RUSIA: HISTORIA del PATRIARCA KIRILL

una pareja joven con rostros angustiados, ella carga a su bebe y el una mochila
Bartolomé: “No se puede caracterizar esta guerra como ‘sagrada’ ”.

El periodista y teólogo dehoniano Lorenzo Prezzi, director de la revista Settimana, experto en cristianismo ortodoxo, explica en una entrevista a Il Sismografo el porqué de la conducta del patriarca ortodoxo ruso Kirill.

“El patriarca Kirill, llamado Vladimir Gundiayev, es hijo de un cura ortodoxo que había sido encarcelado por el régimen soviético y su abuelo diácono enviado al exilio en Siberia. Kirill fue elegido en 2009 como sucesor del patriarca de Moscú Alexis, hombre muy atado al poder.
Con la disolución de la Unión Soviética y la llegada de Putin al gobierno, al que Kirill definió “un milagro de Dios”, el patriarca se puso a elaborar la doctrina del “espacio ruso” en conformidad con los proyectos de Putin. Ambos querían reflotar el poder de Rusia, no para volver a la URSS sino a la Rusia imperial y zarista (la palabra “zar” en ruso significa “César”, el nombre de los emperadores romanos).
Putin privilegió a la Iglesia: presencia en la escuela y en los medios, construcción de templos (uno al año), reapertura de cientos de monasterios, cobertura política a la pretensión del Patriarcado de imponerse a la Ortodoxia mundial, defensa de los valores morales tradicionales del cristianismo frente a la decadencia moral de occidente.
Mientras tanto, ya sea Putin como Kirill imponían un nuevo centralismo, rechazando cualquier intento democrático, ahogando cualquier espacio de libertad en la sociedad civil. La amistad de Kirill con Putin, ambos provenientes de San Petersburgo, se explica también porque Kirill trabajó en los servicios secretos de la KGB, donde militaba Putin; en el régimen soviético difícilmente se podía llegar a roles públicos sin un adecuado servicio en la KGB y de paso salvar algún espacio para el trabajo de la Iglesia. Hasta se usaba el secreto de confesión para delatar a los opositores.
El Patriarcado de Moscú sometió a su jurisdicción todas las Iglesias ortodoxas de los países anexados por la Unión Soviética. Kirill quiere ahora volver como Iglesia al modelo y antiguo esplendor de Bizancio (la antigua Constantinopla) cuando había una perfecta armonía entre el emperador cristiano y la Iglesia. También ha llegado a identificar el Reino de Dios con una etnia (la rusa) que encarnaría el bien contra el mal, o sea contra la inmoralidad de occidente.
Pero más de 500 teólogos ortodoxos en el mundo han calificado esto como una “radical infidelidad al Evangelio”. Unos 400 curas ortodoxos ucranianos dependientes del Patriarcado de Moscú se han desmarcado de él y han pedido que Kirill sea depuesto de patriarca. Algo muy improbable, porque ningún obispo ruso se ha pronunciado hasta ahora contra Kirill y solo 300 curas (sobre 4 mil) se han manifestado contra la guerra”. 

El patriarca Kirill asimismo es acusado de haber robado a la Iglesia, de enriquecimiento ilícito y disponer, según sus opositores, de un capital de 4 mil millones de dólares. A pesar de que la Iglesia ortodoxa rusa es mayoritaria en el mundo (150 millones de fieles) el verdadero líder de la Ortodoxia mundial y que reside en Estambul (la antigua Bizancio), es el patriarca Bartolomé. Este ha dicho de la guerra en Ucrania apoyada por Kirill: “La guerra no es la solución a los problemas y nos preocupa la prolongación de la misma; ni siquiera debería ser el último recurso. La solución es el diálogo y solo el diálogo. Los líderes políticos rusos serán juzgados por la historia, por estas páginas escritas con la sangre de tantas víctimas inocentes. Nuestros hermanos ortodoxos rusos no pueden estar de acuerdo con esta tragedia, con esta vergüenza que estigmatizará para siempre a los que la han provocado sin tener temor a Dios. No se puede caracterizar esta guerra como “sagrada” y dejar que los hermanos ortodoxos de Ucrania sean asesinados, bombardeados y sus iglesias destruidas”.

El metropolita ortodoxo suizo Job Getda, que es copresidente con el cardenal Koch de la comisión ecuménica ortodoxa-católica dijo: “Estamos viviendo la gran herejía de la instrumentalización de la religión en favor de la razón de Estado. La Iglesia rusa se deja instrumentalizar por Putin y no tiene ni la fuerza ni la voluntad de levantar la cabeza. Vive en el miedo y deja de lado el evangelio. Es comprensible tener miedo, pero es intolerable asistir a esta masacre sin levantar una voz de protesta. La guerra, como ha dicho el Papa, nunca es santa; es un grave pecado y nada más. El mundo esperaría un testimonio de paz por parte de los cristianos, ahora divididos y enemistados”.

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