ARMAS: GASTO y CONTAMINACIÓN

estudio de television durante la cop 26. una maqueta gigante de la tierra flota encima de los participantes.
COP 26: una cumbre llena de promesas…

En la COP 26, celebrada en 2021, los países desarrollados se comprometieron a destinar 100 mil millones de dólares al Fondo de Adaptación, para así ayudar a los países en desarrollo a adecuarse al cambio climático. A fines de abril de este año, el Instituto Internacional de Estudios para la Paz de Estocolmo (SIPRI) divulgó en su informe anual que, en 2021, el gasto militar mundial superó los 2 billones de dólares, cifra nunca antes alcanzada.

Los cinco países que más invierten en armamentos son los Estados Unidos, China, India, Reino Unido y Rusia. Ellos cinco representan el 62% de la cantidad mencionada, y los Estados Unidos son responsables, por sí solos, del 40% del total de los gastos en armamentos. Baste decir que el sistema de armas Lockheed Martin F-35, proyectado por los Estados Unidos para fabricar aviones caza supersónicos multifunciones tiene un presupuesto de casi 2 billones de dólares, el más elevado de la historia de la industria bélica.

El hecho es obvio: no faltan recursos para matar personas y desequilibrar todavía más el medioambiente con pruebas nucleares y la explotación de minerales para la industria bélica. Mientras tanto, se destina una mísera calderilla a evitar el desequilibrio ambiental.

En abril, un artículo publicado en The Lancet Planetary Health señalaba que entre 1970 y 2017 (¡47 años!) “las naciones de altos ingresos son responsables del 74% de la generación global de material excedente, sobre todo los Estados Unidos (27%) y los 28 países de altos ingresos de la Unión Europea (25%)”. Los países del sur del planeta son responsables solo del 8%.

El material excedente es todo lo que las empresas y el comercio consideran descartable, inaprovechable y, por tanto, es botado, como las toneladas de plástico que contaminan océanos y envenenan peces.

En los países más ricos hay mucho material excedente debido al uso frecuente de recursos abióticos, esto es, todo lo que imposibilita  la presencia de vida vegetal o animal. Los principales recursos abióticos son los combustibles fósiles, los metales y los minerales no metálicos, utilizados por esos países en gran escala. La generación de menos material excedente en los países más pobres se debe a su mayor utilización de recursos bióticos (biomasa), que son renovables, a diferencia de los recursos abióticos.

Eso demuestra que los países ricos del Atlántico Norte son culpables de la destrucción del planeta. Los autores del artículo señalan que “las naciones de altos ingresos tienen una responsabilidad abrumadora por el colapso ecológico global y, por tanto, han contraído una deuda ecológica con el resto del mundo”.

Esos mismos países son los que más invierten en la fabricación y el comercio de armas. El Pentágono -las fuerzas armadas de los Estados Unidos- “sigue siendo el mayor consumidor individual de petróleo”, dice un estudio de Brown University. “Y, como resultado, uno de los mayores emisores de gases de efecto invernadero del mundo”. Para lograr que los Estados Unidos y sus aliados firmaran el Protocolo de Kyoto en 1977, los Estados miembros de la ONU tuvieron que permitir que las emisiones de gases de efecto invernadero de los militares fueran excluidas de los informes nacionales sobre emisiones…

Los datos siguientes ponen en evidencia la desidia de los países ricos en lo que respecta a la preservación ambiental y el futuro de nuestro planeta: en 2019, la ONU calculó que la brecha anual de financiamiento para alcanzar los Objetivos de Desarrollo Sostenible (ODS) era de 2,5 billones de dólares. Destinar a los ODS los 2 billones de dólares que se dedican anualmente a gastos militares permitiría erradicar o atenuar mucho los principales factores antitéticos con la dignidad humana: el hambre, el analfabetismo, la falta de vivienda, el saneamiento, la asistencia médica, etc.

En 2021 el mundo gastó más de 2 billones de dólares en la guerra e invirtió solamente 750 mil millones en energía limpia y eficiencia energética. La inversión total en infraestructura energética en 2021 fue de 1,9 billones de dólares, pero la mayor parte de esa inversión fue en combustibles fósiles (petróleo, gas natural y carbón). Continúan las inversiones en los combustibles fósiles y aumentan las inversiones en armamentos, mientras que las destinadas a la transición hacia nuevas formas de energía más limpia siguen siendo insuficientes.

Los datos demuestran que la lucha por la preservación ambiental se vincula con la lucha por la conquista de la paz y la reducción no solo del arsenal bélico del mundo, sino también de los factores que provocan las muertes precoces de millones de personas impedidas de disfrutar de condiciones de vida dignas.

freibetto.org

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