COMIDA: poca producción e injusta distribución

dos manos puestas como cuenco están llenas de granos de trigo, en un trigal
Trigo: decisiones tomadas en la India, a causa de una guerra en Europa, repercuten en Chicago y afectan al Mercosur.

Ante la merma en la producción mundial de cereales, y su aumento de precios generalizado, el secretario general de Naciones Unidas, Antonio Guterres, afirmó recientemente que ya estaban en el umbral del hambre 250 millones de personas. Si la guerra continua en Ucrania, esa cifra aumentará exponencialmente: allí muchas granjas están destruidas, no hay tractores ni fertilizantes, algunos campos están minados y los habitantes han huido. Hay productores que se pasaron a otros cultivos, como la papa, para consumo propio.

Rusia y Ucrania exportan el 28% del del trigo, el 29% de avena, el 15% de maíz y el 75% del aceite de girasol, alimentando a unos 400 millones de personas. Los silos ucranianos están llenos, pero los puertos están minados, el cereal tiene que salir por carretera y la nueva cosecha está en grandes dificultades. Los agricultores rusos también tienen problemas ya que necesitan pesticidas y semillas que les llegaban de la Unión Europea, un mercado que les ha sido cerrado. Muchos países están prohibiendo exportaciones por miedo a la escasez: Indonesia el aceite de palma y la India todos sus cereales mientras que, en los Estados Unidos, consideran que la cosecha de este año ha sido la peor del siglo por malas condiciones climatológicas. En Europa ha caído menos lluvia de lo normal, dificultando el crecimiento de las plantas.

Para la salida de los alimentos, el desbloqueo del Mar Negro resulta determinante, aunque haya que quitar las minas de sus aguas y organizar convoyes que protejan a los cargueros.

Gran parte de la producción mundial de granos se destina a la fabricación de biocombustibles o a la alimentación animal: en China el año pasado se importaron 28 millones de toneladas de maíz para alimentar a los cerdos, en Europa el 40% del trigo y los Estados Unidos un tercio del maíz producido se lo comen los animales.

De continuar este desbalance, la cifra de migrantes se incrementará porque en sus países no encuentran el alimento necesario para vivir.

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