PERÚ: AGUCHITA, santa de la puerta de al lado

la misionera peruana que dio su vida por la Amazonía

aguchita, de habito blanco y sonriente en la selva, cosechando vegetales. a su lado un joven tambien sonriente
Misionera: un vínculo especial con la naturaleza y con las personas más humildes.

La hermana Aguchita, de la Congregación del Buen Pastor, estaba comprometida con el apoyo y defensa de los pueblos y jóvenes asháninkas en la Amazonía; fue asesinada por odio a la fe en 1990 por el grupo terrorista Sendero Luminoso.

Aguchita, (nacida como Antonia Luzmila) fue asesinada junto a seis vecinos: la elección de los terroristas debía recaer en la Superiora de la Congregación, al no encontrarla se llevaron a Aguchita.

Aguchita nació el 13 de junio de 1920, en la ciudad de Coracora, capital de la provincia de Parinacochas. Desde temprana edad creó un vínculo especial con la naturaleza y con las personas más humildes. A los 14 años se trasladó a Lima para estudiar en el Colegio Sevilla, dirigido por las Hermanas de la Congregación de Nuestra Señora de la Caridad del Buen Pastor. Atraída por la vida consagrada, ingresó en la Congregación en 1941, donde emitió su profesión religiosa perpetua el 8 de febrero de 1949. Desplegó su labor misionera durante muchos años en la zona de Barrios Altos, en el centro de Lima.

En 1987, cuando ya tenía 67 años, fue enviada a la misión de la congregación en la localidad de La Florida, en la selva central del Perú. Las tareas de las hermanas eran muy diversas: alfabetizaban a mujeres y las ayudaban a aprender oficios y artes. Organizaban clubes para las adolescentes y jóvenes y catequesis familiar en las comunidades rurales. Aguchita les enseñaba a rezar, tejer, hacer el pan, dulces y a cuidar de las plantas y animales.

Con frecuencia, miembros del grupo terrorista Sendero Luminoso ingresaban a los pueblos y realizaban “juicios populares”, en los que decidían qué habitantes debían ser asesinados sin defensa posible, acusados de organizar y ayudar a las mujeres de la localidad, de manipular a los niños con la educación y de criticar la violencia, ayudar a los pobres y tener diálogos con las comunidades indígenas. Las Hermanas optaron por quedarse, acompañar a la población aún a costa de asumir riesgos de vida.

El 27 de septiembre de 1990, cuando Aguchita tenía 70 años, un grupo de Sendero Luminoso ingresó a La Florida y organizó una de estas jornadas de asesinatos. En esa ocasión, la lista de los terroristas tenía seis nombres. Uno de ellos era el de la hermana Luisa. Al no encontrarla, le dijeron a Aguchita que ella tomaría su lugar. La acusaron de hablar con los asháninkas, una comunidad nativa que rechazaba a los terroristas, y de ayudar a los más necesitados de la localidad. Llevada a la plaza del centro del pueblo junto con las otras ocho personas, Aguchita trató de arrodillarse y rezar, pero sus piernas le flaquearon. Con cinco balazos, una joven integrante de Sendero Luminoso, de solo 17 años, la mató.

Un año antes, en un retiro espiritual, Aguchita le escribió un profético mensaje a su superiora provincial, la Hermana Delia: “En lo espiritual, estoy por dar pasos gigantescos. Parece que estos serán los últimos días de mi vida. El tiempo vuela y tendré que aprovecharlo bien; de lo contrario me presentaría en la eternidad con las manos vacías. El Señor es demasiado delicado”. En el mensaje para su superiora, Aguchita dijo también: “Déjenme contarles acerca de un día en meditación cuando recordé el gran sueño que tuve cuando descubrí mi vocación de hermana religiosa: era trabajar en la selva. Han pasado los años y me digo a mí misma que el Señor me ha traído aquí para complacerme en mi vejez, antes de morir, en fin, soy arcilla en sus manos”.

La Congregación de Nuestra Señora de la Caridad del Buen Pastor recuerda que el proceso de beatificación comenzó en 2017 y concluyó rápidamente. “Los signos de heroísmo se verificaron en el ejercicio de sus virtudes y en la entrega de su vida en el martirio, dando testimonio de una vida dedicada a los demás, fiel hasta la muerte”.

“Aguchita era una mujer santa, ‘de la puerta de al lado’. Si no hubiera sido por su martirio, habría pasado desconocida para la mayoría”, escriben sus hermanas. Siempre soñó con ser misionera en la selva, y Dios se lo concedió. “El martirio de Aguchita es un fruto maduro de la Iglesia peruana. Hija de nuestra Iglesia, campesina de la sierra, del Perú profundo, emigrante a la caótica Lima, religiosa formada en el Perú, promotora de la juventud y la mujer peruana, mártir del terrorismo. La hermana Agustina es nuestra, de todos los peruanos, el fruto maduro de una Iglesia que lucha por crecer y madurar, por hacerse adulta, por aceptar y enriquecerse de toda la variedad de culturas que hay en el Perú”.

En una reciente entrevista, el obispo Gerardo Zerdín, vicario apostólico de San Ramón (Perú), dijo respecto a la beatificación de Aguchita: “que a todos nosotros nos motive no solamente a la resistencia, al martirio, sino como un paradigma más de una peruana del Perú profundo, del Perú quechua, que ha alcanzado esos niveles de servicio, de santidad. Y que nos motive a todos, especialmente motive para la vocación religiosa, para la vida religiosa y también para la vida de servicio laical y servicio sacerdotal”.

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