Memoria de Julio Spósito Vitali

Libia Vitali y Julio Spósito Vitali
Un joven cristiano que luchaba por la justicia,
y una admirable madre con mucho coraje, y ternura.

tres hombres y tres mujeres estan a punto de descubrir una placa, que esta cubierta con banderas. Libia es muy mayor, y se la ve emocionada
Libia, segunda desde la izquierda, durante un homenaje anterior.

El  pasado martes 22 de febrero se recordó la memoria de Julio Spósito Vitali, un jóven mártir estudiantil, que con tan  sólo 19 años -en 1971- cayó abatido por una bala que le dio en la espalda. La bala era de esas que se fragmentan en el interior del cuerpo del baleado. Ingresó a su corazón y no hubo remedio.

El hecho ocurriría el miércoles 1º de setiembre de 1971, frente a la Facultad de Química de Montevideo, en la intersección de Gral. Flores  y Yatay.  Era una hermosa mañana soleada en vísperas de la primavera.

Primavera que Julio no pudo ver.

Julio participaba de una manifestación estudiantil que protestaba por la detención ilegal de dos jóvenes militantes, Hector Castagneto y Abel Ayala, que luego integrarían la lista de detenidos desaparecidos de Uruguay. Un escuadrón parapolicial les había secuestrado.

En eso llegó la policía con sus tanquetas (las conocidas “Chanchitas”) y empezaron a arrojar gases lacrimógenos, y también balas.  La gente se dispersaba.

Julio y otro de sus compañeros, intentaron ayudar a una joven estudiante que se había desvanecido a causa de los gases, la levantaron del suelo y la llevaban apresuradamente a la Facultad de Química.

Pero la policía empezó a disparar, y Julio cayó abatido.

Pagó con su vida su intento de ayudar a esa compañera, y su valiente protesta en contra de las injusticias, que con los años siguientes se transformarían en un verdadero terrorismo de Estado; y en una dictadura sangrientaa que asolaría a Uruguay entre el año 1973 y 1984 del siglo pasado.

 

Martes 22 de febrero de 2022 a las 19hs. 

Allí en el centro cívico del shopping de Costa Urbana, en la Ciudad de la Costa, en un salón bastante amplio se hizo la presentación del libro:  “Julio Spósito, una vida que sigue latente.”

Libia su madre, la autora,  no habló con palabras. Estaba muy conmovida, allí en el centro de la mesa en la cual estaban sentados sus hijos, y amigos, compañeros del M. I. Y.A. (Movimiento de Infancia y Adolescencia) un movimiento católico surgido de la Acción Católica de Jóvenes que trabajaba con los niños y adolescentes evangelizando y apoyando a los gurises.

También había militantes del FER (Frente estudiantil revolucionario) donde Julio participó activamente .

Estaban también los que como yo, lo conocíamos de los encuentros de MIYA que se hacían en la parroquia de San Juan Bautista, o en la Academia Cristo Rey en la calle Gral. Flores e Industria, donde los educadores del MIYA, de Montevideo, nos reuníamos para coordinar actividades realizadas.

En los pequeños recreos, guitarreábamos con él. Tocaba la guitarra maravillosamente, y cantaba muy bien. Era un hombre lleno de alegría.

Libia, no hablaba mucho, casi no habló, hablaron sus hijos, los que integraban la comunidad de su Parroquia…también hablaron aquellos que no lo conocieron personalmente pero testimoniaban que lo sentían vivo a través del testimonio admirable de su madre, y de los que lo conocían en el encuentro.

Libia habló todo el tiempo pero sin palabras; con su mirada llena de agradecimiento y ternura, hacia los que estábamos allí en la presentación de su libro. Ese libro escrito por su madre, con el aporte de testimonios de amigos, y hermanos de Julio, que lo conocieron.

Al final casi llorando Libia habló con voz entrecortada:  “Les agradezco a todos ustedes su presencia, y sus testimonios.  Siento a mi hijo, más vivo que nunca, aquí entre todos nosotros.”

Dijo algunas cosas más, muy pocas, siguió agradeciendo.

Luego….. un atronador aplauso siguió… nos pusimos de pie y aplaudimos a esa maravillosa mujer, y madre, que siembra esperanza, y vive la esperanza del Reino del Señor, y que como me dijo una vez: “Julio no murió, sigue entre nosotros, me sigue acompañando cada día; por eso he decidido hacer lo que él hizo, trabajar con los más humildes y necesitados, ese es el homenaje mejor que le puedo hacer a mi valiente hijo.”

Eso se lo escuché  decir en una ocasión en la década del 90 del siglo pasado,  donde grabé un video entrevistándole y haciéndole un reportaje. Recuerdo al Padre Eliomar Carrara, en ese entonces Vicario de Pastoral Juvenil, tratando de hacer que la cámara de Video funcionara.

No me olvido de sus palabras.

Era una mujer tan admirable como su hijo, que ahogó en su ternura, todas las tentaciones de odiar a los que habían dado muerte a su hijo.

Libia nunca se dejó vencer por la tentación del odio, o el deseo de venganza.

“No te voy a mentir, tuve la tentación de odiar a su asesino, pero al recordar a mi hijo, y su amor, me olvidé de esto. El día de su sepelio, mientras lloraba frente a su tumba, pensé en él, y supe que Julio jamás querría que su madre cayera en desesperación o en deseo de venganza, y allí mismo, oré por sus asesinos, porque sabía que lo necesitaban, y por mi querido hijo, y sus compañeros que lloraban allí junto a mi. 

Ese mismo día tomé la decisión de seguir luchando como había hecho mi hijo, y seguir en la tarea de construir el Reino de Dios.  Se que Julio quería esto. ” 

En el acto de presentación del libro no dijo nada de esto, pero en su rostro, lleno de ternura y agradecimiento ya lo decía todo. Cualquier otra palabra estaría de más.

 

Datos sobre Libia y Julio

Libia Vitali nació  el 24 de junio de 1929 en Manga, Montevideo. Cursó la primaria en la escuela Nº 153 de Toledo Chico.

Estudió Magisterio, que era desde pequeña su vocación. Lo hizo con mucho trabajo, aunque a nivel intelectual fue una brillante estudiante.  Vivía lejos de la capital, y los traslados desde su casa en ómnibus con el centralismo Montevideano, le costaban bastante.

Se recibió a los 19 años, y trabajó en las escuelas de La Teja, Hipódromo, Cordón, Pocitos, y Barrio Lavalleja.

Se casó con Julio Spósito, su compañero de toda la vida, que tenía una imprenta y un negocio de diarios y revistas, en el cual su hijo Julio, trabajaba colaborando con la familia.

Cuando le pusieron en su escuela a una directora que era esposa de un militar, no aguantó más y se jubiló.

Pero siguió trabajando como maestra, gratuitamente, en el barrio Lavalleja, con los niños que vivían en el asentamiento. Esto lo  hacía con los jóvenes de la parroquia San Juan Bautista.

La muerte de su hijo le cambió la vida, pero no fue la única lucha contra la violencia y el terrorismo de Estado.  Tuvo que lidiar con el atropello cuando sus dos hijos Roberto y Enrique fueron presos.

Su esposo hacía panfletos contra la dictadura, y dando argumentos para votar a favor del NO en el  plebiscito de 1980, que marcó una hazaña histórica del Pueblo Uruguayo, que rechazó una reforma constitucional, por medio de la cual los militares querían perpetuarse en el poder.

Su esposo, por emitir estos panfletos terminaría en la Jefatura, en averiguaciones, y allí Lidia lo visitaba y le llevaba frazadas, comida,  alimentos y libros.

Nunca dejó de luchar.

El libro que escribió Libia no es una biografía de su hijo, sino un homenaje testimonial, que recoge además de los poemas y testimonios de sus hermanos, conocidos y el propio Julio, el cálido mensaje de una madre que siente muy cerca a su hijo, vivo y presente en su vida.

 

Julio César Spósito Vitali

Nació el 22 de enero de 1952. Era el mayor de 5 hermanos*, e hijo de Libia y Julio.

Estudiaba bachillerato de Ingeniería en el Instituto Alfredo Vázquez  Acevedo (IAVA) cuando falleció a los 19 años.

Además de estudiar, trabajaba en el Quiosco de revistas y en la imprenta de sus padres.

Era muy laborioso, buen estudiante e hijo.  Muchas veces, siendo ya un adolescente, cuidaba de sus hermanos y ayudaba a sus padres.

Integraba los grupos de JEC  (Juventud estudiantil católica) y era educador del MIYA

Además de esto militaba en el gremio estudiantil, e integraba el FER (Frente estudiantil revolucionario)

Estudió guitarra, y usaba sus conocimientos para animar las reuniones y las misas de la parroquia San Juan Bautista.

Julio también militaba en el Partido Demócrata Cristiano.

Pertenecía al Equipo Coordinador del MIYA, (yo lo conocí en estos encuentros que se organizaban a nivel de Montevideo)

Más de una vez me uní a las guitarreadas que Julio organizaba en el tiempo libre de las jornadas del Movimiento.

A mi me gustaba mucho un tema de los Olimareños “Cielo del 69”

Cuando comenzaba la guitarreada, Julio me tomaba el pelo y me decía:  “Ojeda, te leí la mente, vos queres que toque Cielo del 69 ¿No?” Luego me regalaba su sonrisa….

Escribía poemas, componía oraciones para las reuniones de grupo, hasta compuso canciones.

En fin, lo demás ya lo sabemos, sabemos cómo se terminó su vida.

Pero su recuerdo permanece. No es posible olvidar a un testigo de Cristo tan luminoso, y tan coherente.

 

Testimonios

 

Aquel día… Mañana de agosto

¡Qué flaco estás Julio—te dije–  y me acerqué a tus ojos, como interrogando….

Y sé que llegué más allá de un simple mirar, porque tu mirada azul, me respondió también desde un profundo y sereno más allá.

Efímero fue el instante y sin palabras.

“Soy lo que piensas, Estoy para lo que estoy. Llevo a Cristo dentro.”

Ese fue tu silencio respondiendo, y mi silencio comprendiendo. No hubo más, no hacía falta.

Volví sobre mis pasos y me alejé.

Hoy no puedo olvidar ese día. Porque es para mi  Luz y Verdad.

Me preocupaban sus escasas horas de sueño, su esfuerzo constante, su sacrificio sin límites, siempre haciendo o pensando algo para los demás. 

Libia Vitale

 

Un joven de profunda fe

Julio tenía una personalidad bien definida. Su individualidad estaba dada en gran parte, por su permanente alegría.  Recuerdo su imagen, llena de vitalidad, su melena y bigote desaliñado, el medallón sobre su pecho.

Se pasaba la mitad de su vida en la parroquia. Acá  le vimos crecer, desde su niñez en el MIYA, y  hasta ahora siendo dirigente del movimiento.

Los niños y sus compañeros lo rodeaban  cuando tocaba la guitarra. Sus padres también estaban muy vinculados a la parroquia, y colaboraban con los sacerdotes en muchas actividades pastorales.

Por eso lo velamos aquí en la parroquia, celebrando también una misa de despedida. Era un miembro muy querido en la comunidad.  Junto a nosotros celebraron 30 sacerdotes, un acto profundamente cristiano. Hemos pedido por todos, y también por los que mataron a Julio.

Nuestra actitud no tiene ningún otro significado. Espero que todos los cristianos, lo puedan comprender.

Pbro. Haroldo Ponce de León. Párroco de Julio.

(Nota:  El Padre Ponce fue criticado y acusado por algunas personas de hacer un acto político al velar a Julio, por eso su deseo de que los cristianos comprendan el gesto)

 

Un excelente compañero

“Era un excelente compañero, inquieto, inquisidor, exigente consigo mismo, y con los demás.

Estaba entregado a lo que hacía con sencillez y simplicidad, y en busca siempre de algo mejor que dar, que compartir y construir. Pobre y desprendido.

Audaz en lo que buscaba, sincero y leal con todos, reconociendo sus errores y corrigiéndose.

Alegre, tan profundamente alegre, que ni en las más grandes dificultades, se le veía desaparecer esa alegría profunda, sostenida, interior.

Preocupado por todos, cariñoso en la amistad,diría que estaba buscando ser un cristiano íntegro, de una sola pieza, aún cuando no pudiera dar respuesta a todos sus interrogantes. Y por esa búsqueda se entregaba a la militancia. Rubricando su manera de ser, de vivir, de actuar, entregado a su ideal y a sus hermanos.

No se destacaba por los verbalismos teóricos, pues demostraba sus ideas en la acción constante y disciplinada, vivida en diversos campos, en todos los frentes donde se luchaba por la verdad, la justicia, por la liberación del hombre.

Palabras de la homilía realizada por el Presbítero Oscar Adolfo Chapper,
en su misa de despedida en la parroquia San Juan Bautista.  

 

Un clavel desgarró la tarde. 

Un clavel desgarró la tarde
soñando sobre el asfalto…
era blanco mirando el azul.
Era tierno, posado en la dureza,
era canción desafiando el silencio
Y era silencio en el silencio….

Era sonrisa en el alba primaveral
era un clavel de setiembre
De savia joven y clara
De pétalos blancos
…clavel, muchacho, sonrisas…

Un clavel desgarró la tarde
soñando en el asfalto
Es canción desafiando al silencio
Es silencio en el silencio

Bajo del cielo hasta nosotros
Blanco  y denso
de nada
no es el setiembre
que espera la delicada primavera.

No es el setiembre de arrolladora tibieza,
de los trinos, alegres y libres
de los vuelos flácidos de las palomas
El Cielo tendió su manto hacia la tierra
para que no olvidemos que un día, el horizonte fue rojo
de clavel y rosa
de espinas y flores,
de silencio y canto, para que no olvidemos.

Roberto Spósito (hermano de Julio). Poema compuesto el primero de agosto de 1976.

 

Eduardo Ojeda.

*FE DE ERRATAS: Julio era el mayor de 5 hermanos, no de 3 como decía nuestra versión anterior del artículo.

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