido o vaciado tanto su significado que se antoja casi imposible recuperarla para un uso correcto?

Pensemos en dos. La palabra democracia, que ya ha dejado de ser poder del pueblo. En el siglo XIX (y hoy a niveles mundiales), los opresores eran una minoría y se podía gritar aquello de Marx: “Proletarios del mundo entero uníos”, o lo de “el pueblo unido jamás será vencido”. Hoy los que están mal –y, a veces, muy mal–, en nuestro Occidente que llamamos desarrollado, no llegan al 50% y, por eso, serán siempre vencidos por otra mayoría que a veces es mínima o ni siquiera es mayoría de votos, sino solo de escaños, por todo eso de la Ley D’Hont.

También la palabra mercado, que antaño equivalía a diálogo, cuando implicaba el contacto directo entre vendedor y comprador: en ese sentido pudo decir Adam Smith que buscando cada cual su interés acaba saliendo lo mejor para los dos. La “mano invisible del mercado” era, en realidad, el rostro visible de los interlocutores. Pero hoy lo de mercado significa propiamente engaño: porque no hay contacto directo, sino relaciones anónimas; y aunque tenga un interlocutor –que muchas veces ya no lo tengo–, no es él el verdadero vendedor, sino un peón o agente de quien me vende y que puede estar a mil kilómetros de distancia y con quien no puedo dialogar nada. Pero a ese engaño le seguimos llamando mercado y lo revestimos de todos los himnos que se entonan al mercado.

El resultado de ambas cosas puede que sea esa confesión, tan lúcida como impúdica, del multimillonario gringo Warren Buffet, en el año 2005: “Por supuesto, la lucha de clases existe, pero es mi clase la que está ganándola”. En cambio, si alguien de la clase oprimida habla de lucha de clases, se le desautoriza enseguida con el sambenito de comunista o de incitar a la violencia…

¿Qué le gustaría que encontraran los lectores en estas páginas?

Una cierta actitud crítica ante todo lo que se oye, sobre todo en política y economía, aunque venga de gente de la propia cuerda. Un aprecio y entusiasmo por el valor y la calidad de lo que designan esas palabras falsificadas. Y un propósito de cultivar la autenticidad en todos nosotros (yo el primero), en este mundo tan lleno de mentira.

Pero, sobre todo, que, por pesimista que les parezca la situación (o quizá mi libro), no pierdan nunca la esperanza. Me gusta decir que el cristiano es un pesimista esperanzado. Y si el neoliberalismo nos ha metido en una noche bien oscura de hambre, de vidas perdidas y de lágrimas bien amargas, hay también asombrosas estrellas de bondad y solidaridad y sacrificio por los demás en esta hora nuestra, que son como un sacramento de que la injusticia no va a tener la última palabra en esta historia.

 

(testimonio) Dr. Héctor Lescano

El particular momento histórico que viven Uruguay y la región ha llevado a Umbrales a poner el acento de su último Editorial en el tema de la ética y la política. Probablemente estemos presenciando una etapa de profundos cambios en la concepción de la política a raíz de los hechos de público conocimiento. Como pocas veces en tan poco tiempo, importantes líderes políticos son obligados a renunciar o han sido procesados a raíz de diferentes actos o circunstancias de corrupción o manejo inescrupuloso de dineros públicos. En este contexto, le hemos solicitado a un importante político católico nos acerque sus reflexiones personales. Agradecemos en tal sentido al Dr. Héctor Lescano, ex parlamentario y ministro, actual Embajador de Uruguay en Argentina, por las siguientes líneas en las que nos expresa la necesidad de seguir apostando por una política basada en valores.

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(cultura) Julia Esquivel: Una mística con los pies en la tierra

Continuando con la selección de escritoras latinoamericanas en diálogo con Dios, presentamos en esta ocasión a la guatemalteca Julia Esquivel (1930), poeta, líder religiosa, activista por los derechos humanos y educadora de larguísima trayectoria en intervención en proyectos sociales y culturales para atender a los más olvidados y desfavorecidos. En su poética aparece el Dios de la libertad y de la verdad, el Dios del refugio y de la recuperación frente a la tragedia de un pueblo violentado. Julia Esquivel fue testigo del sollozo y de la plegaria de un pueblo históricamente masacrado, y es ejemplo de una fidelidad y de una ética sin concesiones. Por tanto, su arte poética traduce e interpreta un sentido que se vuelve necesario y extensivo a todas las naciones latinoamericanas que han sufrido la ignominia del terrorismo de Estado.

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(editorial) ÉTICA y POLÍTICA deben ir de la mano

El escándalo de corrupción vinculado al caso Odebrecht sacude a buena parte de la región. La empresa brasilera, hasta hoy la más grande del continente en el rubro de la construcción, no escatimó recursos para sobornar a políticos de diferentes tendencias ideológicas. El pasado 22 de marzo renunció en medio de los escándalos el presidente de Perú, Pedro Pablo Kuczynski. El 4 de Abril, por su lado, el Tribunal Superior de Brasil le negó el Habeas Corpus al acusado y carismático Lula Da Silva, en el marco de un país dividido y sacudido por escándalos que han involucrado a muchos “pesos pesados”, entre los cuáles al actual presidente Michel Temer.

Justamente en Perú y ante el mismísimo Kuczynski, el papa Francisco en el mes de Enero se refirió a la crisis de la política en el continente. Fue enfático al señalar que “la política en América Latina está más enferma que sana” denunciando los casos de coimas y de la corrupción.

Uruguay, mientras tanto, no aparece en la lista de los 12 países afectados por esta maraña. Aún así, el hermano del ex presidente Sanguinetti (“Betingo”) formó parte de la trama a través de su participación en la Banca Privada de Andorra, país en el que actualmente se encuentra en libertad provisional.

Por contrapartida, nuestro país se ha visto sacudido en los últimos meses por otros escándalos, caso del uso indebido de las tarjetas corporativas o de la contratación de familiares de jerarcas en diferentes empresas públicas, ministerios e intendencias. Por el primer caso, el Vicepresidente Raúl Sendic fue conminado a renunciar por parte de su fuerza política. Es de conocimiento público que muchos otros políticos, de los diferentes partidos con responsabilidades de gobierno y desde hace muchos años, cometieron las mismas actitudes inmorales. Los casos de nepotismo también afectan a todos los partidos políticos y han obligado a la Junta de Transparencia a recordar las actuales normas que impiden contratar familiares a quienes desempeñan cargos de alta responsabilidad política.

Todos estos asuntos son muy preocupantes para la salud democrática de nuestros pueblos. Como hemos señalado antes, la corrupción y otros actos inmorales forman parte de todo el sistema político y no solo de algún partido u orientación en concreto. Eso significa que aquí no hay partidos o ideologías ganadoras y perdedoras. Todos pierden. Y especialmente pierde la legitimidad de la noble tarea política entre la masa de ciudadanos, lo que puede llegar a poner en jaque al mismísimo sistema democrático.

Es cierto que ni todos los políticos son corruptos, ni todos han caído en las tentaciones del poder. Aún así, más allá que tenemos muchos testimonios de abnegación, de desprendimiento o incluso de vida sencilla entre los políticos, cada vez menos gente confía en ellos. En conclusión, si no hacemos frente a estos dramas con fuerza y determinación, ganará terreno el irracional grito del “que se vayan todos”.

Hoy más que nunca debemos recordar que la tarea política es de fundamental importancia para la consecución del Bien Común. El acceso al poder – si tal cosa existiera- debería estar motivado para llevar adelante un programa que redunde en beneficios de la comunidad y no para sacar el máximo provecho individual. Para los cristianos en concreto, la política es una de las formas más elevadas de poner en práctica la caridad en los asuntos públicos. Un patrimonio doctrinario que debemos reconocer forma parte de todos los humanismos. Debemos relanzar esta dimensión de la sana política para hacer frente a quienes piensan que “la política es para los vivos”, “la política lo ensucia todo”, o “ética y política son incompatibles”.

Para eso necesitamos nuevos testimonios capaces de entender a la tarea política como verdaderamente “ministerial”, es decir, “servicial”. Asumiendo responsabilidades políticas sin privilegios. Apostando más al diálogo que al permanente choque. Fomentando valores como la transparencia y la vida sencilla. Teniendo como opción preferencial a los más pobres. Nuestra calidad de vida democrática depende de ello.