ISLAM: ¿SERÁ la RELIGIÓN PREDOMINANTE?

“La reforma de la ley islámica vendrá por la escolarización y la lucha no violenta” (profesora Elham Manea)

Según un informe de Pew Research Center los 1.800 millones de musulmanes registrados en 2015, aumentarán en un 70% para el 2060, llegando a 3 mil millones. Actualmente son el 25% de la población mundial. Es la religión de más rápido crecimiento en el mundo, ya que tiene la población más joven y más prolífica.

Ya es predominante en Oriente Medio y África del Norte; pero también los países asiáticos albergan algunas de las poblaciones musulmanas más grandes del mundo.
En la India son el 14% de la población total; es la segunda población musulmana más grande después de Indonesia, en Asia.
El Cristianismo (católicos, protestantes y ortodoxos) sigue siendo la religión más difundida en el mundo con sus 2.400 millones de seguidores y representa el 31% de la población mundial.
Las tres poblaciones oficialmente más cristianas se encuentran en Estados Unidos, Brasil y México.
La tercera religión más grande del mundo es el Hinduismo con sus 1.200 millones de adeptos que representan el 15% de la población mundial y se concentran fundamentalmente en la India.

A muchos el ascenso del Islam los asusta porque confunden Islam con islamismo.
Lo explica Elham Manea, una profesora yemení suiza, nacida en una familia musulmana del Yemen y ahora profesora universitaria en Zurich (Suiza) donde reside. Escribe: “Hay que tener en cuenta antes que nada las distintas realidades que hay en el mundo islámico (hay 56 países miembros de la Organización para la Conferencia Islámica). Y también  que el Islam no posee una interpretación única y autentica del Corán; que la mayoría de los estados islámicos son confesionales; religión y estado forman una sola cosa y la ley civil se modela, con mayor o menor intensidad, sobre la ley religiosa de la “Sharia”.
En las “madrazas” o escuelas coránicas,  también en Europa, no se transmiten los valores humanistas de igualdad, tolerancia, libertad y pluralismo religioso. El extremismo y terrorismo islámico se dan porque todavía la religión islámica no ha pasado por un proceso de reforma; y por eso es un objetivo fácil para la manipulación política. Pero hay también un islamismo no violento, fundamentalista, que considera a occidente como enemigo y tiene una interpretación de la religión rígida e intolerante.
Si se quiere combatir el islamismo en estas dos formas, hay que encarar un proyecto a largo plazo que es la reforma teológica de la religión islámica y este cometido debe ser responsabilidad de los propios musulmanes, no importado desde el exterior. Es necesario separar la religión de la política y admitir una laicidad positiva del estado. Este será un proceso difícil y doloroso, que llevará mucho tiempo. Hay un sustrato universal de valores humanos  que todos tendríamos que acatar, una serie de derechos humanos básicos.  En particular, hasta que no se reconozcan los derechos de las mujeres en el sistema, este no será corregido.
La reforma de la ley islámica vendrá por la escolarización y la lucha no violenta. La Sharia es incapaz de resolver los problemas que surgen en la sociedad de hoy. Se precisa una interpretación de la Sharia adaptada a la modernidad. No es una ley hecha por Dios sino por los hombres y se precisan leyes civiles que protejan los derechos humanos de todos. No hay que confundir  la religión musulmana con el islamismo, aunque los islamistas quieran hacer aparecer sus reivindicaciones como si fueran las de todos los musulmanes. El islamismo es una ideología totalitaria de extrema derecha. Ellos hablan de libertad, pero las mujeres debemos llevar el velo y vestir como ellos quieren. Dios no tiene nada que ver con lo que me visto o pongo sobre la cabeza”.

Algo se mueve en el Islam, como se constata en el documento de Abu Dhabi sobre la Hermandad Humana firmado por el papa Francisco y el Gran Imam Al-Tayeb. Una de las máximas autoridades del Islam en Francia, Hocine Droviche, hizo un llamado a sus correligionarios para poner al día la doctrina musulmana.  Dijo: “Las actuales traducciones del Corán no son fieles a los textos originarios e introducen textos posteriores que solo siembran rencor y violencia. Millones de personas han sido asesinadas en nombre de esos textos que solo transmiten venganza. No hacer esta reforma, hoy indispensable, sería complicidad con los crímenes  cometidos y una traición al Islam”.

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