BRASIL: LULA y la IGLESIA

lula saluda desde el auto descapotable, al llegar a planalto. lo acompaña Janja, primera dama.
Lula: “Gobernaré para todos, mirando hacia nuestro brillante futuro común, y no a través del espejo retrovisor de un pasado».

Para muchos era imposible que Luiz Inacio -Lula- da Silva, siendo tan solo un obrero y después de casi 600 días de cárcel por una falsa acusación de corrupción y lavado de dinero, llegara por tercera vez a la presidencia. Pese a las maniobras de Jair Bolsonaro, el ex presidente de extrema derecha, para deslegitimar la victoria de Lula y la fuerte presión de sus simpatizantes, Lula pudo asumir el cargo el primero de enero.

Al mes de las elecciones, Bolsonaro todavía no había admitido la derrota y felicitado a Lula. Hubo violentas protestas de sus seguidores que clamaban para un golpe de estado, con cortes de carreteras en todo el país. Un terrorista, del entorno de Bolsonaro, intentó hacer estallar un camión bomba en el aeropuerto de Brasilia para sembrar el caos y justificar un golpe militar. Hubo amenazas de muerte contra el obispo auxiliar de Belo Horizonte, Vicente Ferreira, y varios otros.
Se confirma así que las recientes elecciones no fueron una simple confrontación entre derecha e izquierda sino entre autoritarismo y democracia. Ya el 24 de octubre 60 obispos invitaban a votar de manera consciente y pacífica y señalaban: “La Iglesia no tiene ni tendrá  partido político pero tiene el evangelio y la doctrina social y no cabe neutralidad cuando se trata de decidir sobre dos proyectos de país, uno autoritario y otro democrático; entre uno comprometido con una economía que mata y desprecia a los pobres y otro que se preocupa por la salud, la educación y el trabajo digno para todos”.
Rechazaban a Bolsonaro por “haberle dado la espalda a la población más carente, sobre todo durante la pandemia (la “gripecita” mató a más de medio millón de brasileros)”, el uso abusivo del poder, la manipulación de la religión a su favor y por declararse  defensor de los valores cristianos ( tan solo por luchar contra el aborto ).
El apoyo de los neopentecostales (con su lema: ”Dios, patria, hogar”), del ejército y del aparato estatal además de la compra de votos y las acusaciones a Lula de comunista, le dieron a Bolsonaro buenos resultados. Pero frente al apoyo descarado a Bolsonaro de los predicadores evangélicos y a  la desinformación permanente, se levantaron  unos 500 sacerdotes católicos (los “padres da caminhada”) en favor de Lula y tuvieron un encuentro con él, acompañados por un grupo de religiosas.
En el encuentro se rindió homenaje al dehoniano p. Zeziño perseguido por las redes sociales “por el único delito de ser profeta y denunciar los males que afectan a todos”. El portavoz del grupo fue el misionero comboniano p. Dario Bossi que dijo presentar a Lula las esperanzas del Sínodo de Amazonia y del Papa, el cual tildó a Amazonia como “una región de territorios robados”.
Le plantearon el primer desafío: hacer que 33 millones de personas puedan comer todos los días, en un país que es el tercer productor de alimentos del mundo. Segundo: encontrar trabajo para diez millones de desocupados y 20 millones de trabajadores informales.
Le recordaron la consigna del papa Francisco: “Ninguna familia sin techo, ningún campesino sin tierra, ningún trabajador sin derechos”. Todos recuerdan como con el gobierno de Lula más de 30 millones de pobres ascendieron a la clase media gracias a sus políticas sociales. El tercer desafío: “salvar Amazonia que es un bien común universal y no la reserva para el extractivismo depredador”. Para eso Lula se comprometió a instituir un Ministerio de los Pueblos Originarios para frenar las minerías ilegales y las ocupaciones ilegales de tierra indígena.
También se comprometió a luchar por la unidad y la reconciliación en un país “tomado por el odio” y polarizado, debido a un clima constante de confrontación social e intolerancia presente en el país (con un presidente que alentaba a la población a adquirir armas).

A nivel de Iglesia nacional se celebró el Congreso Eucarístico número 18 en Recife con el lema ”Pan en todas las mesas” y la participación de 180 obispos y 1.200 sacerdotes. Al final se abrió al público el Memorial Dom Helder Cámara cuya causa de beatificación se celebra en Roma.
Por su parte el CIMI de la Iglesia pidió a Lula protección para los pueblos indígenas. Hay una dramática situación sanitaria entre los Yanomami, causada por cientos de invasores buscadores de oro. Los ríos y los peces están contaminados por el alto nivel de mercurio tóxico. Hay cantidad de niños muertos por malnutrición y enfermedades evitables.
En 2021 hubo 355 ataques violentos contra pueblos indígenas. El obispo Roque Paloschi, presidente del CIMI (Consejo Indigenista Misionero) ha sido también amenazado de muerte y viaja en autobús para no prestarse a posibles ataques armados.

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