BRASIL: IGLESIAS y POLÍTICA

diarios brasileros luego de la eleccion pasadaEn las elecciones del pasado 30 de octubre Jair Bolsonaro -a  pesar de las encuestas- ha sido el más votado en 14 de los 26 estados y también en Roraima, Acre, Rondonia, mientras Lula se llevaba más del 70% de los votos del nordeste. Han llamado la atención algunos éxitos de Bolsonaro cuyo gobierno ha sido tildado por los organismos de derechos humanos de ultraconservador, militarista, racista, intolerante, enemigo de negros e indígenas, indiferente a los pobres que son 125 millones padeciendo inseguridad alimentaria y a los indigentes que pasan hambre (33 millones).

Hay además 10 millones de desocupados, 20 millones de trabajadores informales, los sistemas alimentario y sanitario en crisis, la selva amazónica devastada.
Bolsonaro ha tenido el apoyo del aparato estatal, de los militares, de los grandes grupos económicos y de las iglesias o sectas neo-pentecostales, provenientes de Estados Unidos desde la década del setenta y que han penetrado con sus grandes recursos mediáticos en los ámbitos populares. A través del diezmo, las dádivas y la milagrería han engañado a la gente más pobre en nombre de Dios. Con esto no se quiere negar el ingente trabajo social realizado, siempre con afán proselitista.
Su programa, adoptado por Bolsonaro, se concentra en el obsoleto eslogan: ”Dios, patria, hogar”, consigna histórica del integrismo religioso. Predican la “teología de la prosperidad” en contraposición a la “teología de la liberación”.
Estos grupos han presentado la reciente campaña electoral como “una batalla entre el bien y el mal”. El voto religioso por ejemplo de Asamblea de Dios y de la Iglesia Universal del Reino de Dios (“pare de sufrir”) que tiene canales de televisión, emisoras, un diario y un partido político con 44 diputados, ha influido mucho.
Además de 23 canales televisivos, hay 963 emisoras radiales evangélicas en Brasil; por cada emisora católica existen cuatro evangélicas. Hay un periódico evangelico con una tirada de 2,3 millones de ejemplares. En Brasil hay 108 millones de católicos, pero también 85 millones de evangélicos constantemente en alza. Tienen un juez en el Tribunal Supremo y dominan el ministerio de educación, con 116 escaños (sobre 313) en la cámara de diputados. Los pastores hablan abiertamente de política partidista en sus sermones.
En la campaña han apoyado a Bolsonaro como el “elegido por Dios” presionando, amenazando con castigos divinos y medidas disciplinarias a los opositores. Inclusive han orquestado una campaña contra los obispos y curas católicos acusados de comunismo, de estar a favor del aborto y de la ideología de género, etc.
Todo empezó el 12 de octubre en el santuario de la Aparecida, cuando Bolsonaro se hizo presente en la misa, causando gran tumulto por parte de sus seguidores en las puertas de la Iglesia. El obispo de Guarabira fue insultado y amenazado igual que otros sacerdotes; hubo misas interrumpidas, alborotos fuera de los templos. Esto provocó la reacción de católicos conservadores que se dejaron involucrar en la polarización ideológica del momento rechazando cualquier “pacto con el diablo”.
El dehoniano padre Zezinho, de 81 años, precursor de la ola de curas cantautores con decenas de libros y discos a sus espaldas y una legión de seguidores en internet, cerró sus redes hasta después de las elecciones. Reconoció que “hay católicos radicales que prefieren sus opiniones políticas al catecismo católico. Quien busca el diálogo es visto como inútil, comunista o pasado de moda”..

Más tajante aún la postura del arzobispo de San Pablo, Odilio Pedro Scherer: “Yo visto de rojo no porque sea comunista, sino porque he jurado fidelidad a Cristo y a la Iglesia hasta derramar la sangre si es necesario. No soy comunista ni fascista; estoy a favor de la familia, contra el aborto y cualquier violencia contra las personas. Hoy se dice que quien defiende a los pobres es comunista; entonces: ¿Jesús era comunista?. Auxiliar a pobres y enfermos, como hizo Jesús, es puro Evangelio. Más bien tengo la impresión de revivir aquellos tiempos en los que crecieron los totalitarismos, especialmente el fascismo. Hay signos de fascismo en la cultura actual”.

Lula tuvo que escribir una carta pública a los cristianos declarándose contra el aborto, a favor de la familia y la libertad religiosa y contra la desinformación organizada. Sesenta obispos también publicaron un duro documento con una clara toma de postura contra Bolsonaro por abusar de la religión y del nombre de Dios, e invitaban a los electores a optar entre un proyecto autoritario y uno democrático, por los pobres y no por una “economía que mata” (Papa Francisco). “La Iglesia Católica no tiene ni apoya partido político alguno, pero no es neutral cuando se trata de estar al lado de la justicia y la paz, de la verdad y la solidaridad, de la vida y la igualdad entre ciudadanos, de la libertad religiosa”, afirmaban.
También 400 curas organizaron el movimiento “Sacerdotes católicos contra el fascismo” apoyando a Lula y acusando a Bolsonaro de “profanar la fe”.
Por su parte la Conferencia Episcopal alertó acerca del odio, la intolerancia, la violencia, instó a la reconciliación y recordó a obispos y curas que su deber es formar las conciencias, no favorecer a uno u otro candidato. Una cosa es la política en el sentido de búsqueda del bien común y defensa de los derechos humanos, otra es la política en favor de un partido porque el ministerio de los pastores es un ministerio de unidad.
En realidad para muchos observadores no fue un simple pleito político entre derecha e izquierda, sino una confrontación entre democracia y autoritarismo. Es lamentable el desgaste de la democracia en Brasil, pero también la politización de las Iglesias demonizándose recíprocamente y buscando un “salvador de la patria”, poniendo en riesgo las instituciones democráticas. El país se partió y radicalizó.

Lula será atacado ahora no solo por la derecha sino también por la izquierda por ser poco radical y populista. Se notó un notable resurgir de la ultraderecha  y la creciente utilización de la religión en pos de la política. El lema de Bolsonaro ha sido desde un comienzo: “Brasil por encima de todo, Dios por encima de todos”. Él, su esposa e hijos  son evangélicos y han hablado más de la Biblia que de la Constitución en un Estado laico como Brasil.

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