(NUNCA sin el OTRO): HUMMES y PUEBLOS ORIGINARIOS

Pbro. Luis Miguel Modino, en Misión Celam

HUMMES usando un chaleco de repam, saluda a patricia que esta con otros indigenas
“Era un aliado, y un hermano… nos enseñó que juntos hacemos la fuerza, que es necesario caminar juntos para generar un nuevo aprendizaje, siendo aliados, tomados de la mano”. Patricia Gualinga, Lideresa indígena del Sarayaku (Ecuador).

La Amazonía y sus pueblos, especialmente los pueblos indígenas, podemos decir que fue la causa del cardenal Cláudio Hummes, fallecido el 4 de julio de 2022, en los últimos 10 años de su vida. Quien había sido prefecto de la Congregación del Clero, volvió a Brasil y se embarcó en una misión nueva, completamente diferente, pero que diez años después podemos decir que ha marcado la vida de la Iglesia reciente, no solo en la Amazonía sino en América Latina y en todo el mundo.

En la Amazonía, el misionero brasileño desempeñó diversos servicios, que comenzaron con la presidencia de la Comisión Episcopal para la Amazonía de la Conferencia Nacional de los Obispos de Brasil (CNBB), y que después se fueron incrementando con la presidencia de la Red Eclesial Panamazónica (REPAM), la relatoría del Sínodo para la Amazonía y la presidencia de la Conferencia
Eclesial de la Amazonía (CEAMA).
Servicios en los que aquel que siendo un joven franciscano quiso ser misionero en la Amazonía, fue convirtiéndose en altavoz, en caja de resonancia, que ayudó a que aumentasen las voces nacidas de los pueblos y del bioma amazónico, haciendo ver que, en la Amazonía, el clamor de la Tierra y de los pobres es el mismo.


Un misionero itinerante, que, a pesar de su edad avanzada, llegaba a las comunidades para escuchar, para conocer la realidad y así, como uno de sus más estrechos colaboradores, informar a su amigo el papa Francisco sobre lo que pasaba en una región que ocupa un lugar destacado en el corazón del Obispo de Roma.
Fue a partir de esa escucha, de ese conocimiento de la realidad, en el que podemos decir que el brasileño tuvo un papel fundamental, que la Iglesia fue discerniendo nuevos caminos, no solo para la Iglesia de la región amazónica, sino también para la Iglesia universal. Un nuevo modo de ser Iglesia, desde la interculturalidad, que la lleva a situarse en un plano de igualdad con
aquellos con quienes quiere caminar juntos, en sinodalidad, los pueblos originarios, con quienes mostró el compromiso de compartir
sueños, sufrimientos y desafíos.


Hummes se hizo compañero de camino de los pueblos indígenas, de sus organizaciones, especialmente de la Coordinación de las Organizaciones Indígenas de la Cuenca Amazónica (COICA). Algo que los pueblos originarios siempre agradecieron, pues ese trabajo en red supuso un nuevo impulso para las luchas y reivindicaciones, muchas veces echadas en saco roto por una sociedad que mira para el otro lado ante el sufrimiento de estos pueblos.
En la Amazonía, en la forma de tratar a sus pueblos, Hummes siempre dijo estar en juego el futuro del planeta y de la humanidad. Una conciencia amazónica que poco a poco fue asumiendo la Iglesia de América Latina y el Caribe, y desde ahí la Iglesia universal, sobre todo a partir de Aparecida, la V Conferencia General del Episcopado de América Latina y el Caribe, y de la llegada del papa Francisco a la Sede Petrina.
Poco a poco se fue instaurando una nueva conciencia social y eclesial, que ayudó a denunciar en instancias internacionales el
sufrimiento de la Amazonía y de sus pueblos.
Una actitud profética, nacida en la Iglesia de la Amazonía, teniendo como principal impulso el trabajo de la Red Eclesial Panamazóni-
ca, presidida por Hummes, que nunca dudó en empuñar una bandera que, sin duda, ha ayudado a tomar conciencia sobre los dramas que se viven en la Amazonía, principalmente por parte de los pueblos indígenas.


El Sínodo para la Amazonía, donde Cláudio Hummes fue relator general, y que contó con la participación decisiva de los pueblos indígenas, puede ser considerado como un elemento decisivo en la vida de la Iglesia de la Amazonía y, por qué no decirlo, de la Iglesia universal. En ese proceso sinodal, la aportación del cardenal recientemente fallecido puede ser considerada, sin miedo a equivocarse, como algo decisivo, pues siempre defendió el trabajo en red llevado a cabo por la Iglesia amazónica.
Sus palabras en la apertura del Sínodo para la Amazonía ayudaron a entender la necesidad de la Iglesia: “Caminar al lado de todos y cada uno, sobre todo los que viven en las periferias de la humanidad”, entre los que se encuentran los pueblos amazónicos.
El purpurado llamaba a “seguir caminado de forma inclusiva, invitando, acogiendo y alentando a todo el mundo sin excepciones ha-
cia el futuro, como amigos y hermanos en el mutuo respeto a las diferencias”.


Claudio Hummes siempre destacó la gran labor de los misioneros en la vida de la Iglesia de la Amazonía, especialmente de quienes dieron su vida por los pueblos de la región, y que hoy están sepultados en la Amazonía. En sus visitas a las iglesias de la Amazonía siempre insistía en visitar los cementerios donde estos misioneros y misioneras están enterrados, gente que entregó su vida por la educación, salud, lucha contra la pobreza y la violación de los derechos humanos, especialmente de los más pobres.
El impulso de una Iglesia presente en la vida de los pueblos, una Iglesia abierta, dialogante, acogedora, dispuesta a caminar al lado de las personas y de las comunidades, fue una constante en la vida de Claudio Hummes. Una Iglesia intercultural, algo que se debe hacer realidad en “la liturgia, el diálogo interreligioso y ecuménico, la piedad popular, la catequesis, la convivencia mediante el diálogo cotidiano con las poblaciones autóctonas, las obras sociales y caritativas, la vida consagrada y la pastoral urbana”, como hacía ver el cardenal en la sala sinodal.


Una misión con múltiples rostros, que denuncia las amenazas que la Amazonía y sus pueblos sufren, especialmente los pueblos originarios y las comunidades tradicionales. Una Iglesia que apuesta por la ecología integral, un modo de entender la vida que ha marcado la historia de quienes son considerados los guardianes milenarios de la Amazonía, los pueblos indígenas, cuidadores de una biodiversidad singular.
Un legado que permanecerá en la historia, no solo de la Iglesia, sino de aquellos que hoy la consideran una gran aliada, y en eso, dom Cláudio Hummes tuvo mucho que ver. Que su ejemplo y compromiso aliente la misión de la Iglesia en medio de los pueblos originarios.

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