CONGO: GUERRA OLVIDADA

El papa Francisco visitará la República Democrática del Congo (no confundir con el Congo Brazzaville) del 31 de enero al 3 de febrero. Después que el 30 de junio de 1960 la nueva República Democrática del Congo (llamada en un primer momento Zaire) se independizó de Bélgica y a los tres meses fue asesinado su primer presidente Patrice Lumumba, estallaron graves desórdenes y el grupo izquierdista de los Simba (=leones) se levantó en armas contra todos los blancos presentes en el país.

Hubo una explosión de violencia inaudita contra todos los religiosos/as y misioneros extranjeros. Fue asesinada la que hoy es la beata Anuarite Mengapeta, una Hermana maestra que se negó a ser violada por un coronel. También fueron masacrados 28 misioneros dehonianos en noviembre de 1964. Los Dehonianos estaban presentes en el país desde fines del siglo anterior; el primer obispo de Kisangani (antes Stanleyville), fue el Dehoniano Emile Grison. Durante la persecución de los Simba todos los misioneros permanecieron en su lugar de misión, fieles a sus comunidades cristianas; y pagaron con su sangre. Uno de ellos, el italiano padre Bernardo Longo, que por largos años había trabajado entre los pigmeos de la selva, fue asesinado a golpes de lanza y ahora está abierta su causa de beatificación.
Los desórdenes en el Congo se fueron extendiendo prácticamente hasta el día de hoy, sobre todo cuando se descubrieron en el este del país  riquísimos yacimientos de cobalto, uranio, oro, coltán, diamantes, cobre, zinc y hasta petróleo y reservas de gas.
Congo es el país más rico en recursos de toda África y al mismo tiempo uno de los más pobres a nivel poblacional. La tasa de la pobreza se mantiene por encima del 80% y la esperanza de vida no llega a los 60 años. Las causas principales son el colonialismo, la avidez de los países vecinos, las guerrillas, la corrupción y el desgobierno.
En África los países en paz son los que no tienen recursos naturales o materias primas para ofrecer. Es por eso que desde 1997 grupos armados pretenden ocupar amplios espacios en la parte oriental de la república para lograr la explotación de los minerales, realizada por empresas multinacionales. Y es por eso que siembran el terror (es el caso del M23) en las aldeas para que la gente se vaya y les dejen el lugar desocupado.
En 25 años, la guerra entre el ejército y estos grupos ha causado cientos de miles de muertos, sin contar a los desplazados. Las tropas de la ONU presentes desde hace 20 años en el país, se han convertido en parte del problema; se las acusa por un lado de ineficacia y por el otro de complicidad.
El gobierno brilla por su ausencia e incapacidad. En el Congo hay 48 millones de católicos, el 52% de la población; los obispos tienen mucha autoridad, porque siempre se han preocupado por los problemas del pueblo.

LOS OBISPOS SALEN A LA CALLE

A fines de noviembre pasado hubo una excepcional masacre y la Conferencia Episcopal convocó al pueblo a una gran manifestación pública por la paz el 4 de diciembre. Hubo varias marchas en la capital Kinshasa y en todas las ciudades del país. Según el cardenal Fridolin Ambongo la marcha, con signos religiosos y consignas por la paz, no tuvo significado político: “la gente ha manifestado  por la causa nacional, por la soberanía del país, por la dignidad de nuestro pueblo”. Según el cardenal “la república está en peligro, ante el silencio de la comunidad internacional”.
Además de la corrupción y la impunidad, los obispos hablan de “balcanización”. Consistiría en adueñarse de una gran porción del país (Ituri, Kivu del Norte y del Sur, etc.) por parte de grupos armados financiados por los países vecinos, sobre todo Ruanda. De hecho Ruanda exporta materiales que no posee en su país.
El doctor congolés Denis Mukwege, Premio Nobel de la Paz 2018 y pastor evangélico (salvó a 80 mil mujeres violadas y usadas como armas de guerra) estuvo últimamente en el Vaticano, felicitó al Papa por su próximo viaje al Congo y denunció la exportación ilegal de minerales de su país, que causó la masacre de 6 millones de personas. Habló de “una guerra olvidada por occidente” y dijo que: “desde hace 25 años no tenemos paz; si hubiera el mismo compromiso político con el Congo como hay por Ucrania, la guerra terminaría mañana”.
El papa Francisco viajará al Congo en uno de sus viajes más peligrosos. Estaba previsto que viajara también a Goma, la capital de Kivu del Norte, uno de los lugares más violentos y más golpeados por los terroristas. Desde allí, en la frontera con Ruanda, despegan cada día aviones con toneladas de coltán, oro, diamantes etc. El Papa no podrá ir porque el gobierno no se hace cargo de la seguridad suya y de la gente que acudirá para verlo y escucharlo.

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