(opinión): Amenaza nuclear sobre la humanidad

 

Por Roberto Torres Collazo

Franciso en el Memorial de la Paz de Hiroshima, en 2019.

“Desde la ventana observé la rama de un árbol. Justo en el momento en que dirigí la mirada desde la vieja y oscura aula, hubo un destello. Fue como si un gigantesco trozo de celuloide hubiera estallado de repente. Mientras mis ojos estaban siendo penetrados por el destello agudo de un rojo intenso, el edificio de una escuela ya se estaba viniendo abajo. Sentí caer yeso, tejas y madera sobre mi cabeza, los hombros y la espalda. El olor polvoriento del yeso y otros olores extraños se mezclaron y entraron en mi nariz. Me pregunté cuánto tiempo había pasado. Cada vez se me hacía más difícil respirar. El olor es intenso. Era el olor lo que me impedía respirar”…

…“Estaba atrapado bajo las ruinas del edificio de la escuela…. Finalmente conseguí escapar de debajo de las ruinas y salí al patio de la escuela. Fuera estaba tan oscuro como bajo los escombros y el fuerte olor estaba por todas partes. Tomé mi pañuelo, lo humedecí y me cubrí la boca con el. Cuatro de mis compañeros de clase estaban saliendo a rastras de los escombros. Aturdidos, nos reunimos junto al árbol. Comenzamos a cantar la canción de la escuela. Nuestras voces eran débiles y ásperas, con un tono de profunda tristeza. Fuimos a la piscina, ayudamos un compañero que había sufrido heridas en una pierna y había perdido la visión. Otro compañero había caído en la piscina, ya estaba muerto, su cuerpo estaba quemado y destrozado. Vi el siguiente, un compañero intentando apagar las llamas de las ropas de su amigo con la sangre que salía de sus propias heridas. Algunos se lanzaban a la piscina para apagar sus llamas. Había otros con quemaduras por todo el cuerpo y que tenían sus caras muy hinchadas hasta alcanzar dos o tres veces su tamaño normal, no se podían reconocer. No puedo olvidar la imagen de los que no podían moverse del suelo gritando y mirando hacia el cielo ‘¡¡Malditos sean!! ¡¡Malditos sean!!’” (Barnaby, 2004). 

Esa fue la experiencia que vivió el adolescente Katao Osamu cuando el gobierno de Estados Unidos lanzó desde el avión Enola Gay las bombas atómicas sobre Hiroshima y Nagasaki en 1945, matando alrededor de 250 mil civiles la mayoría mujeres, niños, enfermos, ancianos y la naturaleza.
Este testimonio viene a colación porque el presidente actual de Estados Unidos Joe Biden ha asegurado en días recientes que la humanidad está actualmente muy cerca de un posible ataque nuclear, declaró:
“Por primera vez desde la crisis de los misiles en Cuba, tenemos una amenaza directa del uso de armas nucleares….” frente a las amenazas del ministro de Asuntos Exteriores de Rusia, Sergie Lavrov, quien confirmó que en caso de que el conflicto en Ucrania desencadene una Tercera Guerra Mundial, tendría un carácter destructivo e implicaría el uso de armas nucleares.
El presidente de Ucrania Volodymyr Zelensky, irracionalmente, ha pedido a las naciones nucleares que hagan un ataque “preventivo”, mientras la Unión Europea y Estados Unidos siguen apagando el fuego con gasolina mediante el envío de logística, financiamiento y armas a Ucrania.  

Rusia, de acuerdo a estimaciones, tiene 5,977 cabezas nucleares y Estados Unidos 5,428, que tienen en conjunto miles de veces más poder destructivos y mortales que lo ocurrido en Hiroshima y Nagasaki y capaces de sobrepasar fronteras. China tiene 350 ojivas nucleares, Pakistán 165, Reino Unido 225, India 160, Corea del Norte 20 e Israel es el único país que se sabe que tiene armas nucleares pero no las reporta, según la BBC de Londres. Ninguna nación latinoamericana o caribeña actualmente tiene armas nucleares. 

Una guerra nuclear podría ser catastrófica, dependiendo el tipo de arma nuclear, la altura y las condiciones del terreno, podría producir una enorme nube de hongo que destruye edificios, objetos y personas. La onda expansiva causaría muerte, lesiones y daños de infraestructuras. La radiación causaría daño celular que puede llevar al envenenamiento. La lluvia radioactiva, su polvo y restos radiactivos que caen a tierra, unos 15 minutos después de la explosión, se esparciría por zonas amplias del planeta y descensos de temperatura de entre 20 y 30 grados centígrados que podrían derivar en una hambruna mundial y posibles nuevos brotes de pandemias y epidemias. Se acabaría la vida de millones de personas y los daños ambientales serían devastadores (Smith, 2017). El objetivo de las armas nucleares es causar el mayor daño masivo posible. 

Muy delicada la situación mundial. Debido a esto, no podemos ser indiferentes, dedicarnos solamente a orar, ser individualistas creyendo que es una amenaza que no me afecta a mí o mi familia o pensar que es un conflicto lejano. Antes que sea tarde, es imperativo apoyar los movimientos pacifistas contra las guerras, crear conciencia, insistir en las negociaciones, la diplomacia y el diálogo de todas las partes y hay que denunciar el capitalismo neoliberal internacional que es la causa principal de fondo en las actuales guerras. En un planeta globalizado cualquier crisis o conflicto internacional como puede ser una guerra nuclear nos afectaría directa o indirectamente. La humanidad está en un hilo donde nadie ganaría una guerra nuclear. Todos los gobiernos han de comprometerse a nunca bajo ninguna circunstancia desarrollar, ensayar, producir, fabricar, adquirir de cualquier otro modo, poseer o almacenar armas nucleares u otros dispositivos explosivos nucleares y comprometerse también a defender la naturaleza y el ambiente de las guerras. “Bienaventurados los que luchan por la paz, porque serán reconocidos como hijos de Dios” Jesús de Nazaret.  

Referencias

Arrogante, V. (Julio, 2022). Sentido común contra las armas nucleares. Revista Digital: Rebelión. España.
Barnaby, F. (2004). Cómo construir una bomba nuclear. Editorial Paidós: España. 
Periodismo Visual: (Septiembre, 2022). Rusia: cuántas armas nucleares tiene y cómo se comparan con las de EE.UU y otros países. Periódico Digital: BBC Mundo. Londres.
Smith, G. [editor] (2017). The war and environment. Editorial Just World Books: US.

 

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