NAVIDAD: “GLORIA a DIOS, y en la TIERRA, PAZ”

Se acerca Navidad y Juan el Bautista nos ha preparado para la llegada del Reino, que es un reino de paz y por lo tanto de justicia. Juan tiene todo el derecho de figurar en nuestros pesebres como precursor de Cristo y del Reino. Pero el Mesías no era lo que él esperaba. Hasta José y María quedaron desconcertados (Lc 2,19) frente al pesebre. Y hoy, ¿tiene sentido celebrar la Navidad? Todos festejan, comen juntos en familia, levantan el arbolito con luces de todos los colores, muchos sin saber quién es el festejado. ¿Navidad tiene un mensaje y nos compromete en algo? ¿No será algo puramente folklórico y tradicional? 

La fiesta de Navidad es preparada con mucha antelación, no tanto por los cristianos sino por los comerciantes. Comestibles, bebidas, ropa, regalos, pan dulce, turrón y hasta champagne. Con la presencia infaltable de esa disgustosa figura de papá Noel. Casi nadie sabe la historia de la Navidad. En el brindis de medianoche, en los fuegos artificiales y en los bailes, termina la fiesta.
La palabra Navidad viene de natividad; se celebra el nacimiento de Jesús, que no se dio precisamente entre botellas de sidra o de vino y cerveza. Siendo que no se sabe la fecha del nacimiento de Jesús, los Papas del siglo IV en adelante eligieron un 25 de diciembre porque en aquel día los romanos festejaban los Saturnales, una especie de carnaval en honor de Saturno en pleno solsticio de invierno en el hemisferio norte, celebrando con gran desenfreno el “sol invicto” que volvía a nacer.
Para la Iglesia, el verdadero sol naciente e invicto era Jesús y así surgió la fiesta de Navidad. Pero hoy la fiesta está más cerca de los saturnales paganos que de la pobreza del niño de Belén. Este niño recién nacido que llora en un pesebre, es Dios. Dios vino a esta tierra sin fanfarria, sin la presencia de los poderosos ni de las autoridades religiosas, tan solo rodeado de pastores que fueron sus primeros mensajeros.
A los ojos de Dios los grandes son los pequeños, los últimos son los primeros, los descartados de la sociedad son sus privilegiados. Jesús nace en la periferia. José y María no encuentran lugar en Belén y el Mesías nace como un niño insignificante en un establo abandonado. Pero sobre el portal de Belén los ángeles anuncian la paz; se da gloria a Dios cuando se trabaja por la paz. Navidad es paz en el corazón (¿Quién le tiene miedo a un niño?); es paz en la familia: no es la fiesta de la familia sino del Niño que nos une en familia: es paz en las naciones y entre las  naciones. Jesús es el rey de la paz; no dispone de ejércitos, es pobre y débil y aún hoy lo podemos encontrar donde hay debilidad y pobreza, donde hay paz.
¿De qué sirve levantar la copa y decir: ¡feliz navidad! si seguimos viviendo egoístamente, indiferentes al dolor de los demás, sin ser constructores de paz y reconciliación?.
Hoy no hay paz. Por doquiera hay violencia familiar, abusos de todo tipo, mafias, guerras. La humanidad no puede liberarse de la violencia sino a través de la no-violencia activa, que no es resignación sino lucha no violenta.
En el pasado se pensaba eliminar el mal eliminando a los malos. Más cerca de nosotros se justificó  la tortura y la desaparición de miles de personas en nombre de una supuesta “civilización occidental y cristiana”.
Ahora hay países cristianos en guerra rezando al mismo Dios para que aplaste al “enemigo”. En realidad no hay ninguna escalada militar ni guerras que sean justas porque la violencia engendra más violencia y causa una inmensa tragedia entre la población civil; solo la negociación puede parar las masacres y la destrucción. Por eso el papa Francisco ha pedido a todos para estas fiestas moderación y solidaridad para con el “pueblo mártir” de Ucrania.
Solo llegará el Reino de Dios según el profeta Isaías (2,4) cuando los países se decidan a “forjar sus espadas en arados y sus lanzas en podaderas” (hoy diríamos “a terminar con el armamentismo y eliminar los arsenales nucleares” para dar respuesta al hambre y a las injusticias en el mundo).

Nuestro Dios es un Dios que “elimina las guerras hasta el extremo del mundo, rompe los arcos, quiebra las lanzas y prende fuego a los escudos» (Sal 45,10). Gandhi, que no era cristiano, afirmó de Jesús: “Fue el más activo de los resistentes no violentos de toda la historia humana”.
Gandhi estaba escandalizado de que las naciones “cristianas” estuvieran dotadas de los ejércitos más poderosos y se bendijeran sus armas; decía: “es la negación absoluta del sermón de la montaña”.

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