(testimonio) DEHONIANOS en CHILE y RECEPCIÓN del CONCILIO

¿Cómo recibieron los Padres Dehonianos
el Concilio Vaticano II en Chile?
(Parte 1)

(La siguiente entrega es una colaboración del p. Hernan Leemrijse, misionero dehoniano holandés que ha desarrollado su trabajo fundamentalmente en Chile. Es un relato memorioso que brinda claves para entender la recepción de la novedad conciliar entre los latinoamericanos).

foto panorama del aula conciliar
Concilio Vaticano II, 1962-1965.

“Cuando llegué al puerto de Valparaíso, Chile, el 3 de agosto de 1967, después de un viaje de dos meses por mar desde Holanda, habían recorrido los padres dehonianos un largo camino desde Argentina a Chile. La presencia de los padres holandeses en Argentina había sido difícil, debido a la situación política y por otro lado la Segunda Guerra Mundial sin comunicación con Holanda y el generalato de la Congregación en Roma. Diferentes solicitudes desde Ancud y Talca, incluso una carta del p. Hurtado desembocaron en el envío de los primeros padres desde Argentina y posteriormente desde Holanda.

En 1967 había alrededor de 30 padres y hermanos dehonianos en Chile. Desde la primera fundación el 5 de febrero de 1950 en la Parroquia de Teno se habían extendido por el centro del país, no yendo más de 300 km fuera de la Capital, en vista de la mala experiencia de lejanía en Argentina.

El anuncio de un Concilio Ecuménico por parte del papa Juan XXIII recibió también en Chile una buena respuesta. El obispo de Talca, Manuel Larraín, junto con el Obispo de Recife, Helder Cámara, ya habían organizado una primera conferencia de los obispos del continente sudamericano, el CELAM y tenían todas las herramientas para preparar a los obispos de América Latina para participar organizadamente en el Concilio.

Los dos obispos Chilenos más importantes presentes en las 4 sesiones del Concilio Vaticano fueron Raúl Silva Enríquez -como Arzobispo de Santiago- y el obispo de Talca Manuel Larraín -como presidente de la Conferencia Episcopal de América Latina (CELAM)-. La conferencia Episcopal de Chile, junto con la Brasilera fueron puntas de lanza en el aula del Concilio en Roma. Gracias especialmente a Manuel Larraín y a Helder Cámara de Brasil, presidente y secretario de la CELAM respectivamente. Famosas son las cartas que Don Helder mandó diariamente a su Diócesis en Brasil durante las 4 sesiones de la Asamblea. En total 290 cartas, escritas en las noches y enviadas diariamente a su gente. A pesar que este hombre pequeño nunca habló públicamente en el aula del Concilio, fue una de los figuras claves en el Vaticano II.

Cuando el 21 de Junio de 1961 más de 2540 obispos entraron en procesión desde la Plaza San Pedro en la que fuera convertida en Aula del Concilio, habían pasado varios años desde el primer anuncio del papa Juan XXIII de realizar un concilio en la basílica de San Pablo, a la brevedad.
En Chile la Conferencia de Obispos había mandado una carta pastoral el 21 de enero de 1961 explicando los objetivos del Concilio concentrándose en 3 puntos: organización interna de la Iglesia, papel de la Iglesia en el mundo y la unidad entre los Cristianos. De esta manera el Concilio entró en Chile con viento en popa. En otros países como el inmenso Brasil parecía entrar con menos fuerza, mientras en los otros países (como en México) quedaron en esfuerzos aislados, gracias a obispos progresistas como los de Cuernavaca, Tehuantepec y Chiapas.

 

¿Cómo los obispos de Chile y de todo el continente latinoamericano tradujeron los acuerdos del Concilio Vaticano II a la realidad del continente?
Felizmente tenían una herramienta importante, que fue la creación del CELAM, una organización promovida por el papa Pio XII para coordinar a los cientos de obispos latinoamericanos. Ya durante el mismo Concilio los obispos han experimentado este avance frente otros países que no han tenido ningún contacto entre sí. Bajo el mando de Don Manuel -y después de su repentina muerte, de Helder Cámara- el secretariado del Celam reunió a más de 80 obispos del continente en el seminario de la ciudad de Medellín en Colombia. Esta asamblea tenía la tarea de aplicar los acuerdos del Concilio a la realidad de nuestro continente. El teólogo Gustavo Gutiérrez hizo un pequeño balance a raíz de los 50 años de esta reunión en Medellín.

Una fuerte experiencia eclesial
La Iglesia continental de América Latina surgió de la conquista española y portuguesa. Después de casi 5 siglos de dependencia europea en cuanto personal apostólico, infraestructura y organización, era urgente crear Iglesia Latinoamericana y abrir un soplo innovador en el continente. Medellín realizó el paso desde una dependencia de Europa y Roma hacia una Iglesia adulta y con una identidad propia. El gran tema y aporte de Medellín fue: “leer evangélicamente los signos de los tiempos desde la realidad de pobreza de nuestro continente”.

Fue no solo una reflexión sobre la realidad del continente y una propuesta de renovación de pastoral, sino también una fuerte experiencia eclesial y crear un modelo de una Iglesia propia continental. En Medellín se reunieron laicos, religiosas, sacerdotes y obispos junto con invitados de otras iglesias cristianas. Fue un fruto maduro del Concilio Vaticano en nuestras tierras.

Los dehonianos y la renovación de la liturgia
Los Padres Dehonianos fueron una punta de lanza especialmente en la renovación litúrgica que ya se había iniciado durante el mismo Concilio. La experiencia que cuenta el p. Mariano Puga, un sacerdote del clero de Santiago,  mandado por el Cardenal Silva Enríquez para estudiar liturgia en París, es elocuente: realizó en 1962 la misa en castellano, poniendo una mesa al frente del  altar antiguo con una cortina en la parroquia Universitaria. Cuando el Cardenal le llamó la atención sobre esto, Mariano dijo: “Don Raúl Ud. me mandó a Europa para poder llevar el mensaje del Vaticano II a los estudiantes universitarios y lo primero que quieren los estudiantes es una Iglesia donde se hable la lengua de ellos… Yo sé que esto le va causar problemas a usted, pero quédese calladito, no cuente nada, porque los universitarios están felices”. Iban más de 600. Entonces el cardenal me dio un apretón de manos y me dijo: “Ya sigue nomás, sigue nomas”….

Dos padres Dehonianos, Cornelio Kocke y Cornelio Wijfjes trabajaron en la Parroquia Inmaculada Concepción en Vita Cura en un sector acomodado de Santiago. Padre Cornelio Kocke empezó a traducir desde el holandés los textos litúrgicos de cada domingo y los fue multiplicando a mimeógrafo. Decenas de parroquias empezaron a pedir estos textos en ausencia de libros litúrgicos oficiales. Tengo en mi biblioteca los tres tomos con hojas mimeografiadas del ciclo completo de los tres años litúrgicos, completando con un tomo de Santos y misas votivas. Un completo leccionario litúrgico alternativo. En una parroquia vecina de Santa Marta otros padres Dehonianos invitaron a un coro folclórico bajo la dirección del Maestro Vicente Bianchi, para cantar las misas en base a música folclórica chilena, completas hasta con trajes de folklore chileno campesino.

El padre Arturo Claessen tenía las cualidades artísticas de pintar y modelar imágenes. Semanalmente dibujaba el evangelio dominical en dibujos grandes poniéndoles frente o detrás del altar.

Otro fruto del Concilio en la Iglesia de Chile fue la introducción de la Catequesis Familiar. En vez de reunir a los niños para prepararles para su primera comunión pidieron la presencia de los papás de los niños y que ellos mismos prepararan a sus hijos para su primera comunión. De esta manera entró la Catequesis Familiar en Chile. Los mismos padres fueron los responsables de la formación de sus hijos. Pregonábamos a los papás: Cuando se bautizaron sus hijos el sacerdote preguntó: ¿Uds se comprometen a educar sus hijos en la fe católica y todos contestaron: SI. Entonces queremos cobrar esta promesa… Durante dos años Uds. semanalmente se reunirán con los catequistas y enseñarán a sus hijos la fe. Resulta que después de dos años y la fiesta de la primera comunión, los grupos siguieron y formaron Comunidades de Base. De esta manera surgió una catequesis familiar importante en la formación de nuevos lideren en nuestra Iglesia de Chile. Hace algunos años atrás la misma experiencia de la catequesis familiar se está introduciendo en Argentina, Paraguay y Uruguay. Similar experiencia se hizo con la preparación para el bautismo de los hijos y con la formación de los jóvenes para la confirmación.

En la Zona Sur de Santiago había tres parroquias Dehonianas. La inmensa Archidiócesis de Santiago, con más de 300 parroquias se había dividido en seis zonas pastorales, una de estas zonas está en la Zona Sur.
En la población “La Victoria”, durante la primera toma de terrenos por parte de pobladores sin casa estaba como párroco el p. Gerardo Thijssen, llamado padre Santiago. En una población vecina estaban los padres Alejandro, Julián y Francisco trabajando y aplicando la catequesis familiar y celebrando las liturgias con los textos que semanalmente llegaban desde la parroquia de Vita Cura. La misma situación se daba en la parroquia de Fátima, en San Bernardo, con los padres Juan, Hernán y Norberto. Y también con los padres en las parroquias de La Calera, Viña del Mar, Nogales, Teno y Chepica. También en nuestros dos colegios se aplicaron estas iniciativas.

En Chepica, un pueblo rural en el centro de Chile, tres padres habían iniciado un proyecto para hacer escobas, como una manera de acercarse a la realidad campesina del sector donde trabajaban y así vivir de una manera más cercana a la realidad rural del campesino chileno. Todas nuestras parroquias pudieron comprar escobas hechas en casa…

De las aulas a la renovación de la pastoral
Fue en este ambiente que llegué a Chile en el año 1967, prácticamente cuando la Iglesia Chilena estaba comenzando a aplicar los acuerdos del Concilio Vaticano II. Ya durante mis estudios en Teología habíamos discutido en las aulas del seminario todo lo que estaba pasando en Roma. Nuestros profesores, formados y enseñando el Concilio de Trento y nosotros leyendo y discutiendo lo que los diarios y revistas publicaban sobre el Vaticano II… fueron momentos de mucho diálogo e incluso trauma para algunos profesores mayores que no sabían o no conocían lo que estaba pasando en el Concilio en Roma. Yo me ordené sacerdote el 19 de marzo de 1966 y celebré mi primera misa en holandés, mientras tenía que hacerme los exámenes y las lecturas del breviario, ya como diácono, en latín. Incluso teníamos que prepararnos para la celebración de la Misa en latín, pero nunca la practiqué. Una frustración que me marcó para toda mi vida…

Pero fueron tiempos interesantes y buscando entre lo nuevo y lo viejo, entre la tradición de siglos y los nuevos tiempos que estaban surgiendo. Discusiones incluso a nivel nacional. La Iglesia holandesa con su famoso catecismo, ordenado por el mismo cardenal Alfrink, uno de los moderadores del Concilio Vaticano en Roma, realizó sus experimentos con las liturgias. No había directrices claras, todo estaba por hacerse, mientras tanto teníamos que actuar. Tiempos interesantes, con búsquedas complejas y siempre con apoyo de nuestros superiores y guías espirituales. Pero también tiempos de muchas discusiones entre los sacerdotes jóvenes, formados durante el Concilio y los mayores que no entendieron todas estas renovaciones y nuevos tiempos que estaban surgiendo.

(final de la Parte 1)

Herman Leemrijse scj

15 de agosto 2019

Valdivia – Chile

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