(editorial) ¿CRISIS  EN LA IGLESIA?

Se dice que hay crisis en la Iglesia. Con la palabra “crisis”, que no es negativa, se define etimológicamente un momento decisivo de la vida o de la historia que puede ser para mejor o para peor. Hubo tantos momentos difíciles y crisis en la historia de la Iglesia, las que en general con la ayuda de Dios la han llevado a purificarse y a corregirse. El Cristianismo no es nunca una realidad plenamente realizada. Los que llegan a hablar hasta de “decadencia” de la Iglesia, es porque tienen una idea ilusoria de un pasado, de una edad de oro de la Iglesia, que nunca existió.

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(editorial) BIBLIA Y PEQUEÑAS COMUNIDADES

Uno de los fenómenos pastorales más importantes y positivos en América Latina después del Concilio ha sido la difusión de las Comunidades Eclesiales de Base y cómo, sobre todo a través de ellas, la Biblia ha vuelto a manos del pueblo. La Iglesia Latinoamericana ha optado para que las parroquias fueran redes de pequeñas comunidades, las que llamó “de base” para que fueran realmente insertas en los medios populares y periféricos, y los pobres fueran sus protagonistas.

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(editorial) Por un mundo más justo y más solidario

Albert Parsons: “dejen que se escuche la voz del pueblo”, Chicago, 1886.

Se acerca un nuevo 1º de Mayo y el acontecimiento siempre es propicio para instalar en el debate la temática del trabajo y el empleo. Algunos comentaristas han expresado que a nivel internacional ya se han dejado atrás las repercusiones de la crisis del 2007 – 2008. Una década después de tal sacudón, sin embargo, el Informe anual sobre los salarios de la Organización Internacional del Trabajo (OIT) señala que en la mayoría de los países del mundo, los trabajadores aún no han alcanzado los valores de entonces. De hecho, en el último año el crecimiento del salario real (el precio del salario descontado la inflación) ha sido el más bajo de la última década, situándose en 1,8%.

Uruguay en medio de este panorama destaca por la evolución favorable de su salario real. En la región latinoamericana, es el segundo país que mejor ha visto evolucionar el salario de sus trabajadores en la última década, solo por detrás de Panamá. Por contrapartida, cuando el Informe analiza el grado de inequidad en la distribución de esos salarios, Uruguay sigue formando parte del grupo de países más inequitativos entre los de altos ingresos, tristemente encabezado por Chile. Los países del norte de Europa, sobre todo los escandinavos, siguen siendo los más equitativos, incluso cuando se compara por sexo.

También resulta preocupante que en los últimos cuatro años se hayan perdido cerca de 50 mil empleos. Efectivamente, los datos oficiales indican que el punto más alto en el número de personas empleadas en el mercado de trabajo fue 2014. A partir de entonces, se reduce la cantidad de personas con empleo. En 2018, por ejemplo, se perdieron unos 10.000 puestos de trabajo.

Sin bien la tasa de desempleo del país se encuentra a niveles muy por debajo de los existentes con la crisis de 2002, o claramente por debajo de los niveles exhibidos en los años 90s, lo cierto es que el actual 8,4% de desempleo está dos puntos por encima de lo que teníamos en 2011 (el mejor desempeño de las últimas décadas) lo que revela el principal problema que afecta en el día de hoy a nuestros hermanos y hermanas en lo referido a la temática laboral.

Recordemos la centralidad que el trabajo tiene en nuestras sociedades contemporáneas. A través del mismo no solo obtenemos una renta para satisfacer nuestras necesidades, sino que además construimos identidad, nos integramos socialmente y accedemos a otros beneficios como los vinculados al sistema de seguridad social.

Como nos lo recuerda la aún vigente Encíclica Laborem Exercens, escrita por Juan Pablo II en 1981, “mediante el trabajo el hombre no sólo transforma la naturaleza, adaptándola a las propias necesidades, sino que se realiza a sí mismo como hombre, es más, en cierto, sentido, se hace más hombre”.

Desde UMBRALES, como todos los años, nos unimos al coro de voces que celebran el Día Internacional de los Trabajadores/as recordando a los mártires de Chicago y reclamando por un mundo más justo y más solidario. Lo hacemos convencidos que ese trabajo que abrazó el mismísimo Jesucristo, nos hace más humanos y a la vez más cercanos a Dios.

(editorial) BIENAVENTURADOS LOS TERCOS

El 13 de marzo el papa Francisco cumplió su sexto año de pontificado. De estos seis años el último de ellos ha sido marcado por la crisis de los abusos de menores por parte de muchos líderes de la Iglesia. Estos hechos han paralizado provisoriamente una especie de primavera de la Iglesia que se venía dando con Francisco. Estos líderes que buscaban defender la reputación de la Iglesia antes que a las víctimas, terminaron por desacreditarla profundamente.

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(editorial) CARTA ABIERTA A LOS LECTORES

Cada comienzo de año trae fuerzas renovadas y nuevos desafíos para la revista Umbrales. Este año nuestro equipo no sólo ha crecido en número de integrantes, sino que también en ganas y fuerzas, para seguir el camino que estamos heredando desde la fundación de la revista. Nuevos integrantes implican nuevas ideas y nuevas miradas sobre la realidad mundial, pero siempre con un pie en esta tierra latinoamericana y en especial en este querido Uruguay. Tiempos difíciles nos interpelan y nos exigen una continua formación para poder adaptarnos a los cambios que a veces superan nuestra capacidad de comprensión. Como católicos comprometidos queremos seguir aportando a nuestros lectores una voz crítica con el mundo y autocrítica con nuestra Iglesia. El mismo papa Francisco nos invita a meternos de lleno en la realidad, a gastar nuestros pies caminando por estos pueblos, a ensuciarnos las manos para poder dar un sostén práxico a las ideas.

Desde la visión amplia, ecuménica y dialogante de Umbrales, celebramos que 2019 haya sido declarado “Año Internacional de las Lenguas Indígenas” por la ONU, que encargó a la Organización para la Educación, la Ciencia y la Cultura (Unesco) que lleve adelante un plan de actividades a lo largo de todo el año. Con ello se propone destacar la importancia de las lenguas indígenas de los pueblos originarios, que conservan una concepción del mundo muy distinta a la cultura occidental. Se busca rescatar la identidad contenida en el lenguaje, la historia, las tradiciones y la incidencia en la cultura de los pueblos que vinieron luego de ellos. Es insondable la riqueza que se sigue descubriendo en ellas, pero sin embargo muchas lenguas vienen desapareciendo a un ritmo alarmante, con la imposición de otros idiomas. La histórica visión del indio como un ignorante frente al conquistador, ha hecho que muchas veces sufran la vergüenza de su herencia y por ello debemos hacer nuestro esfuerzo para recuperar y promover las lenguas indígenas.

El 1° de febrero, en el acto inaugural del “Año Internacional de las Lenguas Indígenas” realizado en Nueva York en la Asamblea General de las Naciones Unidas, el antropólogo guaraní Elías Caurey, delegado de los Pueblos Indígenas de América Latina y el Caribe, decía: “Tiene que ser política de Estado, inversión de recursos necesarios, al igual que otros temas como el de hidrocarburo; invertir en los idiomas originarios es garantizar el verdadero desarrollo porque es el combustible de la felicidad. La realidad nos está mostrando que vivimos en una sociedad analfabeta con relación a los idiomas minorizados. Los gobernantes están en la obligación de saber hablar, al menos, una de las lenguas originarias si quieren ser gobernantes completos; y los gobernados, de comenzar a practicarla. Por ello, pido que se declare el “decenio de las lenguas indígenas” (Extracto del discurso).

Junto con todos los pueblos originarios de Latinoamérica hacemos un compromiso de colaborar en favor de promover las lenguas que formaron la tierra que hoy nosotros -muchos descendientes de extranjeros- habitamos. En especial creemos que en nuestro país hay una deuda grande con este tema. La discusión de si aún persisten descendientes de Charrúas, habitantes de esta tierra, no es un tema terminado. Son muchos los pueblos y ciudades, ríos y lagos, historias y costumbres, que llevan nombres indígenas y que mantienen vivo un lenguaje propio de los que nos precedieron. Aprovechemos este año para buscar caminos de conciliación y mayor respeto a nuestros ancestros.

 

(Discurso de Elías Caurey ante la ONU. Fuente: http://www.eldeber.com.bo/contenidos/2019/02/07/noticia_9542.html,
Audio: https://youtu.be/4ksWgQRxfIg)

(editorial) CARTA ABIERTA A LOS LECTORES

La revista “Umbrales” nació a fines de los años noventa en los “umbrales” del nuevo milenio y de la “nueva evangelización” proclamada por el papa Juan Pablo II. Quisimos mantener vivo el espíritu del Concilio y de la Iglesia Latinoamericana a los veinte años de Puebla. “Umbrales” quiso ser una revista de información sobre la Iglesia universal y en particular de América  Latina; y una revista de formación, en particular para los agentes pastorales (sobre Biblia, liturgia, ecumenismo, misión, Doctrina Social etc.). Quisimos promover una revista de Iglesia, no eclesiástica; una revista católica, no congregacional; una revista sanamente crítica, no piadosa. Advertimos la necesidad de repensar el lenguaje de la Iglesia (cf. editorial del 1º de octubre de 1990) para que fuera profesionalmente serio, pero accesible a todos. Hemos tratado de ser voz no solo de los que no tenían voz, sino también de los que podían hablar pero no lograban hacerse entender con sus prolijos documentos. El espíritu del p. León Dehon, fundador de los Dehonianos, que en tiempos del proletariado naciente se dedicó a predicar la Doctrina Social de la Iglesia, orientó la línea de la revista. En ese marco de apertura, promovimos la opción preferencial por los pobres, la lucha por la justicia y los derechos humanos, el diálogo ecuménico y la misión, el acercamiento a la religiosidad y cultura popular, la promoción de los laicos y de la mujer en la Iglesia, los derechos indígenas y de las minorías, la no violencia y la paz.
Nos duele reconocer, no solo la poca importancia que se le dio y se le da a la pastoral de la comunicación en muchos ámbitos de la Iglesia sino a los mismos temas que tratamos (y que ahora son reivindicados por el mismo papa Francisco a nivel universal). Creemos haber llenado un vacío en tiempos de reflujo. En 2016 hemos tenido que suspender la revista impresa por motivos económicos, pero la seguimos en su página web (umbrales.edu.uy), más actualizada y en continuidad permanente. Publicamos noticias, entrevistas, retratos, artículos de formación, temas de cultura, testimonios, signos de los tiempos.., con el coraje que nos da nuestra pobreza de medios y la participación valiente de un grupo de voluntarios. Nuestro desafío hoy es que esta revista fundada por sacerdotes pase a ser obra cada vez más de laicos, varones y mujeres, que puedan dar un válido aporte sobre todo a los agentes pastorales (curas, religiosos/as, ministros eclesiales, catequistas, maestros y profesores, movimientos de Iglesia, cristianos comprometidos en la sociedad…) no solo de Uruguay sino más allá, aún a través de las redes.
Las nuevas redes sociales abundan de información, de pensamientos ya pensados, pero carecen muchas veces de aportes críticos, de reflexión y profundización. Queremos ampliar el grupo de redactores y colaboradores periodistas; y además ensanchar el espacio de Diálogo Abierto para que todos los lectores opinen. Los cambios actuales en la Iglesia suponen cruzar nuevos “umbrales”, en vista de una Iglesia en salida promovida por este pontificado. Según el papa Francisco, ha empezado “una nueva etapa de la Iglesia” (Evangelii Gaudium nn.1,2,261) en el espíritu del Concilio, de la cual ya no se podrá volver atrás. Ya no se trata de “nueva evangelización”, sino de “volver al Evangelio”. El desafío es ahora una reforma profunda de la mentalidad y de las estructuras de la Iglesia para que esta vuelva a ser como Cristo: itinerante, pobre, cercana al pueblo, samaritana y anunciadora de misericordia. Al comenzar un año nuevo, apelamos a la responsabilidad de todos los laicos católicos de nuestras parroquias  para que hagan oír su voz de apoyo al Papa y a los medios que se esfuerzan por presentar en forma positiva el nuevo rostro de la Iglesia.

(editorial) Una Iglesia en salida

Muchos católicos se asombran cuando se les habla del deber de ser misioneros. Para el mes de octubre, según la costumbre, se reza por los misioneros que están trabajando duramente en África por ejemplo, pero a pocos se les ocurre pensar que África está entre nosotros. Hoy todo el mundo, toda la Iglesia está en estado de misión porque tampoco entre los bautizados se conoce a Cristo, no se sigue el Evangelio. Hoy aparentemente los grandes problemas de la Iglesia parecerían ser el desacuerdo de algunos cardenales con el Papa, si los divorciados vueltos a casar pueden comulgar, la pedofilia de algunos eclesiásticos…

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(editorial) El Pan Nuestro de cada día

A la espera de un nuevo Informe de la FAO,  el último disponible, de hace apenas un año, muestra que el hambre en el mundo se ha disparado a 815 millones de personas, la mayoría de ellos niños y niñas. Las causas de tal aumento son varias, pero sobre todo se menciona el papel de algunos conflictos armados y del cambio climático. Lo que más impacta es que se trata del primer Informe luego de aprobarse la Agenda 2030 para el Desarrollo Sostenible. Si de algo podemos estar seguros es que no hay desarrollo posible con gente hambrienta. A 70 años de la Declaración de los Derechos Humanos, y muy a pesar de los avances científicos y tecnológicos, la violación al derecho a la alimentación es una verdadera bofetada para las generaciones actuales, que aún produciendo mucho más que antes, continúan dejando fuera del banquete a los que más necesitan.

Para todas las personas, más allá de credos e ideologías, el tema de la hambruna es muy sensible. Para los cristianos, adquiere un significado especial: en aquel pasaje del Padre Nuestro –quizás el más “terrenal”-  Jesús nos invita a pedirle al Padrenuestro pan de cada día” (Mateo 6:11).  El plural es significativo: todos –y no algunos- debemos saciar nuestras necesidades más primarias. No es “dame”, sino “danos”. No es “mi pan” sino “nuestro pan”.

A partir de esa matriz comunitaria las consecuencias para el análisis son evidentes. Recurriendo a un documento de la Iglesia de hace algunos años, podemos decir que el hambre en el mundo supone un “reto para todos: la construcción de un desarrollo solidario”.

Efectivamente, “El hambre en el mundo. Un desafío para todos: el desarrollo solidario”, es un documento de mucha actualidad. Elaborado en 1996 por el Pontificio Consejo «Cor Unum » por indicación de Juan Pablo II en el marco del Jubileo del 2000, establece líneas de reflexión que tienen exacta aplicación para lo que sucede hoy en día. Por ejemplo, el llamado a abordar el campo de la economía y la política en orden a la dimensión trascendente de la persona, el reconocer que la principal fuente del hambre es la pobreza, o poner énfasis en el papel que le cabe a las políticas económicas y a las estructuras económicas injustas. En este punto, el Documento señalaba el triste papel que cumplen los reajustes estructurales, algo que en este momento está impactando seriamente a algunos países hermanos.

También dedica todo un capítulo a la economía solidaria, destacando el papel de iniciativas locales, cooperativas y comunitarias en la lucha contra la pobreza, actuando especialmente en el campo del acceso al crédito, de la seguridad alimentaria, de la producción sustentable e incluso de la reforma agraria.

En definitiva, la situación en el mundo nos obliga como cristianos a seguir orando para que todos gocemos del pan nuestro de cada día y al mismo tiempo seguir actuando para que el principio del destino universal de los bienes tenga resultados concretos entre los más necesitados.

(editorial): No podemos quedarnos al margen

A partir del 1 de setiembre, fecha en la que se estableció la Jornada Mundial de oración por el cuidado de la Creación, y hasta el 4 de octubre la Iglesia está celebrando El Tiempo de la Creación.

Desde Umbrales saludamos y adherimos a las numerosas iniciativas que en tal sentido han surgido de las diversas comunidades presentes en Uruguay y en latinoamérica. Reconocemos también los esfuerzos provenientes de tantas organizaciones -no necesariamente cristianas- que trabajan por el cuidado de nuestra Casa Común, y damos gracias por el don de la vida y por la Creación.

Recientemente, y en coincidencia con el 50vo. aniversario de Medellín, se ha realizado el III Congreso Continental de Teología, organizado por Amerindia y UCA en San Salvador. Haciendo memoria de aquel encuentro inspirador del episcopado latinoamericano de 1968 y al referirse a la relación entre Medellín y la encíclica Laudato Si’, el teólogo Leonardo Boff afirmaba que, en la Iglesia latinoamericana “Medellín fue el bautismo, Puebla fue la confirmación y Laudato Si’, si no cuidamos la Tierra, será la extremaunción”.
En este sentido, las comunidades cristianas, parroquias y comunidades educativas, debemos comprometernos en una mayor vivencia espiritual de la Casa Común, y en una educación para un desarrollo sostenible.

La teóloga brasilera Maria Clara L. Bingemer, durante el Congreso señaló que, a la luz de Medellín, “Desde este continente donde la pobreza todavía es una triste realidad, donde la injusticia y la violencia cuentan sus víctimas cada día, donde las discriminaciones de todo tipo siguen sucediendo de forma cruel, donde la Madre Tierra es maltratada y agredida poniendo en riesgo toda la Creación, no es posible vivir una mística que sea fruición impune de las delicias y maravillas de los misterios eternos”.

También en Uruguay es muy evidente la necesidad de hacer visible y discutir todo lo relacionado al medio ambiente y al uso de recursos naturales y los impactos generados. La tradición de la Doctrina Social de la Iglesia puede iluminar estas discusiones, así como facilitar posibles caminos que permitan resolver los conflictos que se vienen. No se trata de caminos técnicos o políticos, sino de contribuciones de orden cultural, ético y espiritual.

Acerca de la proyectada instalación de más plantas de producción de celulosa a orillas de los cansados ríos de la región, recordamos las palabras del querido obispo Julio Bonino: “es un tiempo donde tenemos que estar despiertos. Debemos sopesar el valor de lo que se está poniendo en juego, la sustentabilidad en el tiempo de lo que tenemos. El monocultivo, la extranjerización de la tierra y la concentración de la misma, no son una buena noticia para un pueblo…. El monocultivo nunca es una perspectiva bondadosa para un país que quiere ser natural y productor de alimentos”.

Involucrarnos en estas cuestiones es un mandato histórico, los cristianos no podemos quedarnos al margen, no podemos lavarnos las manos.

(editorial) Día Internacional de las Cooperativas y necesidad de nuevos paradigmas económicos

La Iglesia se ha pronunciado en innumerables ocasiones sobre la necesidad de cambiar los modelos económicos que generan pobreza, inequidad y desastres ambientales. La rica historia de la Doctrina Social de la Iglesia así como las infinitas propuestas transformadoras llevadas adelante por cristianos a lo largo y ancho del mundo, actuando junto a tantas personas de buena voluntad, son ejemplo en la materia.

Hoy nuestro planeta, como nos lo recuerda Francisco en Laudato Si,  se encuentra atravesando momentos críticos: los modelos de desarrollo gestados en el Siglo XX han mostrado sus límites sociales y ambientales. Las Naciones Unidas en tal sentido, ha llamado a realizar un esfuerzo para cambiar la forma en que venimos actuando en la economía, lanzando la propuesta de la Agenda 2030 sobre los Objetivos de Desarrollo Sostenible. La economía solidaria, esa que Juan Pablo II catalogó como “la gran esperanza para América Latina” puede y debe cumplir un rol protagónico, impulsando una mirada alternativa sobre la manera en que producimos y consumimos.

Por eso desde estas páginas de UMBRALES adherimos a la celebración del Día Internacional de las Cooperativas, en el entendido que los principios y valores del movimiento cooperativo, constituyen una base sólida sobre la cuál es posible gestar experiencias basadas en la participación y gestión democrática, en la ayuda mutua y en la solidaridad.

Como señaló la Declaración Final de la IV Cumbre de Cooperativas de las Américas (Montevideo, 2017) “no es posible mantener las tendencias actuales de crecimiento económico, industrialización, contaminación ambiental, producción de alimentos y agotamiento de los recursos, sin comprometer a las generaciones futuras”. Es necesario por lo tanto, apuntalar aquellas expresiones sociales y económicas que puedan revertir esas tendencias, propias de una economía que mata.

Las cooperativas, actuando en el medio urbano y rural, en la producción y en la distribución, en el campo del ahorro y de la inversión, en la satisfacción de necesidades vitales como la vivienda o el consumo, deben sumar esfuerzos junto a muchas otras prácticas, experiencias e instituciones que siguen propósitos similares dirigidos al bien común. Un fuerte sector asociativo y solidario es entonces condición necesaria para avanzar hacia los Objetivos del Desarrollo Sostenible y de esa manera torcer el rumbo de un mundo en el que va ganando la concentración económica, las injusticias y la exclusión social.

En definitiva, es necesario hoy más que nunca contar con nuevos horizontes más esperanzadores en el plano económico. Como señala Francisco en una entrevista dada a los autores del libro “Papa Francesco. Questa economia uccide” (Tornielli y Galiazzi, 2014), el capitalismo no es irreversible: “no debemos considerar estas cosas como irreversibles, no debemos resignarnos /…/ tratemos de construir una sociedad y una economía en las que el hombre y su bien, y no el dinero, sean el centro”.