Oeconomicae et pecuniariae quaestiones

O cómo la economía debe responder al campo de la ética

 

Pablo Guerra

 

Presentación del documento, en la santa Sede

De la mano del Dicasterio para el Servicio del Desarrollo Humano Integral y de la Congregación para la Doctrina de la Fe así como con la aprobación de Francisco, la Santa Sede divulgó recientemente un notable documento que podemos catalogar como algo más que un resumen de la doctrina católica sobre el mercado de finanzas. Es sobre todas las cosas, una bocanada de aire fresco y esperanzador sobre una de las dimensiones económicas más controvertidas del mundo contemporáneo.

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Humanizarnos… Un lento proceso…

Rosa Ramos

“Dicen que Magdalena nunca sonríe

dicen que Magdalena siempre esta triste…

La vida de Magdalena es una condena…”

Pablo Estramín

Mis lectores suelen encontrarse en este espacio con una mirada muy optimista, quizá demasiado para los tiempos que corren; algunos dirán: “esta mujer parece que vive en La isla de la fantasía”. Pues no. Vivo en la realidad, a veces muy dura e interpelante, como todos, en esta humanidad en construcción, que a veces parece desmoronarse o retroceder.
Humanizarnos es nuestra vocación y desafío, humanizarnos mutuamente en la historia, encarnándonos más y más en ella, ésa es nuestra gran tarea, pero es un lento y doloroso proceso milenario.

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(opinión): el caso Alfie

Vigilia de oración por Alfie

Alfie Evans era la primera criatura de un matrimonio joven inglés, Thomas de 21 años y Kate de 20. Ambos son católicos y pelearon una gran batalla para salvar la vida de su hijo nacido con una enfermedad neurodegenerativa terminal. Alfie ya había pasado 16 de sus 21 meses de vida en un hospital pediátrico de Liverpool en estado semivegetativo, asistido con mucho amor por sus padres. Había sido hospitalizado en diciembre de 2016 hasta que el 20 febrero pasado sucedió lo imprevisto. Sin la aprobación de los padres los médicos decidieron que había que retirar el respirador, ya que no había más nada que hacer, la muerte era inevitable y el 70% de la materia gris de su cerebro estaba dañada. Hubiera sido una vida “inútil y futil”.

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(opinión): Documento de la CEU y la polémica desatada

“Construyamos puentes de fraternidad en una sociedad fragmentada”
Comentarios sobre la polémica desatada por el Documento de la CEU

Pablo Guerra

El pasado 18 de Abril, la Conferencia Episcopal del Uruguay (CEU) presentó el Documento “Construyamos puentes de fraternidad en una sociedad fragmentada”, producto de la Primera Asamblea Plenaria celebrada en Florida días antes. Las repercusiones en el ámbito  político fueron inmediatas, sobresaliendo la respuesta dada en carácter personal y en su condición de católico por parte del prosecretario de Presidencia Juan Andrés Roballo.

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(opinión) Los crucificados de hoy y el Crucificado de ayer

Leonardo Boff

Hoy la mayoría de la humanidad vive crucificada por la miseria, por el hambre, por la escasez de agua y por el desempleo. También está crucificada la naturaleza devastada por la codicia industrialista que se niega a aceptar límites. Crucificada está la Madre Tierra, agotada hasta el punto de haber perdido su equilibrio interno, que se hace evidente por el calentamiento global.

El mirar religioso y cristiano ve a Cristo mismo presente en todos estos crucificados. Por haber asumido totalmente nuestra realidad humana y cósmica, él sufre con todos los que sufren. La selva que es derribada por la motosierra son golpes en su cuerpo. En nuestros ecosistemas diezmados y las aguas contaminadas, él continúa sangrando. La encarnación del Hijo de Dios estableció una misteriosa solidaridad de vida y de destino con todo lo que él asumió, con toda nuestra humanidad y todo lo que ella supone de sombras y de luces.

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PERSPECTIVA DE GÉNERO

(NdR): Desde hace ya varios años, portavoces del movimiento feminista vienen preconizando una igualdad de género, o sea igualdad de derechos para los hombres y mujeres en la sociedad. Pero junto a esta reivindicación -de por sí muy legítima- hay otras que se han juzgado contrarias a los valores y el estilo de vida familiar y social de los cristianos. Por otra parte, ha habido duras críticas a la llamada “ideología de género”, desde los más diversos ámbitos. Por eso Umbrales presenta una opinión distinta sobre el tema. Una opinión de una cristiana formada en filosofía y teología, que es toda una autoridad y referente para muchos de nosotros: Rosa Ramos.

Por qué no “ideología” y sí perspectiva

Agradezco en primer lugar la propuesta del Pbro. Eduardo Ojeda al invitarme a escribir para Umbrales sobre un tema candente. Acepto con temor y temblor, pero también con la parresía de mujer cristiana a la que invita San Pablo. Mi interés -diría mi vocación- por descubrir el paso de Dios en la historia, así como las oportunidades de aprendizaje y diálogo abierto(1), me han permitido ir construyendo una “mirada teológica” que comparto cuando me lo piden.

El tema candente suele aparecer bajo la expresión “ideología de género”. Yo voy a plantear una “perspectiva” de género. No quiero aburrir a los lectores y no me parece adecuado para la revista hacer un planteo filosófico sobre teorías del conocimiento, pero mínimamente debo señalar desde dónde escribo.

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(opinión): LA MISA NO SE COMPRA NI SE VENDE

“El Papa Francisco acaba de advertir a “fieles y sacerdotes” con toda claridad y franqueza que “la misa no se paga”. Lamentablemente las misas se han pagado, se pagan y se seguirán pagando y cobrando, aunque lo vuelva a repetir el Papa. De ellas viven no pocos curas. Las tasas diocesanas en algunos casos hallan refugio en lo correspondientes Boletines Oficiales, renovables temporalmente en conformidad con los índices del costo de la vida. El término canónico que suele emplearse en las tasas de las misas y otros ejercicios ministeriales o pastorales es nada menos que el de “estipendio”, definido en el diccionario como “la cantidad de dinero que se paga a una persona por el trabajo  realizado o por los servicios prestados”. De retribución muy particular son merecedoras las misas funeral, y más si estas son “gregorianas” con la obligación de celebrarlas durante 30 días seguidos y la seguridad de que ellas redimen las penas del purgatorio. Realmente la misa requiere una catequesis primaria y urgente. El estipendio enmascarado o disimulado con la piadosa fórmula “es a voluntad”, no es decente. También porque consta que la buena voluntad de los fieles es siempre más generosa que lo establecido en las tasas oficiales. Con una buena catequesis se dejaría terminantemente claro que una cosa es “pagar” la misa y otra distinta es aprovechar la ocasión para entregar una colaboración económica para el mantenimiento del culto y del clero. El dinero no tiene que sonar alrededor del altar y menos de la Eucaristía. De las misas no se debe vivir; hace falta un replanteo pastoral sobre este tema. Con fórmulas arancelarias o no, las misas se siguen cobrando. Aseverar que las misas y sus “intenciones” no se cobran hoy, no responde a la realidad. No solo se trata de la misas sino de los bautizos, las primeras comuniones, los matrimonios, los funerales… También de la administración de los sacramentos habría que desterrar cualquier rumor o resonancia de dinero. Esto no significa que de otra manera los fieles no tengan que aportar para sus curas y su parroquia, pero sin contraprestaciones a nivel sacramental”.

                                           ANTONIO ARADILLAS

(opinión) Una vida que tiene derechos y nuestra misma dignidad

 

Víctor Manuel Fernández*

No quiero hablar sobre este tema desde la religión, sino desde la razón y los sentimientos. Además pido disculpas al hacerlo, porque este asunto conlleva muchos sufrimientos, y soy consciente de mis propios errores e incoherencias.

A veces quisiéramos eliminar a todos los que tienen mal carácter, porque pensamos que estaríamos más tranquilos, sufriríamos menos. Pero no podemos.

Algunos no tienen las mismas ideas que nosotros. Desearíamos borrarlos de la existencia para que dejen de difundir ideologías desagradables. Pero reconocemos que no podemos.

En ciertos períodos de nuestra historia se intentó trasladar a todos los pobres lejos de la ciudad de Buenos Aires, para que pareciera que no existían, y a algunos de ellos se les quitó la vida. Otros desearían destruir a los ancianos, a los inmigrantes, a los de piel oscura. Pero hasta allí no pueden llegar.

El niño que fue gestado como resultado de una violación está molestando. Es el testigo mudo que recuerda un hecho doloroso. Surge el deseo de eliminarlo, como si de ese modo se borrara lo que pasó. Esa vida aparece en un momento inoportuno, perturba, complica la existencia. Es comprensible que brote el deseo de destruirlo. Pero simplemente no podemos. Es un ser humano, biológicamente distinto del óvulo, diferente a la vida de su madre y con el mismo código genético que tendrá cuando sea un adulto.

No lo dice la religión, lo enseña la ciencia. No es un pedazo de la mujer ni un grano. Aunque no lo veamos, aunque sea pequeño, es un ser humano. Claro que ese embrión todavía tiene que desarrollar esas características que ya posee, pero realmente las tiene en su realidad biológica y en su composición genética.

Del mismo modo, nadie deja de ser humano si un golpe o una enfermedad le impiden ejercer sus capacidades mentales y expresarse. Su valor va más allá de lo que pueda hacer. Se trata de algo que está detrás de eso: su ser, inalienable e inviolable.

Si afirmáramos que un ser humano no se puede matar cuando tiene más de tres meses, pero sí cuando tiene unas horas menos, ¿qué racionalidad hay allí? Entonces siempre habrá algún argumento para borrar una vida humana: porque tiene alguna discapacidad, porque es demente, porque es anciano, porque es deforme, porque no sirve al sistema? ¿Por qué no? No nos quedarían razones de fondo para defender una vida humana, más allá de las conveniencias pragmáticas. Los derechos humanos quedarían colgando de un hilo, sin fundamentos que no estén sujetos a discusión.

¿Y si lo que la embarazada lleva en su seno es otra mujer? Puede producirse esta paradoja: facilitar el aborto sería permitir que una mujer, con el pretexto de que ella no es una propiedad, pueda tratar a su hija en gestación como una propiedad desechable. En este caso, la embarazada o quien la induce a abortar es quien tiene el poder, y la niña en gestación es la más débil.

Si una mujer mata al niño en un momento de desesperación, ¿quién podría ensañarse con ella? ¿Quién tendría la terrible vanidad de arrojar la primera piedra? Pero una cosa es comprender la angustia que puede vivir una mujer ante un embarazo no deseado y buscar los caminos para darle una mano. Otra cosa es que la sociedad decida crear un instrumento legal para facilitar una decisión que afecta a un ser humano, a ese pequeño ser humano que posee nuestra misma dignidad y no tiene modo de defenderse.

Nosotros construimos un mundo distinto con las opciones que vamos tomando, con el tipo de sociedad que vamos eligiendo, con los ideales que expresamos a través de nuestras leyes. En torno a los niños es posible actuar en una línea positiva. Sus madres necesitarían una contención no solo económica sino psicológica, sobre todo cuando esos chicos no han sido deseados.

También hay tanto por hacer para facilitar y acompañar la adopción de esos niños. Hay muchas acciones posibles, la única respuesta no puede ser la muerte. Tanto la sociedad como la Iglesia hemos hecho poco al respecto.

Sin embargo, la salida más rápida y económica de un legislador, solución mezquina y cómoda, es proponer leyes que permitan eliminar los niños en gestación como si nada pasara. Podrán hacerlo, pretendiendo resolver un mal con otro mal más terrible, pero con eso no nos darán un mundo mejor. Estarán utilizando su poder para tomar decisiones respecto de los más frágiles de nuestra sociedad. Se atribuirán el derecho escalofriante de facilitarnos decidir si vale la pena una vida humana o no, si algunos merecen vivir o no.

Menos mal que no tuvieron ese fin Einstein, Marie Curie, Gandhi, Leonardo da Vinci, Frida Kahlo, Edith Piaf o Mandela. Menos mal que nadie decidió por ellos si debían vivir o no. Pero como todo ser humano tiene una dignidad inalienable, lo mismo vale para el más limitado de los discapacitados. ¿Quién puede juzgar acerca del misterio de su vida hasta el punto de quitarle la posibilidad de pasar por esta tierra?

*Rector de la Universidad Católica Argentina (UCA)

(opinión) ¿LA CUARESMA HA MUERTO?

Hace unos días veía la tele. El presentador, al introducir una noticia sobre la celebración del carnaval en diversos lugares del mundo, señalaba que tradicionalmente carnaval y cuaresma habían ido juntos. Pero acto seguido añadía algo así como que “ahora la cuaresma ha muerto, pero persiste el carnaval”. Lo decía con un tono jovial y alegre como celebrando la desaparición de ayunos, rezos y limosnas cuaresmales.
Hay que señalar que para nosotros los cristianos, la cuaresma no remite a la alegría del carnaval sino a la alegría de la Pascua. El presentador creía haber elegido la parte buena, la fiesta, el ruido con una lógica tramposa. Había elegido el ruido y no la reflexión, la máscara y no la verdad, el desparrame y la carcajada matando la vida. Estaríamos condenados como el Joker de las películas de Batman a mostrar una eterna sonrisa que terminará convirtiéndose en una pobre mueca y un lamento por toda nuestra hondura perdida. En cuaresma se oye hablar de “conversión”, término que suena extraño para algunos que viven con la obsesión de la autoestima. Es curioso porque a todos se nos ocurre pensar que algunos políticos podrían ser más honestos, algunos deportistas más humildes, algunos curas más evangélicos, algunos periodistas más veraces, algunos amigos más sinceros… En realidad convertirse es crecer como personas; es ir dejando que asome lo mucho que en cada uno de nosotros está esperando a emerger. Es dejar a Dios ser más Señor de nuestra vida.

                                  José Maria Rodriguez Olaizola

(opinión): Educación que excluye

Me preocupa la habitabilidad de las instituciones. Quisiera  que fueran lugares donde los adultos actuemos como los mejores anfitriones de los  jóvenes, porque necesitan antes que nada sentirse queridos y  valorados en lo que son, antes que podamos tener con ellos un intercambio educativo. Por supuesto que luego vendrán la exigencia y las obligaciones. Pero es preciso reconocer en el otro siempre a un sujeto de derechos. Si quiero formar un adulto capaz de discrepar, debo reconocer su  rebeldía como un gesto sano y celebrable. Si como adulto me  habilito el  derecho a discrepar, debo  entenderlo en el  adolescente. Si yo puedo opinar sobre lo que hace el alumno, el alumno, que es tan sujeto de derechos como yo, también debe poder hacerlo sobre mi.  Me preocupa muchísimo seguir comprobando que cada vez que planteamos el tema de los derechos del niño o del adolescente haya un adulto que nos diga – con mirada acusadora “Pero…  qué pasa  con las obligaciones?”

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