Las apariciones de la Virgen María

Apariciones de María aceptadas por la Iglesia Católica

(Parte dos)

apariciones de Guadalupe y Santa María de Coromoto

Estas apariciones fueron aprobadas por la Iglesia Católica en forma oficial, y la Comisión Pontificia llamada al principio “Santo Oficio” y luego del Concilio Vaticano II  “Sagrada Congregación para la Doctrina de la Fe.”

Nuestra Señora de Guadalupe  

Es una advocación de origen mexicano, y que está ligada a cuatro apariciones de María, en el Cerro Tepeyac, en el norte de la actual Ciudad de México.

De acuerdo a la tradición oral, y a algunos documentos, la Virgen María se apareció a Juan Diego Cuauhtlatoatzin en el Cerro del Tepeyac. También en otra ocasión se le apareció al tío de Juan Diego, llamado Juan Bernardino. Ambos pertenecían a la tribu chichimeca.

El relato guadalupano conocido como Nican Mopohua, escrito en Náhuatl, el idioma que hablaban los indios mexicanos, nos habla de los hechos. Este documento data del siglo XVII.

Las apariciones tuvieron lugar en el año 1531. Juan Diego fue el relator de las mismas y la fuente más importante. La última aparición tuvo lugar el 12 de diciembre de 1531.

El Nican Mopohua fue escrito por el indígena Antonio Valeriano (1522- 1605); está en letras latinas pero  con sonido náhuatl.

Ningún colonizador pudo haber escrito este texto y con esta técnica.

Posteriormente fue escrito el libro “Imagen de la Virgen María, Madre de Dios de Guadalupe.”

Su autor fue el Presbítero Miguel Sánchez, esta vez en español, que recopila todo lo que decía el anterior libro, y lo que se sabía de las apariciones. Este libro fue escrito en 1648.

 

Según diversos investigadores, el culto guadalupano es una de las creencias históricamente más arraigadas en el actual México y parte de su identidad. Ha estado presente en el desarrollo como país desde el siglo XVI, incluso en sus procesos sociales más importantes como la Independencia de México. y en la Revolución Mexicana de principios del siglo XX y en la sociedad mexicana actual, en donde cuenta con millones de fieles. Las raíces de esta devoción se encuentran en la Virgen de Guadalupe de Extremadura, de la cual eran devotos los españoles.

El relato

Según la tradición católica, el cuerpo de documentos históricos aceptados por la iglesia, y esencialmente la narración del Nican Mopohua, el llamado milagro guadalupano ocurrió de la siguiente manera: San Juan Diego Cuauhtlatoatzin, nació en 1474 en Cuautitlán, entonces reino de Texcoco. Su nombre en Náhuatl significa “águila que habla”

Ya era un adulto y padre de familia, cuando tuvo lugar su conversión. Fueron los padres franciscanos, que habían llegado a México en 1524 quienes le bautizaron. Así él adoptaría el nombre de Juan Diego, y su esposa se llamó María Lucía. Ambos fueron bautizados, junto con sus hijos y se casaron por Iglesia. Su esposa lamentablemente fallecería en 1529.

El sábado 9 de diciembre de 1531, mientras se dirigía a pie a Tlatelolco, en un lugar denominado Tepeyac, tuvo lugar la primera aparición de la Virgen María, que se le presentó como «la perfecta siempre virgen santa María, madre del Dios verdadero». La Virgen le encargó que en su nombre pidiese al obispo capitalino -el franciscano Fray Juan de Zumárraga- la construcción de una iglesia en el lugar de la aparición. Como el obispo no aceptó la idea, Cuauhtlatoatzin volvió a ver a la Virgen ese mismo día y ella le pidió que insistiese (segunda aparición).

Al día siguiente, domingo 10, Cuauhtlatoatzin volvió a encontrar al obispo, quien lo examinó en la doctrina cristiana y le pidió pruebas objetivas en confirmación del prodigio. Ese mismo día tuvo lugar la tercera aparición en la cual la Virgen María mandó entonces a Juan Diego que al día siguiente, lunes 11, fuera a verla para que le diera la señal que haría que le creyera.

El día lunes 11 Cuauhtlatoatzin no fue al Tepeyac porque halló a su tío Juan Bernardino enfermo, su tío le pidió a Juan Diego que al día siguiente fuera a Tlaltelolco en busca de un sacerdote, pues estaba seguro de que iba a morir. Juan Diego obedeció y salió muy de mañana el día martes 12 de diciembre de 1531, pero recordando que la Virgen lo tenía citado y temeroso de que lo entretuviera y no lo dejara ir en busca del sacerdote, quiso evitar su encuentro y así, en vez de seguir derecho su camino, subió por entre el Tepeyac y el cerro al que estaba unido pensando rodear el Tepeyac por la ladera que mira al oriente hasta llegar a donde ahora queda el frente de la Basílica y tomar ahí el camino de Tlaltelolco. En su camino, la virgen le salió al encuentro (cuarta aparición) y le explicó la situación de su tío. A esto respondió la Virgen María:

«Oye y ten entendido, hijo mío, el más pequeño, que es nada lo que te asusta y aflige; no se turbe tu corazón; no temas esa enfermedad ni otra alguna enfermedad y angustia. ¿No estoy yo aquí, que soy tu madre? ¿No estás bajo mi sombra? ¿No soy yo tu salud? ¿No estás por ventura en mi regazo? No te apene, ni te inquiete otra cosa; no te aflija la enfermedad de tu tío, que no morirá de ella: está seguro de que ya sanó».

Juan Diego convencido de lo que le dijo, pidió a la Virgen que le diera la señal y el mensaje para llevar al obispo.

La Virgen entonces le dijo que subiera a la cumbre del cerrito donde solía verlo y que cortara las flores que allí encontraría, invitándole a subir hasta la cima de la colina de Tepeyac para recoger flores y traérselas a ella. No obstante la fría estación invernal y la aridez del lugar, Cuauhtlatoatzin encontró varias flores entre ellas unas hermosas rosas de castilla. Una vez recogidas las colocó en su «tilma» y se las llevó a la Virgen, que le mandó presentarlas al obispo como prueba de veracidad. Una vez ante el obispo el santo abrió su «tilma» y dejó caer las flores mientras que en el tejido apareció, inexplicablemente impresa, la imagen de la Virgen de Guadalupe, que desde aquel momento se convirtió en el corazón espiritual de la Iglesia en México.

La Tilma es una especie de delantal, hecho de fibra de maguey, que tenían los indios en sus túnicas para llevar objetos.

Según la tradición católica, la imagen que hoy en día se expone en la Basílica de Guadalupe sería la misma que la de ese día del año 1531, aunque no hay certeza científica de ello.

Juan Diego no volvió a su casa sino hasta el día siguiente, pues el obispo lo detuvo un día más. Aquella mañana le dijo: «Ve a mostrarnos dónde es la voluntad de la Señora del Cielo que se le erija su templo».

Juan Diego condujo a las personas que el obispo dispuso que lo acompañaran al lugar en que se había aparecido la Virgen y en el que debería erigirse su Santuario y pidió permiso de irse, pero no lo dejaron ir solo, sino que lo acompañaron a su casa, al llegar a la cual vieron que su tío estaba perfectamente sano; Juan Diego explicó a su tío el motivo por el que él llegaba tan bien acompañado y le refirió las apariciones y que la Virgen le había dicho que él estaba curado. El tío al oír el relato de su sobrino Juan Diego, manifestó que ciertamente la misma Señora lo había sanado, puesto que a él mismo se le había aparecido (quinta aparición) y añadió que le había dicho que dijera al obispo que era su voluntad que se le llamara «la Siempre Virgen Santa María de Guadalupe».

Con el tiempo, Juan Diego, movido por una tierna y profunda devoción a la Madre de Dios, dejó a los suyos, la casa, los bienes y su tierra y, con el permiso del obispo, pasó a vivir en una pobre casa junto al templo de la «Señora del Cielo». Su preocupación era la limpieza de la capilla y la acogida de los peregrinos que visitaban el pequeño oratorio, hoy transformado en basílica, símbolo elocuente de la devoción mariana de los mexicanos a la Virgen de Guadalupe.

Juan Diego Cuauhtlatoatzin, laico fiel a la gracia divina, gozó de tan alta estima entre sus contemporáneos que éstos acostumbraban decir a sus hijos: «Que Dios te haga bueno como Juan Diego»  Cuauhtlatoatzin murió en 1548, con fama de santidad. Su memoria, siempre unida al hecho de la aparición de la Virgen de Guadalupe, atravesó los siglos, alcanzando la entera América, Europa y Asia. La fiesta de la Patrona de América Latina es el 12 de diciembre. Juan Diego fue a su vez declarado santo, por el papa Juan Pablo II.

Mientras esto ocurría, algunos teólogos europeos, vendiéndose a los intereses de los imperios, discutían si realmente los indios eran seres humanos y tenían alma. 

Con esta pseudo teología, teñida de racismo, se podría justificar la explotación de los indios, que según las leyes españolas, eran considerados “Súbditos libres del Reino”.

Mientras tanto en América, la Virgen llamaba a un indio “Juan Dieguito, el más pequeño y querido de mis hijos, no temas, soy tu Madre la siempre Virgen María la que te habla.” La Virgen María de Guadalupe tiene además el aspecto de una mujer indígena.

Sus manos están ataviadas con unas cintas negras, señal de que estaba embarazada.

De ella salen rayos solares. Eso quiere decir que la madre da la vida al Sol que es Jesús.

Apareció mientras se escuchaba una melodiosa música.

Esto para los indios era una señal de la presencia de Dios en ella.

El ángel que sostiene a la Virgen, que tiene la luna bajo sus pies, tiene alas de Quetzal, que es un pájaro muy hermoso, y que era considerado sagrado por los indios mexicanos.

 

Santa María de Coromoto, en Guanare de los Cospes

Esta aparición y su advocación es venerada en Venezuela.

A su vez, Santa María de Coromoto es la Patrona de este país.

Esta aparición ocurrida en la Diócesis de Guanare, es también la Patrona principal de la Arquidiócesis de Caracas, desde el 19 de noviembre de 2011.  Porque en ese día la Santa Sede aprobó su designación y su aparición.

 

Historia

Apareció por primera vez en las afueras de la ciudad de Guanare, fundada por los españoles en 1591.

Cuando la ciudad fue fundada, los indígenas del lugar huyeron a la selva y no querían acercarse a los colonos, ni a los misioneros españoles llegados a la región.

Era la tribu Cospe, y su evangelización fue difícil, pues los indios no querían saber nada de los misioneros, aunque estos se adentraron en la selva sin armas, pero ellos se escondían (personalmente, no los puedo culpar por eso).

Un día del año 1651, el cacique Coromoto y su esposa atravesaron una corriente de agua, y allí vieron a una Señora de extraordinaria belleza.

Ella les sonrió gentilmente, y se dirigió a ellos en su idioma, y les dijo: “Vayan a la casa de los blancos, y pidanles el bautismo y así podrán ustedes ir al Cielo”.

Casualmente un español, llamado Juan Sánchez, pasaba por allí, y el cacique le contó lo que había ocurrido.

Nuestra Señora de Coromoto es venerada tanto en la ciudad de Guanare, donde apareció en 1652, como en todo el país. Cuando la ciudad de Guanare fue fundada en 1591, los indígenas que habitaban en la región, los Cospes, huyeron hacia la selva en el norte de la nueva ciudad. Esto dificultaba la evangelización que la iglesia Católica había emprendido en toda la región. Un día de 1651, el Cacique Coromoto y su mujer atravesaban una corriente de agua y vieron una Señora de extraordinaria belleza que les dijo en su idioma: «Vayan a casa de los blancos y pídanles que les eche el agua en la cabeza y así poder ir al cielo«. Casualmente un español llamado Juan Sánchez pasó por ahí y el Cacique Coromoto le relató lo sucedido.

Sánchez entonces le pidió que se alistara con la tribu, que él pasaría dentro de ocho días a fin de enseñarles todo lo necesario para bautizarlos. En efecto, cuando regresó, los indígenas marcharon con él a un ángulo formado entre los ríos Guanaguanare y Tucupido, donde les repartieron tierras e iniciaron la catequización, a fin de prepararlos para el bautizo. Varios indígenas recibieron el bautismo, no así Coromoto, quien echaba de menos la selva donde él era libre y no tenía que obedecer a los blancos. Esto lo hizo preparar su huida del campamento. Sin embargo, el sábado 8 de setiembre de 1652, la Señora volvió a aparecer en su bohío, en presencia de Coromoto, su mujer, su cuñada Isabel y un sobrino de ésta. El cacique tomó una flecha y apuntó para matarla. Como la Señora se le acercó, Coromoto lanzó la flecha e intentó empujarla, pero ella desapareció, dejándole en la mano un pequeño pergamino con su imagen grabada.

Por la tarde del sábado 11 de setiembre de 1652, dispuso Juan Sánchez reunir a los indios que trabajaban en Soropo, en vista de lo cual el castellano instó al Cacique a que se juntara con sus compañeros y asistiera a los actos religiosos que iban a celebrarse en el caney, que para estas reuniones tenía dispuesto junto a su habitación. Coromoto se negó rotundamente a esta invitación, y mientras sus compañeros oraban, él con gran enojo y rabia intentó irse aceleradamente hacia su pueblo. Pero, habiendo transcurrido unos instantes desde su llegada a la choza junto a su esposa, su cuñada y su sobrino, la Señora vuelve a aparecer de modo visible y corpóreo en el umbral del bohío del indio. De ella salían copiosos rayos de luz que bañaban el estrecho recinto de la choza, tan potente «como el sol de mediodía», según describió Isabel, cuñada de Coromoto.

El sobrino de Isabel corrió a avisarle a Juan Sánchez, quien con dos de sus compañeros fueron al sitio donde apareció la mujer y recogieron el pergamino que dejó. La imagen fue alumbrada por Sánchez con apenas un cabo de cera negra. Esta luminaria ardió día y noche sin consumirse, desde las 12 del domingo hasta el martes por la tarde. Hecho considerado por los testigos como milagroso. Dieron parte a las autoridades civiles y eclesiásticas, quienes a pesar de no creerlo, resolvieron llevar el pergamino a la Iglesia de Guanare en 1654, donde permaneció en un relicario hasta 1987, cuando fue incrustada en el pedestal de la imagen de madera en que yace hoy día en el Santuario Nacional de Nuestra Señora de Coromoto, construido en el lugar de esta segunda aparición.

El Cacique Coromoto al ver que la Señora no había logrado nada con él, huyó a la selva, donde lo mordió una serpiente venenosa. Entonces comenzó a pedir el bautismo, el cual le fue administrado por alguien que pasaba por ahí. Al bautizarse se convirtió en apóstol entre los indígenas, pidiendo a estos que no se separaran del misionero y que se bautizaran, y luego falleció. Como consecuencia de esto, los indios cospes formaron una comunidad de fieles muy fervorosa.

Hoy en día, cerca de Guanare, en el lugar de la segunda aparición fue construido un hermoso templo, el Santuario Nacional «Nuestra Señora de Coromoto», el cual fue consagrado a esta Virgen el 7 de enero de 1996, e inaugurado con la solemne Eucaristía presidida por el papa Juan Pablo II, el 10 de febrero de 1996. Detrás del altar se encuentra la imagen de la mujer. Debajo de esta imagen está un relicario de oro, brillantes y perlas.

Estudios realizados 

Entre el 9 y 15 de marzo de 2009 la reliquia fue sometida a un tratamiento de conservación, con la aprobación de la Conferencia Episcopal Venezolana.

Valero Ruz, Obispo de la Diócesis de Guanare, en una rueda de prensa destacó que de ese modo se probó que en el mundo hay solo dos reliquias auténticas y originales: la Virgen de Guadalupe, en México, y la Virgen de Coromoto, en Guanare.

Explicó que la restauración de la reliquia fue realizada por los expertos Pablo González, Carmen Díaz y Nancy Morella Jiménez, esta última responsable de restaurar el Acta de Independencia de Venezuela, acompañados por el Sr. José Luis Matheus de la Fundación María Camino a Jesús y el padre Manuel Brito.

Igualmente el Obispo indicó que: “el proceso de restauración tardó cinco días y se efectuó en un laboratorio instalado en el Santuario Nacional en Guanare”.

El equipo interdisciplinario al realizar el estudio microscópico detectó elementos o hallazgos que hasta ahora eran desconocidos. Se comprobó la autenticidad de la Reliquia Divina como prodigio, y se encontraron hallazgos sorprendentes: presencia de varios símbolos indígenas, la Corona de la Virgen y el Niño son típicamente indígenas. Los ojos de la Virgen que miden menos de un  milímetro, tienen presencia de iris y al observar en profundidad el ojo izquierdo, tiene características de un ojo humano, se diferencia con claridad el orbe ocular, el conducto lacrimal, el iris y un pequeño punto de luz donde se pudo observar una figura humana con características especiales, hasta ahora se pensaba que los ojos de la Virgen eran unos simples puntos.

Los restauradores explicaron que: «El PH del agua donde se mantuvo sumergida la imagen por 18 minutos para ser desprendida del vidrio, dio 7. Sin embargo el agua era de color amarillento y verdoso, sin embargo inexplicabemente su PH (nivel de acidez) era neutro.

Uno de los expertos, Pablo González, explicó que: «la Reliquia está adherida en el papel, se observan trazos perfectos y en relieve, pero lo asombroso es que el papel no absorbió la tinta». «Para la época, solo existía la tinta china y está probado que ésta, al ser trazada en un papel de algodón, similar a una servilleta, no solo se adhiere sino que se expande, cosa que no ocurrió con la imagen de la Reliquia y que científicamente no tiene explicación».

Historia de su Santuario 

El presbítero José Vicente Unda reemplazó la primitiva capilla por una Iglesia más grande, la cual se terminaría de construir en 1807.

En 1942 el Episcopado Venezolano decretó y proclamó a Nuestra Señora de Coromoto, Patrona oficial de Venezuela.

En 1944 el papa Pío XII confirmó, constituyó y declaró a la Santísima Virgen de Coromoto, Celeste y Principal Patrona de Venezuela.

El 14 de mayo de 1949, la iglesia de Guanare fue elevada a Basílica Menor por su Santidad Pío XII. En ella se custodiaba la Reliquia dejada por la Virgen en la mano del indio Coromoto.

A los 300 años de su aparición, el 11 de septiembre de 1952, fue coronada su Sagrada imagen por el cardenal Manuel Arteaga Betancourt.

En 1976 bajo el patrocinio de la Congregación de las Siervas del Santísimo, junto al obispo de Guanare, se fundó la Asociación civil “Virgen de Coromoto” para construir un Templo Votivo Nacional a la Virgen, en el sitio exacto de su última aparición. Allí se trasladó la Reliquia de la Virgen, y se colocó en un lugar especial para la veneración de los fieles.

En enero de 1996 fue elevado a la categoría de Santuario por Oriano Quillici, Nuncio Apóstolico en Venezuela.

En febrero del mismo año fue inaugurado por san Juan Pablo II, en su visita a Venezuela.  Posteriormente, el papa Benedicto XVI lo elevaría a Basílica Menor en 2007.

 

Nota:

Próximamente vendrá una tercera entrega de este artículo que trata de las Apariciones.

Eduardo Ojeda.

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