EDITH BRUCK: ESTREMECEDORA CARTA a DIOS

edith abraza al papa, cerrando sus ojos. es muy mayor, lleva cabello rubio, caravanas y anillos.Edith Bruck es una judía húngara nonagenaria que vive en Italia, superviviente del campo de exterminio de Auschwitz. El Papa ha visitado a Bruk en su casa en Roma, en febrero del año pasado, regalándole un chal de lana para protegerse del frío invierno, conmovido por sus libros y  su testimonio. Este año en enero Edith le devolvió la visita en el Vaticano con un gran abrazo.

Edith acaba de publicar su último libro: “El pan partido”, con un capítulo en el que escribe una carta a Dios, de la que extraemos algunos párrafos. “Dios, te escribo a Ti que nunca leerás mis garabatos, nunca responderás a mis preguntas y a mis pensamientos. Para mí el tiempo se acaba y cada palabra y cada línea que escribo tiende cada vez más arriba y quién sabe si no llega hasta Ti.
Soy hija de una madre que te dirigía más palabras que a los seis hijos que tenía. Éramos pobres. Te pedía de todo: zapatos, abrigo, harina, carne para el santo sábado, azúcar en lugar de sacarina para nuestro té. No había nada que no te pidiera: leña para la fría estufa, un techo nuevo, una primavera temprana, un invierno menos duro y botas para papá. Debo confesar que me irritaban sus peticiones, sus constantes conversaciones contigo. Pensaba que en esa cabaña de madera podrida, no merecerías que ni siquiera te mencionara.
Sin embargo pensé en Ti todas las noches de mi vida. Te interrogué sobre mucha cosas, pero nunca escuché tu voz, nunca me diste una sola respuesta, como tampoco se la diste a mi madre con su fe inquebrantable en Ti. Tú sabías lo que hacía mi padre para sobrevivir con una carreta prestada transportando aves de corral, incluso cerdos, al pueblo vecino para terceros. Siempre me he preguntado de qué sirven las oraciones, si no cambian nada ni a nadie. No sé si tú no puedes hacer nada, o no oyes ni ves. Sin embargo te busco en el vacío. He conocido el infierno donde el dedo del doctor Mengele señalaba que a la izquierda era para ir a los hornos  y a la derecha para ir al trabajo forzado. Ese médico ocupaba tu lugar. Tu eres el que ha de hacer justicia. La justicia es una palabra que tendría que desaparecer de los diccionarios y no debería ser pronunciada en vano, igual que tu nombre.
Tú eres el Gran Silencio, pero por primera vez te pido algo. No me dejes en la oscuridad; todavía tengo que iluminar a tantos jóvenes cuyas preguntas más frecuentes son tres: si sigo creyendo en Dios, si perdono el mal, si odio a mis verdugos. A la primera pregunta me sonrojo como si me pidieran que me desnudara.  A la segunda, pienso en tantos aniquilados que no me perdonarían. Solo para la tercera tengo una respuesta certera: odio no, misericordia sí y a cualquiera. Porque Tú eres misericordioso, clemente y compasivo”.

Al salir de las entrevistas con el Papa, Edith Bruk declaró: “Nunca cedí a la tentación de delatar o buscar revancha sobre aquellos Kapos o soldados de aquellos campos. Doy gracias a Dios de haberme salvado de la tentación del odio. Para mí es el sentido de toda la existencia: apiadarse de la vida en cada forma, en cada aliento, en cada latido”.

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