Las apariciones de la Virgen María

Apariciones de María aceptadas por la Iglesia Católica

(Parte tres)

imagenes de las devociones
Devociones de la Medalla Milagrosa y Nuestra Señora de la Salette.

Estas apariciones fueron aprobadas por la Iglesia Católica en forma oficial, y la Comisión Pontificia llamada al principio “Santo Oficio” y luego del Concilio Vaticano II “Sagrada Congregación para la Doctrina de la Fe”. Continuamos explorando la historia, y por estricto orden cronológico, analizaremos las apariciones marianas aprobadas por la Iglesia.

Nuestra Señora de las Gracias
No es otra que la Medalla Milagrosa. Una medalla devocional, cuyo diseño se basa en esta aparición de María, esta imagen a su vez, es en Uruguay la más popular y difundida tanto en medalla como en escultura de yeso.  ¿Qué familia no ha llegado a tener esta imagen?

En ella, María viste una túnica blanca y un manto celeste, tiene las manos abiertas y con uno de sus pies, está pisando la cabeza de una serpiente, que tiene en su boca un fruto. Esta imagen está evidentemente basada en el anuncio del juicio de Dios contra la serpiente, que en el texto del Génesis representa la idolatría, y luego representará al mismo Satanás.

El texto dice esto:  “Pondré enemistad, entre ti, y la mujer, entre su descendencia y la tuya. Esta te aplastará la cabeza, y tu acecharás su talón”. Gén. 3,15,

Esta aparición tuvo lugar en 1830, en París, Francia, y su destinataria fue Santa Catalina Labouré.

Catalina Labouré, era compañera de la fundadora de las Hijas de la Caridad; Santa Luisa de Marillac.  Es una congregación religiosa inspirada por San Vicente de Paúl.

La aparición tuvo lugar en el interior de la Capilla de la Casa Madre de las Hijas de la Caridad, sita en la Rue du Bac, en la ciudad de París.

En esta misma capilla están expuestos los cuerpos incorruptos de Santa Catalina y Santa Luisa. (1)

 

Testimonio y sucesos
Catalina Labouré afirmó que la noche del 18 de julio de 1830, víspera de la festividad de San Vicente de Paul, se despertó tras escuchar la voz de un niño, que la llamó;  “Hermana, todo el mundo duerme. Por favor, venga  al la Capilla que la Santísima Virgen la está esperando”. Catalina siguió la voz del niño y escuchó el ruido de una tela de seda que se deslizaba por el suelo, en la parte del Templo, donde había un cuadro de San José.  De pronto vio a una mujer, que estaba sentada en un sillón que estaba emplazado al lado del lugar donde se colocaba el Evangelio, y vestida de blanco.

Catalina dudaba, pues podría tratarse de una ilusión. Pero el niño dijo: “¿Te extraña que la Señora de los Cielos esté aquí? ¿No puede ella aparecerse a una pobre criatura mortal en la forma que más le agrade?”  Catalina dijo después: “En ese momento pasé los momentos más dulces de mi vida. Pero me sería imposible decir lo que sentí”.

La Virgen dialogó con Catalina, dándole varios consejos para su vida espiritual. Luego le encomendó una misión: “Hacer lo que te indico, te costará trabajo, pero vencerás todas las dificultades, porque lo harás para la Gloria de Dios. Tu conocerás cuan bueno es Dios, pero tendrás que sufrir, hasta que se lo digas a tu Director. (2)

No te faltarán contradicciones, mas te asistirá la gracia; no temas. Háblale a tu Director con confianza, y sencillez, pero no temas. Vas a ver ciertas cosas, y se las dirás. Recibirás inspiraciones en la oración, declarando además que los tiempos son malos para Francia y para el mundo”.

El 27 de noviembre, víspera del primer domingo de Adviento, Catalina informó que la Virgen había regresado durante la meditación vespertina.

En aquella ocasión, apareció en el interior de un marco oval, de pie sobre un globo (que representa el mundo) y pisando una serpiente (apariencia ya explicada)

Portaba numerosos anillos, adornados por gemas, algunas de las cuales irradiaban rayos, que alcanzaban el globo donde la virgen estaba posada

 «Vi anillos en sus dedos, tres anillos en cada dedo, el más largo cerca de la base del dedo, el de tamaño mediano en el medio, el más pequeño en la punta. Cada anillo estaba engarzado con gemas, algunas más bonitas que otras…». Alrededor del borde del marco figuraban las palabras «Oh María, sin pecado concebida, ruega por nosotros que recurrimos a ti».  Respecto a los rayos de luz, la Virgen declaró: «Es la imagen de las gracias que reparto sobre las personas que me las piden». A medida que Catalina contemplaba la aparición, el marco parecía rotar, mostrando un círculo de doce estrellas, una gran letra M bajo una cruz y el Sagrado Corazón de  Jesús, rodeado de espinas; también está el Inmaculado Corazón de María, con espadas.

Pregunté por qué algunas gemas no emitían luz, y la Virgen respondió: “Estas gemas son las gracias que la gente olvida pedir”.

Catalina escuchó entonces a la Virgen encomendarle llevar estas imágenes a su padre confesor, informándole de que las mismas debían ser impresas en medallas y declarando lo siguiente: «Todo el que las lleve recibirá grandes gracias».  Catalina cumplió con el cometido y, tras dos años de investigación y de haber observado el comportamiento diario de la religiosa, su confesor, el padre Alabel, comunicó los hechos al arzobispo de París, Monseñor de Quelen, sin revelar la identidad de Catalina:

La Iglesia investiga
El arzobispo de Quélen decidió instituir una investigación canónica. Designó al obispo Quentin, vicario general de París, para conducirla. Las sesiones fueron abiertas en 1836… Los hallazgos de la Investigación Canónica de París vindicaron completamente a Catalina. La corte ensalzó su persona y virtud, y dio crédito incondicional a sus visiones. Se alcanzaron dos conclusiones importantes: que la Medalla era de origen sobrenatural, y que las maravillas que operaban a través de ella eran genuinas.

La solicitud fue finalmente aprobada y las medallas fueron diseñadas y elaboradas por el orfebre Adrien Vachette. En 1832, durante la epidemia de cólera que causó la muerte de 20.000 personas en París, se empezaron a distribuir las primeras medallas, a las que se atribuyeron numerosas curaciones, lo que derivó a su vez en una gran cantidad de conversiones, recibiendo el nombre de Medalla Milagrosa por parte de los ciudadanos. Para  1876, año de la muerte de Catalina, ya se habían distribuido más de un millón de medallas.

 

Simbolismos de la Medalla

 

Frente:

  • Madre: brazos abiertos, símbolo del recurso que los devotos tienen en la Virgen como imagen maternal.
  • Inmaculada: las palabras «sin pecado concebida».
  • Asunta al Cielo: la Virgen aparece de pie sobre un globo, representación de la Tierra.
  • Mediatrix: los rayos que emanan de sus manos y alcanzan la Tierra, símbolo de las «gracias» obtenidas del Corazón de Jesús.
  • Protección: la Virgen figura aplastando una serpiente, representación de  Satanás.

 

Reverso:

  • Letra M: María como Madre,
  • Cruz con barra:  El entrelazamiento de la cruz y la letra M simboliza la unión entre la Virgen y Jesús, implicando también su papel como  Mediadora.
  • Doce estrellas: Son los doce apóstoles (Este símbolo está inspirado en la visión de San Juan en el libro del Apocalipsis 12:1:
    «Y una gran señal apareció en el cielo: Una mujer vestida de sol, y la luna bajo sus pies, y sobre su cabeza una corona de doce estrellas».
  • Corazón izquierdo: Sagrado Corazón de Jesús, quien murió por los pecados de la humanidad, reflejado en la corona de espinas.
  • Corazón derecho: Inmaculado Corazón de María, quien intercede por los pecadores. La espada que lo atraviesa, símbolo del dolor de la Virgen ante el rechazo a Dios por parte de algunos de sus hijos, recuerda a su vez la profecía del anciano Simeón a María en el Evangelio de Lucas (1, 34-35)
  • Fuego de los corazones: el amor ardiente de Jesús y María por la humanidad

 

María deja un mensaje muy importante, en esta aparición a través de los símbolos de la medalla misma.

La Virgen reveló su Inmaculada Concepción, como Misterio de fe, mucho antes de que el papa Pío IX proclamara este anuncio como Dogma de fe.

El globo representa a la Tierra, y el hecho de que María esté parada en ella, quiere decir que ella es Reina del Cielo y la Tierra y protectora de la humanidad.

Ella por su fe, aplasta la cabeza de Satanás, y revela que su Hijo Jesús triunfó sobre el pecado y la muerte, aunque muy dolorosamente, y que por malos que sean los tiempos, la victoria final será de Dios.

María invita a que confiemos en ella, que es una poderosa intercesora.

 

Devoción
Varios santos la veneraron, como el Santo Cura de Ars, y la Madre Teresa de Calcuta.

Los soldados franceses durante  la Primera Guerra Mundial, la llevaban colgada al pecho, para que los protegiera. Ellos fueron los que popularizaron esta devoción, y la llamaron Medalla Milagrosa.

En América Latina es muy popular, y es una de las imágenes de María más usadas en medallas.

 

Notas:

1. La incorrupción del cuerpo mortal de un santo o santa, es una de las señales de su santidad. Por ello cuando se realiza un proceso de canonización se exhuma el cadáver del santo, y si está incorrupto eso es una señal de santidad.

Por supuesto que no es la única señal. Si el cuerpo de un santo no queda incorrupto igual puede serlo.

2. Se trata de su Director Espiritual, un sacerdote encargado de acompañar espiritualmente a las religiosas.

Nuestra Señora de la Salette. Francia
La aparición tuvo lugar en una meseta montañosa al sudeste de Francia, cerca del poblado de la Salette.
Un niño llamado Maximino Giraud, de once años, y Melanie Mathieu de quince, estaban cuidando el ganado.

Melanie era una pastora entrenada, y realizaba este trabajo desde los 9 años. Pero Maximino era un novato total.
El papá de Maximino lo había enviado para que colaborara con el granjero local, que tenía a su ayudante enfermo por esos días.

Maximino no conocía a Melanie, y fue al principio mal recibido por esta. Pero él insistió en ayudarla y acompañarla. Le prometió portarse bien y al final fue aceptado.
No sabían que serían luego grandes amigos, y que lo que iban a vivir les cambiaría su vida.

Cuando se encontraron era el día 18 de setiembre, y trabajaron juntos, almorzaron, cuidaron de los animales, y todo salió bien.
La niña era más religiosa que el muchacho, pero le enseñó a rezar el Angelus, al mediodía cuando sonaron las campanas de la Iglesia.

El niño mostró respeto y rezó junto con ella.
Estuvieron juntos hasta el atardecer, y combinaron en juntarse en el mismo lugar al día siguiente, para proseguir con la tarea.

Así en la mañana del sábado 19 de setiembre de 1846 el día estaba muy caluroso, y los dos jovencitos acordaron comer su almuerzo en un lugar sombreado. Melanie había descubierto que Maximino era muy buen niño, simple y dispuesto a hablar de lo que ella deseara. Era muy flexible y juguetón, pero sí un poco curioso. Llevaron el ganado a una pequeña quebrada y encontrando un lugar agradable decidieron tomar una siesta. Ambos durmieron profundamente. Melanie fue la primera en despertar. El ganado no estaba a su vista, entonces rápidamente llamó a Maximino. Juntos fueron en su búsqueda por los alrededores y lo encontraron pastando plácidamente.
Los dos jóvenes volvían en la búsqueda de sus utensilios donde habían llevado su almuerzo y cerca de la quebrada en donde habían hecho la siesta divisaron un globo luminoso que parecía dividirse. Melanie pregunta a Maximino si él ve lo que ella está viendo.

-¡Oh Dios mío!- exclamó Melanie dejando caer la vara que llevaba.
Vieron a una Señora que estaba sentada en una enorme piedra. Tenía el rostro entre sus manos y lloraba amargamente. Melanie y Maximino estaban atemorizados, pero la Señora, poniéndose lentamente de pie, cruzando suavemente sus brazos, les llamó hacía ella y les dijo que no tuvieran miedo. Agregó que tenía grandes e importantes nuevas que comunicarles. Sus suaves y dulces palabras hicieron que los jóvenes se acercaran apresuradamente, con mucho respeto.

La Señora era alta y de apariencia majestuosa. Tenía un vestido blanco con un delantal ceñido a la cintura, no se podría decir que era de color dorado pues estaba hecho de una tela no material, más brillante que muchos soles. Sobre sus hombros lucía un precioso chal blanco con rosas de diferentes colores en los bordes. Sus zapatos blancos tenían el mismo tipo de rosas.
De su cuello colgaba una cadena con un crucifijo. Sobre la barra del crucifijo colgaban de un lado un martillo y del otro unas tenazas. De su cabeza una corona de rosas irradiaba rayos luminosos, como una diadema. En sus preciosos ojos había lágrimas que rodaban sobre sus mejillas. Una luz más brillante que el sol pero distinta a éste le rodeaba.

Le dijo a los jovencitos que la mano de su Hijo era tan fuerte y pesada que ya no podría sostenerla, a menos que la gente hiciera penitencia y obedeciera las leyes de Dios. Si no, tendrían mucho que sufrir. «La gente no observa el Día del Señor, continúan trabajando sin parar los Domingos. Tan solo unas mujeres mayores van a Misa en el verano. Y en el invierno cuando no tienen más que hacer van a la iglesia para burlarse de la religión. El tiempo de Cuaresma es ignorado. Los hombres no pueden jurar sin tomar el Nombre de Dios en vano. La desobediencia y el pasar por alto los mandamientos de Dios son las cosas que hacen que la mano de mi Hijo sea más pesada».

Ella continuó conversando y les predijo una terrible hambruna y escasez. Dijo que la cosecha de patatas se había echado a perder por esas mismas razones el año anterior. Cuando los hombres encontraron las patatas podridas, juraron y blasfemaron contra el nombre de Dios aún más. Les dijo que ese mismo año la cosecha volvería a echarse a perder y que el maíz y el trigo se volverían polvo al golpearlos, las nueces se estropearían, las uvas se pudrirían. Después, la Señora comunica a cada joven un mensaje secreto, y les advierte que no debían contárselo a nadie, sólo el Papa, debía conocerlo y se lo entregarían cuando él se los pida.

La Señora agregó que si el pueblo se convirtiera, las piedras y las rocas se convertirían en trigo y las patatas se encontrarían sembradas en la tierra. Entonces preguntó a los jovencitos: «¿Hacéis bien vuestras oraciones, hijos míos?» Respondieron los dos:
¡Oh! no, Señora; no muy bien».

«¡Ay, hijos míos! Hay que hacerlas bien por la noche y por la mañana. Cuando no podáis hacer más, rezad un Padrenuestro y un Avemaría; y cuando tengáis tiempo y podáis, rezad más».

Con su voz maternal y solícita les termina diciendo: «Pues bien, hijos míos, decid esto a todo mi pueblo». Luego continuó andando hasta el lugar en que habían subido para ver donde estaban las vacas. Sus pies se deslizan, no tocan más que la punta de la hierba sin doblarla. Una vez en la colina, la hermosa Señora se detuvo. Melanie y Maximino corren hacia ella apresuradamente para ver a dónde se dirige. La Señora se eleva despacio, permanece unos minutos a unos metros de altura (aprox. 3-5 m.) Mira al cielo, a su derecha (¿hacia Roma?) a su izquierda (¿Francia?) a los ojos de los niños, y se confunde con el globo de luz que la envuelve. Este sube hasta desaparecer en el firmamento.

Al principio solo algunos creían lo que los jóvenes decían haber visto y oído. Los campesinos que habían contratado a los jóvenes estaban sorprendidos que, siendo estos tan ignorantes, fueran capaces de transmitir y relacionar tan complicado mensaje tanto en francés, el cual no entendían bien, como en patuá (dialecto de la zona) en el cual describían exactamente lo que decían.

A la mañana siguiente Melanie y Maximino fueron llevados a ver al párroco. Era un sacerdote de edad avanzada, muy generoso y respetado. Al interrogar a los jóvenes, escuchó todo el relato, ante el cual quedó muy sorprendido y realmente pensó que ellos decían la verdad. En la Misa del domingo siguiente habló de la visita de la Señora a los chicos, y su petición. Cuando llegó a oídos del obispo que el párroco había hablado sobre la aparición desde el púlpito, éste fue reprendido y reemplazado por otro sacerdote. Esto no es sorprendente ya que la Iglesia es muy prudente en no hacer juicios apresurados sobre apariciones.

Melanie y Maximino eran constantemente interrogados tanto por los curiosos como por los devotos. Ellos simplemente contaban la misma historia, repitiéndola una y otra vez. A los que estaban interesados en subir la montaña, les señalaban el lugar exacto donde la Señora se había aparecido. En varias ocasiones fueron amenazados de ser arrestados si no negaban lo que continuaban diciendo. Sin ningún temor y vacilación reportaban a todos los mensajes que la Señora había dado.

Surgió una fuente cerca del lugar donde la Señora se había aparecido y el agua corría colina abajo. Muchos milagros empezaron a ocurrir. Las terribles calamidades que fueron anunciadas se empezaron a cumplir. La terrible hambruna de patatas de 1846 se difundió, especialmente en Irlanda donde muchos murieron. La escasez de trigo y maíz fue tan severa que más de un millón de personas en Europa murieron de hambre. Una enfermedad afectó las uvas en toda Francia. Probablemente el castigo hubiera sido peor de no haber sido por los que acataron el mensaje de La Salette. Muchos comenzaron a ir a misa. Las tiendas fueron cerradas los domingos y la gente cesó de hacer trabajos innecesarios el día del Señor. Las malas palabras y las blasfemias fueron disminuyendo.

Aprobación eclesiástica
El Obispo de la Salette encargó a dos teólogos la investigación de la aparición y de todas las curaciones registradas. Durante cinco años se hicieron las más minuciosas investigaciones. En toda Francia, en aproximadamente ochenta diferentes lugares, los obispos encargaron canónigos que investigasen las curaciones milagrosas a través de las oraciones a Nuestra Señora de la Salette y del agua de la fuente. Cientos de milagrosos favores fueron registrados.

El Santo Padre, Pío IX, aprobó la devoción a Nuestra Señora de la Salette. Pidió a los jóvenes que le fuera enviado el relato de los secretos por escrito. Tiempo después dirá el Santo Padre: «Estos son los secretos de la Salette, si el mundo no se arrepiente, perecerá.»

Proclamación de milagros

1) Mellon Joli, Arzobispo de Sens, Obispo de Auxerre, Primado de las Galias y de Germania, declaró:
«Visto el informe de la Comisión nombrada por Nos el 24 de enero de 1848 para una investigación jurídica sobre una curación extraordinaria ocurrida en Avallon el 12 de noviembre de 1847 en la persona de Antoinette Bollenat después de una novena a la Stma. Virgen; invocada con el nombre de Ntra. Sra. De La Salette; vistos los interrogatorios a los testigos y médicos… habiendo pedido el parecer de mi Consejo, invocado el santo nombre de Dios, declaramos para la gloria de Dios, la glorificación de la Stma. Virgen y la edificación de los fieles, que dicha curación presenta todas las condiciones y caracteres de milagrosa» -4 de Marzo de 1849.

2) Luis Rossat, Obispo de Verdún dijo a su vez:
«Declaramos cierto e incontestable el hecho de la curación instantánea y mantenida desde el 1 de abril de 1849 hasta el día de hoy, en la persona de Martin, alumno de nuestro Seminario Mayor, según la relación que ordenamos hacer, muy difícil de explicar por solas las fuerzas naturales; y Nos ha sorprendido que los alumnos de nuestro Seminario unánimemente lo hayan atribuido a la intervención sobrenatural de la Stma. Virgen».

Un informe firmado por el Superior del  Seminario de Verdún, el ecónomo y tres profesores, afirma: “Manuel Martin es un joven seminarista, ya  clérigo menor, de entera confianza. Durante el curso, hasta el 1 de abril, apenas podía apoyarse en la pierna izquierda, con dolores continuos, que no le permitían seguir los actos de la comunidad. El Obispo decidió que no se le admitiera a las órdenes menores hasta que no estuviese totalmente curado. (1) El 1 de abril comenzó una novena a Ntra. Señora de La Salette, y su director espiritual a las 6 de la tarde le dio un frasco de agua de La Salette. A las siete andaba, subía y bajaba corriendo las escaleras. La curación produjo una fuerte impresión en todo el Seminario.» -1 de Agosto de 1849

 

3) Clemente, obispo de la Rochelle y de Saintes.

«…oído el testimonio de muchos personajes sobre la curación repentina de Madame Bonnet de una enfermedad incurable, como consecuencia de una novena que hizo a Ntra. Sra. De La Salette; examinado atentamente el proceso verbal pedido al Dr. M. Kemmerer, que atestiguó la imposibilidad absoluta de dicha curación con los remedios humanos; consultado nuestro Consejo e invocadas las luces del Espíritu Santo, pronunciamos que no puede ser atribuida nada más que a una intervención sobrenatural». –12 de enero de 1855

Una preciosa basílica fue construida en el lugar de la aparición, seis mil pies sobre el nivel del mar. En la actualidad junto a la basílica hay un centro de acogida a los peregrinos con alojamiento.

Una nueva congregación de sacerdotes fue fundada: «Sacerdotes misioneros de Nuestra Señora de la Salette» que tienen casas y escuelas alrededor del mundo. Para fomentar su trabajo y contribuir en la propagación de los mensajes de Nuestra Señora de penitencia, una confraternidad fue fundada, y fue elevada casi instantáneamente a Archicofradía. Una congregación de religiosas, las Hermanas de Nuestra Señora de la Salette, fue establecida para ayudar a mujeres peregrinas y a los enfermos. Muchos peregrinos llegan anualmente a la Basílica y con espíritu de penitencia suben la montaña. Muchos milagros se dan en el cuerpo y en el alma dependiendo de la devoción de los fieles y la gracia de Dios.
Al preguntarnos cual es el significado y la gracia derramada a la humanidad el 19 de septiembre, de 1846, encontramos aspectos de la Palabra de Dios que son recordados en el mensaje enviado del cielo a través de la Virgen de la Salette.

Gran significado evangélico

«Para ver y entender.»

«Por eso les hablo en parábolas, porque viendo no ven, y oyendo no oyen ni entienden»
(Mt. 13:13)

Antes de hablar, la Señora se comunica con señales. María, la madre de Jesús y madre nuestra, irradia la luz de la resurrección. El brillo de su rostro es tanto que Maximino es incapaz de mirarla permanentemente y a Melanie le deslumbra su presencia. Su vestidura, como las de Cristo en la montaña el día de la Transfiguración, de igual forma resplandece de luz. La luz procede del gran Crucifijo que tiene sobre su pecho. Apareciéndose en la Salette, María Santísima continúa llevando a cabo la misión que recibió al pie de la cruz: tomar el sufrimiento y el dolor por nosotros para darnos vida en la Fe. «No quise saber entre vosotros sino a Jesucristo, y éste crucificado». (1Cor 2:2)

El crucifijo está entre un martillo y unas tenazas, los instrumentos de la Pasión. De los hombros de la hermosa Señora cae una larga cadena, el símbolo bíblico del pecado y de las injusticias cometidas por nosotros contra nuestros hermanos. Paralelamente a las cadenas, en los bordes del chal, la hermosa Señora tiene rosas de muchos colores. Esto nos recuerda al rosario. Desde nuestras raíces humanas hasta la cruz y de la cruz a la gloria y al festín celestial. También hay rosas alrededor de su cabeza, como una diadema de luz y alrededor de sus pies. «He arraigado en un pueblo glorioso, en la porción del Señor, en su heredad. Como plantel de rosas en Jericó».
(Eclco 24: 12)

La Constitución Gaudium et Spes  del Concilio Vaticano II, nos dice «De ahí que el hombre está dividido dentro de sí mismo. Por eso toda vida humana, individual o colectiva, se nos presenta como una lucha dramática, entre el mal y el bien, entre las tinieblas y la luz. Más aún el hombre se encuentra incapacitado para resistir eficazmente por sí mismo a los ataques del mal, hasta sentirse como aherrojado con cadenas.»  Nº 13.

En la Constitución Lumen Gentium Nº 62.  Los Padres conciliares, afirman que el único mediador entre Dios y los hombres es ciertamente Jesús, pero María su Madre está asociada al misterio de la mediación de Cristo su Hijo, pues lo acompañó durante su vida y en su Pasión, y aún después de ser asunta al Cielo, no ha dejado de interceder por nosotros, con su amor de madre, que no sólo abarca a su Hijo Jesús sino a nosotros.

Esto ha sido muy claro, siempre para la Iglesia. Pues al morir, Jesús no dejó a sus parientes, la tarea de cuidar de su madre anciana, sino a alguien que no pertenecía a su familia sanguínea, sino al discípulo amado, que no era pariente suyo, pero que pertenecía a la nueva familia de Jesús que es la Iglesia. (Cfr. Juan 19,25-27 /Marcos 3, 31-35)

Por la maternal caridad de la Virgen Santísima, Ella intercede, a Ella le importa y continúa trayendo los dones de la salvación eterna a nosotros, hermanos de su Hijo, quienes aún estamos peregrinando en esta tierra, rodeados de peligros y dificultades hasta el día de entrar a la patria feliz.

El que se dirija a los niños en su idioma natal, quiere decir, que ella siempre habla el idioma de su pueblo. La Virgen Santísima es una «hija de Israel» que vivió en una cultura específica. Sin embargo, cuando se aparece ella siempre se comunica según la cultura de sus hijos. Hay una gran consonancia entre su preocupación y el lenguaje del pueblo. Esto es una constante en todas sus apariciones.

En la Biblia, la Palabra de Dios se manifiesta de una forma concreta en la historia del pueblo de Dios. María como hija de Israel nos enseña a descubrir a través de los eventos y situaciones de la vida, la presencia discreta de Dios quién «hace maravillas» y quien «recuerda su amor a su pueblo».

Ella nos llama a la conversión urgentemente. Por su inmenso amor, se preocupa por nuestra indiferencia religiosa y por nuestros pecados, pero también por nuestros problemas y esperanzas.

La Virgen se sitúa en la tradición de los profetas. Un profeta es aquel a quien Dios le confía la misión de hablar en su Nombre al pueblo, para revelar a este pueblo en los eventos pasajeros de este mundo la llamada a un mayor amor. En la Salette, la Virgen toma en cuenta la actual situación de las cosechas: el trigo, las patatas, las uvas y las nueces. Ella empieza con la predicción pesimista de los granjeros: hambruna y muerte infantil si el trigo continúa así. Dice que nosotros no prestamos atención y luego lanza el reto a cada alma, «Así se convierten» Nos recuerda la llamada de Aquel que es la Palabra: “El reino de Dios está cerca; conviértanse y crean en la Buena Nueva” (Mc1:15), y otra vez dice: “No se preocupen, busquen primero el Reino de Dios y su justicia.(Mt. 6:33) En realidad es una llamada del Evangelio que quizá hemos olvidado y la Virgen Santísima nos la recuerda. Analizando su discurso nos damos cuenta de las grandes verdades encontradas en los Evangelios.

Todo se conjuga en Cristo: Cristo crucificado y resucitado. El papel de María Santísima respecto a todo creyente es unirnos a Jesús, en nuestras luchas, batallas y sacrificios tenemos la oportunidad diaria de ser transfigurados en Cristo.


¿El mensaje es amenazante?
Puede parecer si leemos el mensaje en forma superficial, que Dios amenaza con castigos terribles. Pero en realidad, el juicio de Dios no se manifiesta de esa forma, ni con amenazas.

María transmite un mensaje de un Dios que se compadece de sus Hijos, y que ve preocupado como estos le olvidan y no le tienen en cuenta. Debemos tener en cuenta la época en la cual se recibe el mensaje.

Se estaba viviendo en el mundo occidental, un avance muy grande del secularismo, que intentaba como ideología, defendida y adoptada por muchos gobiernos, una separación de la Iglesia y el Estado que no estaba inspirada por un espíritu de sana laicidad. Por el contrario había un feroz secularismo, que intentaba erradicar del horizonte cultural de los pueblos toda manifestación pública religiosa, que para esta ideología, no era más que superstición.

Así el mensaje habla claramente del desprecio del nombre de Dios, de la eliminación en la práctica del domingo como día sagrado y consagrado al Señor, así como de la práctica de la misa dominical.  Esta ideología secularista se manifestó en Uruguay a fines del siglo XIX y comienzos del siglo XX con el batllismo naciente.

Dios advierte al hombre, que si olvida sus raíces e identidad como Hijo de Dios, muchas cosas malas vendrán, de las cuales las malas cosechas son sólo un signo.

No es que Dios castigue con desgracias, sino que advierte a un hombre que él ha creado libre de que muchos males ocurrirán si este abandona a Dios, y no hace el intento de convertirse y cambiar de vida.

La Virgen Santísima, modelándose en Jesús resucitado, viene como mensajera de paz, esa paz que es fruto del Evangelio vivido. La Virgen viene a implorarnos que retornemos a Jesús. Nos pide también que, en unión con ella, seamos mensajeros. La Buena nueva necesita ser proclamada, oída y difundida.

La Virgen dijo: «Si mi pueblo no quiere someterse…» En estos tiempos modernos es difícil oír palabras de advertencia. Pero la Virgen no viene a quitarnos la libertad ni para amenazar, sino para invitarnos a vivir en el reinado y liderazgo de Cristo, en comunión con su voluntad. Esta sumisión la cual es comunión con Dios es la que María, la humilde esclava del Señor, vivió desde la Anunciación hasta la Crucifixión y Pentecostés. Y es por eso que todas las generaciones la llamarán bendita. (Luc1:48)

Nunca podremos recompensar el dolor que la Virgen ha sufrido por nosotros, pero ello es razón para responder lo más generosamente posible. «Por lo tanto, ofrezcan todos los fieles súplicas insistentes a la Madre de Dios y Madre de los hombres, para que Ella, que estuvo presente a las primeras oraciones de la Iglesia, ensalzada ahora en el cielo sobre todos los bienaventurados y los ángeles, en la comunión de todos los santos, interceda también ante su Hijo».(Conc Vat II, Lumen Gentium, Nº 69)

Nuestra Señora específica dos rechazos del pueblo: «Las dos cosas que hacen la mano de mi Hijo tan pesada» son:

El irrespeto del Día del Señor. Esto nos lleva a recordar los dos primeros Libros de la Biblia, el Génesis y el Éxodo, y a recordar que desde el principio los cristianos celebran el domingo como día de la Resurrección. ¿Cómo damos honor al Día que el Señor se ha reservado para Él mismo? ¿Es realmente día de reposo, día de asistir a la Santa Misa?

El irrespeto al Nombre de mi Hijo. Los que utilizan el Nombre de Cristo por la menor adversidad e imponen a Dios la responsabilidad de éstas, olvidándose así de las propias. Cuando nos vemos asediados con toda clase de pruebas, egoístamente nos cerramos en nosotros mismos sin esperanza. La Virgen viene a recordarnos nuevamente «Santo es su Nombre, porque no hay bajo el cielo otro nombre dado a los hombres por el que nosotros debamos salvarnos». (Hech 4:12) «Y todo cuanto hagáis, de palabra y de obra, hacedlo todo en el nombre del Señor Jesús, dando gracias por su medio a Dios Padre». (Col 3:17)

(El hombre), al negarse muchas veces a reconocer a Dios como su principio, trastornó, además, su debida ordenación a un fin último y, al mismo tiempo, dañó todo el programa trazado para sus relaciones consigo mismo, con todos los hombres y con toda la creación. (Conc. Vat II, Gaudium et Spes,13)


La rebelión contra Dios, que significa «muerte de Dios en nosotros» inevitablemente nos llevará a la muerte y a la ruptura armoniosa con el universo. Esa ruptura es la causa de la corrupción. Para redimirnos de esos males es que vino Nuestro Señor. En la Salette, la Virgen no nos saca de la realidad, sino que al contrario, nos hace un llamado urgente a que reconozcamos los peligros en que vivimos y nos abramos a la redención que ofrece su Hijo. Las cosechas y patatas podridas, el trigo que se vuelve polvo, las nueces vacías, las uvas en las viñas estropeadas, hambrunas y epidemias, todo ello es causado por el pecado.

Nuestra situación precaria y la duración restringida que nuestras vidas tienen sin embargo un punto positivamente elevado, siendo éstos motivos que nos llaman a la propia conversión, retándonos al seguimiento de Cristo, viviendo hoy la nueva vida que Él vivió hasta el Calvario. Esa es la fuente de nuestra confianza. En esta tierra donde las dos terceras partes de la humanidad sufren hoy de hambre y desnutrición, donde los derechos humanos son burlados, la injusticia se encuentra a nuestra puerta, los riesgos de la destrucción aumentan; que todo esto nos haga meditar los «signos de Dios» y nos vuelvan a Él. Así actuaremos como verdaderos hermanos, en especial con los menos afortunados.

La necesaria conversión
La llamada a la conversión está en el corazón del mensaje de la Salette. Todo se dirige hacia ese fin: las lágrimas y el crucifijo, la luz y las rosas, las actitudes de la Hermosa Señora, su caminar desde la quebrada hasta la cumbre, pero sobre todo el discurso de la Virgen. «Regresen a Dios con todo su corazón», Él es la única fuente de vida.

La ansiosa espera de la creación desea vivamente la revelación de los hijos de Dios… en la esperanza de ser liberada de la corrupción para participar en la gloriosa libertad de los hijos de Dios. (Rom 8:19).

Por eso María aconseja: 

  • Oración perseverante y profunda «¿Hacéis bien vuestras oraciones?» «No muy bien, Señora» contestaron. Quizá también esa es nuestra respuesta. La Virgen Santísima nos exhorta a orar diariamente, mañana y tarde. Velad y orad (Mt 26:41) La Virgen les indica lo mínimo, un Padrenuestro y un Ave María, pero les urge ir más allá cuando puedan.
    Los discípulos de Cristo, perseverando en la oración y alabanza a Dios (Hch 2:42), han de ofrecerse a sí mismos como hostia viva, santa y grata a Dios (Rom 12:1), han de dar testimonio de Cristo en todo lugar y, a quien se la pida, han de dar también razón de la esperanza que tienen en la vida eterna (1Pe 3:15). (Conc Vat II, LG, 10).
  • Participación en la Santa Misa «Durante el verano sólo algunas mujeres mayores van a Misa«. El participar juntos cada semana como cristianos en la celebración de la Misa Dominical es una necesidad vital. La Palabra de Dios nutre nuestra fe, el contacto con Cristo en la fracción del pan para un nuevo mundo es fuente de dinamismo, la comunión con su Cuerpo entregado por nosotros y su Sangre derramada nos recuerda que debemos estar listos para dar nuestras vidas por otros y entonces hacernos partícipes, siendo fortalecidos en su Espíritu. En el corazón de este mundo que pasa y al cual estamos todavía ligados por nuestra ceguera e inercia, la Iglesia, en la celebración de la Eucaristía, comprende y anuncia que el nuevo mundo, inaugurado por Cristo resucitado, está realmente presente entre nosotros, y es necesario que seamos sus testigos en nuestra vida cotidiana, a través de nuestra conducta individual y como miembros de la sociedad. La necesidad eucarística entonces es fuente de esperanza y de gozo que nadie nos podrá quitar (Luc 21:14; Jn13:1, 20:19-26).
  • Recobrar nuestra dignidad actuando como cristianos. «Durante la Semana Santa van a la carnicería como perros«. Lejos de escandalizarnos, las palabras de Nuestra Señora deberían traspasar nuestras conciencias. En las Sagradas Escrituras, cuando al pueblo se le compara con los perros significa que éste ha perdido el sentido de su dignidad (Fil 3:2; Mt. 7:6) Qué realmente hacemos con nuestra dignidad de hijos de Dios cuando desperdiciamos el alimento, cuando menospreciamos los bienes que quizá otros necesitan? Para recobrar nuestra dignidad debemos darnos cuenta que no solo de pan vive el hombre y que los esfuerzos necesarios que hagamos para compartir nuestras bendiciones con otros nos pone en comunión con el Hijo de Dios, de Quien se deriva nuestra dignidad. «En verdad os digo que cuanto hicisteis a unos de estos hermanos míos más pequeños, a mí me lo hicisteis» (Mt 25:40)
    Cada año se nos presenta el maravilloso testimonio dado por Jesús durante su Pasión (1Tim 6) y es un recordarnos que nunca debemos «vender» nuestra dignidad. El poder de la resurrección está entre nosotros obrando y haciéndonos hijos de Dios. Entonces no puede haber nada que nos comprometa con la falsedad, la injusticia, el dinero o el poder. No vivamos como perros sino que todos nuestro ser y nuestros bienes estén acorde a la Voluntad del Padre, cueste lo que cueste.

Conversión del Señor Giraud
La Hermosa Señora hizo mención a Maximino de un evento aparentemente sin importancia. Una pequeña obra y una observación que había hecho su padre. Por mucho tiempo el señor Giraud no había atendido a la iglesia y era realmente indiferente a la religión. Cuando el 20 de septiembre escuchó el relato de la Aparición, su reacción fue prohibirle a su hijo decir nuevamente esos cuentos sin sentido. Días después, molesto por el ir y venir de las personas interesadas en hacer preguntas a Maximino, lo amenazó con castigos severos. «Pero, papá, Ella me habló de ti», exclamó el muchacho. Le recordó el episodio del trigo estropeado en la finca de Coins y el trozo de pan que le había dado a su hijo de regreso a Corps. Así, como Maximino había olvidado el incidente, de igual forma lo había olvidado su padre. El señor Giraud se sorprende, pensaba que quizá había desterrado a Dios de su vida y ahora se da cuenta;  descubre que ni siquiera por un instante Dios cesa de percibir sus esperanzas y ansiedades y en particular del temor de no tener más pan que darle a su hijo. Este descubrimiento será el comienzo de una auténtica conversión que será intensificada más tarde con la milagrosa curación de su asma crónica.
Nosotros nos podríamos preguntar si realmente estamos conscientes de la presencia de Dios que nos acompaña a dondequiera que vayamos. Cuando compartimos el pan, cuando lo distribuimos entre los hambrientos, dondequiera que se da vida, el Padre está, pues Él es la fuente de la Vida.

Hay que anunciar el Evangelio de Jesús
Si un mensaje claro surge de aquí , es que hay que lograr que todos conozcan el mensaje de salvación de Jesús.

Dar a conocer la Palabra de Jesús es esencial en un mundo con falsos valores, lleno de discordias y mentiras, y olvidado de Dios.

La dimensión misionera es esencial para vivir la fe cristiana.  No podemos ni debemos guardarnos el mensaje de Jesús, que nos habla de la misericordia de Dios y su invitación a la conversión.

Son muchos los peregrinos que se acercan a la Aparición de la Salette y suben la montaña santa. Todos juntos y cada uno personalmente se siente llamado por la Hermosa Señora que nos recuerda que Dios «rico en misericordia» está presente en cada una de nuestras vidas.

¿Cómo no hacer caso ante tanta ternura? ¿Cómo resistir el llanto incesante de aquella que ora e intercede por nosotros sin cesar? Ella está junto a nosotros con su atención maternal, en cada detalle y acontecimiento de nuestras vidas. En nuestras luchas y penas, en nuestras decisiones y nuestras aflicciones diarias. María Santísima, fiel a la misión recibida en el Calvario, nunca cesa de recordarnos los medios que se nos han dado para regresar a su Hijo; pues sin Su ayuda no podremos construir nuestras vidas o nuestro mundo. El rechazo de Su gracia trae serias consecuencias. María, nuestra abogada y reconciliadora vino a la Salette a recordarnos esta verdad.

¿Y los mensajes secretos?
Muchos se han llenado de curiosidad con los famosos mensajes secretos, el problema es que por muchos años no se supo bien lo que realmente dicen, hubo muchas reescrituras de los mismos y versiones distintas. La Iglesia con cierta prudencia no los ha aprobado.

En gran parte porque fueron en seguida utilizados por una cierta corriente pietista y fundamentalista que los aprovechó, para criticar a la Iglesia y a los sacerdotes y al mismo Papa y a la Iglesia en general. Incluso se han usado para ir contra las reformas del Concilio Vaticano II.

Todavía hoy hay gente que se apoyen en los mensajes de la Salette, e incluso en los de Fátima para desautorizar al Papa Francisco, y decir que es un Papa masón e infiltrado.

La versión más auténtica y original de estos mensajes que son muy breves pero se les añadieron palabras, y terminaron siendo como homilías acusatorias.  Los textos originales estaban en los archivos del Vaticano.

Aquí están al fin los textos:

 

Secreto dado a Maximino:
“El Papa será perseguido. Y su sucesor será un pontífice que nadie se espera. Lo que te digo sucederá en el próximo siglo. Lo más tarde en los años dos mil.  Un gran país del Norte, en Europa, se convertirá. Y antes de que esto suceda habrá grandes desórdenes en la Iglesia y por doquier.”

 

Secreto dado a Melanie:
“Esto será terrible, ya que algunos ministros de Dios, y algunas esposas de Jesucristo (religiosas) se consagrarán al mal, y al final en la tierra reinará el infierno. En ese momento el anticristo, nacerá de una religiosa, pero…  Hay de ella!!!!  Varias personas le creerán, porque se les dirá que ha venido del Cielo, pero ¡¡ay de aquellos que le crean!!!  No está lejos el tiempo, no pasarán dos veces 50 años.”

 

Es  necesario aclarar bien esto, no es obligatorio creer en estos mensajes secretos. La Iglesia no los ha aprobado y como ustedes ven se prestan para cualquier interpretación catastrofista.

No debemos tampoco desacreditar a los pobres niños videntes, que actuaron con total inocencia y no sacaron ningún beneficio de esta situación.

El único beneficio que sacaron fue un reavivamiento de su propia fe. Mas no obtuvieron réditos económicos, por supuesto.

Los Videntes después de la Aparición

Maximino trató de ser sacerdote y entró en el seminario menor. Tenía mucha dificultad en aprender, tuvo muchas dudas sobre su vocación y se retiró del seminario. Muchos se preguntan por qué, acaso ¿no tuvo la gracia de la vocación o no correspondió a ella? Podemos decir que la vida íntima de cada alma es un misterio, las gracias que recibe y la respuesta que ésta da.

Afirman que Maximino tenía una fe profunda, y en la virtud de la castidad fue muy íntegro y delicado llegando a decir en confidencia: «Cuando se ha visto a la Santísima Virgen, uno no piensa más en mujeres». Trabajó en un hospital por un tiempo, luego llegó a ser soldado y finalmente terminó administrando una pequeña tienda de artículos religiosos.

Se habla de un mal entendido entre el Santo Cura de Ars y Maximino. El joven visitó al santo cuando tenía una crisis vocacional. El Cura de Ars que hasta entonces había sido entusiasta de las apariciones se decepcionó al interpretar que Maximino se retractaba de haber visto a la Virgen. Como buen obediente se remitía a la autoridad del obispo y del Papa que habían aprobado las apariciones. «Dios no confirmaría con milagros una superchería, ni la Iglesia la enriquecería con indulgencias» afirmaría luego el mismo santo.

Maximino por su parte negaba que él se hubiese retractado. Conforme a las explicaciones del muchacho el cura estaba bastante sordo y se le entendía mal, además sólo se le podía hablar en el confesionario y hubo un malentendido: él le dijo haber mentido a veces, el cura de Ars entendió que se refería a la aparición, pero el joven hablaba de su vida personal, y no del mensaje que María le había dado. Parece ser que años después el santo cura recibió una prueba de Dios de la autenticidad de la aparición de la Salette (aunque en realidad no era necesaria, dado el juicio de la Iglesia basado en el estudio de los hechos y en los milagros reconocidos). No dejó de ser providencial el incidente de Ars, pues de él hablaron tanto los periódicos que acudió el arzobispo de Lyón al Papa Pío IX quién de esa forma recibió el secreto y aprobó la aparición.
Al pobre muchacho se le veía con desconfianza, sobre todo por el hecho de no haber encontrado su vocación al sacerdocio ministerial. Pero como laico su vida fue irreprochable, y mostró siempre gran humildad.
Murió en estado de gracia cuando tenía apenas treinta y ocho años de edad.

Melanie también trató de entrar a la vida religiosa. Visitó varias comunidades, pero no permanecía suficiente tiempo en ellas. Le era muy difícil la vida comunitaria. Algunas religiosas le hicieron bullying, pues le tenían celos, por haber sido elegida especialmente para comunicar los mensajes. Aún en medio y llena de contradicciones, rechazos e injurias poseía una fuerte valentía y una tenacidad admirable para difundir al mundo el mensaje de Nuestra Señora de la Salette. Su vida de oración era intensa, algunos milagros son atribuídos a ella aún estando en vida. Uno de ellos es la enfermedad del Reverendo Combe sanada al día siguiente después que Melanie le dijera que estaría bien y que viviría hasta la ancianidad. El sacerdote admirado le preguntó: «¿Qué dijiste?» «Bueno, contesta Melanie, tan solo oré a la Señora y le dije: Madre mía, el Padre Combe está enfermo, él trabaja para ti y lo has dejado así». La vida del Padre Combe duró hasta sus 82 años.

En junio de 1904, Melanie deja Francia y se traslada a un pequeño pueblo llamado Altamura en el sur de Italia. El obispo Mons. Cecchini, O.P:, es amigo suyo y la recibe con agrado. Encuentra una casa fuera de la ciudad. Está tranquila y alegre en su soledad. Todos los días va a la Catedral. El 15 de diciembre de ese mismo año no fue a la Catedral. Había muerto durante la noche del 14 de diciembre. Forzaron la puerta de su casa y la encontraron en el piso completamente vestida, tenía 72 años. En febrero de 1903 había profetizado que forzarían la puerta de su casa y la encontrarían muerta, en un lugar desconocido de Italia. Dos de sus vecinos cuentan que la noche anterior se había oído la preciosa melodía del Tantum Ergo en la habitación de la dama francesa y que también oyeron una campanita como la que es usada para llevar el Sagrado Viático a los moribundos. La gente de Altamura sostienen que la Sagrada Comunión fue traída a Melanie por el mismo Señor.

 

Eduardo Ojeda

Notas:
(1)  Antes del Concilio que reformó los ritos antiguos de preparación al Sacramento del Orden, los seminaristas que ya estaban más avanzados en los estudios, tanto del Clero secular, como de las Órdenes religiosas, recibían la tonsura, y eran declarados clerigos menores. Luego venían las órdenes menores, que eran lectorado, acolitado,  y exorcista.

Luego eran ordenados diáconos. El concilio hizo más sencillo el proceso, se suprimió la tonsura, y las órdenes menores, pasaron a ser ministerios laicales, y fueron tan sólo lectorado y acolitado.

Antes del Concillio Vaticano II, los aspirantes al sacerdocio ministerial, recién entraban en el estado clerical antes del diaconado, cuando hacían la promesa de celibato y obediencia al obispo. Al menos en el Clero Secular. En las órdenes religiosas se hacen tres votos: Castidad, pobreza y obediencia. Estos se asumen al terminar el noviciado, y no antes de ser ordenados presbíteros o diáconos, si es que lo son, dado que no todos los religiosos, terminan ejerciendo el sacerdocio ministerial.

 

 

 

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