REVISTA “MENSAJE”: FEMINISMO e IGLESIA

retrato de la teologa, que sonrie mirando al costado. el fondo es violeta
«Si seguimos a Jesús también compartimos su utopía del Reino de Dios, de justicia, igualdad, amor y paz”.

La revista chilena de los jesuitas “Mensaje”, trae un artículo de la joven teóloga laica Soledad del Villar sobre Feminismo. Afirma la teóloga chilena: “Muchos justifican el patriarcado varonil porque está presente en las Sagradas Escrituras…

…Al hablar de la Biblia, hay que tener presente que sus autores humanos fueron todos varones o grupos de varones. Hace miles de años atrás era casi imposible para una mujer leer y escribir. Por eso en la perspectiva de la mayoría de los textos antiguos con que contamos, y por ende de sus comentaristas en la historia, la mirada predominante ha sido la de los varones.
Se pudo deshacer este nudo cuando después del Concilio Vaticano II  por primera vez las mujeres pudieron estudiar teología en igualdad de condiciones que los varones; eso fue recién en los años  sesenta del siglo pasado. A partir de ese momento las mujeres pudieron hablar de teología, de Dios, de la Tradición desde una perspectiva feminista y empezaron a releer los textos bíblicos con ojos críticos.
Hay actualmente un grupo importantísimo de teólogas que si bien reconocen que venimos de una tradición marcadamente patriarcal, aún dentro de esa tradición hay elementos que podemos deconstruir y también otros que nos permiten reconstruir sobre otras bases. No hay que reducir el feminismo solo a demandas sobre sexualidad o aborto; sería una caricatura del feminismo.
Si bien el aborto ha sido un tema central en muchos grupos feministas, la lucha más grande hoy  es contra la violencia sexual y los abusos. Lo fundamental es la dignidad de la mujer como persona, la igualdad entre varones y mujeres. Valemos no porque somos útiles a la sociedad, porque somos buenas esposas y buenas madres sino porque somos seres humanos y tenemos derecho a  que nuestro cuerpo sea respetado y poder vivir sin miedo.
Como cristianas sabemos que somos iguales por el bautismo (Gal 3.28). Sin embargo tenemos la sensación de ser ciudadanas de segunda categoría en la sociedad y en la Iglesia.
En Chile por ejemplo se conoce lo que ha hecho la Vicaría de la Solidaridad  en los tiempos más duros, el cardenal Raúl Silva, el obispo Enrique Alvear, el cura Mariano Puga, pero las que estaban haciendo el trabajo de hormigas en las bases, eran en su mayoría mujeres; y esto no se destaca.
Hoy el movimiento feminista ha avanzado mucho en la sociedad, fruto de una larga lucha contra la violencia familiar, por igualdad de oportunidades, por una educación no sexista etc. En la Iglesia vemos la necesidad de una manera distinta de creer, de ser Iglesia, de leer la Palabra; una nueva manera de encarar la sexualidad, la familia etc.
Pedimos que nuestras ideas y puntos de vista sean incluidos en todas las esferas, en los espacios de poder y toma de decisiones de los cuales hemos estado históricamente excluidas. La dignidad de la persona y la vida humana no hace distinciones de género, orientación sexual, clase, raza o país. Si seguimos a Jesús también compartimos su utopía del Reino de Dios, de justicia, igualdad, amor y paz”.

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