CAMINO SINODAL: COMENTARIOS en la RUTA

imagen de una celebracion en una capilla del vaticano. en los bancos de más atrás se distingue de espaldas, la figura del papa
“El cambio no se improvisa; no es cosa de un día”.

Para el teólogo de la diócesis de Bilbao (España) Jesús Martinez Gordo, “en la primera etapa diocesana que se empezó el 16 de octubre, la única consigna es: escuchar. Escuchar a los católicos, a la gente de buena voluntad que lo desee, sobre cómo se sienten en la Iglesia, lo que les resulta insoportable en ella, porque la han abandonado o piensan hacerlo y que es lo que cambiarían. No debe haber ni censura ni autocensura…..

…Francisco pretende poner las bases para una Iglesia distinta de la actual (“no otra Iglesia sino una Iglesia otra”, como decía Yves Congar). Hay católicos que dicen que este Sínodo no va a servir para nada, porque los que decidirán serán el Papa y los Obispos. Lo que cada uno aporta será como una gota en el mar. Sin embargo no hay que dejar solo a Francisco cuando nos pide esa gota de participación, por mínima que nos parezca. Cuando esa gota se una a otras cientos de millones puede acabar por formar un océano. Francisco es el primer Papa que se toma en serio que la Iglesia no es solo cosa de curas, religiosas y obispos sino de todos los bautizados. Lo que afecta a todos debe ser diagnosticado, evaluado y decidido por todos; y esto es casi una revolución en la Iglesia”. 

Desde el tiempo del Concilio, el número de obispos se ha duplicado en el mundo, dificultando quizás una nueva asamblea de ese tipo, pero el camino  de la sinodalidad lo abrió el mismo Concilio dando relieve a las Iglesias Locales y a las Conferencias Episcopales. De allí viene este Sínodo descentralizado, donde la periferia pasa a ser el centro. Es el mayor proceso de consulta democrática en la historia de la Iglesia.

Escribe el teólogo Jesús Espeja: “El Concilio habló de la Iglesia como Pueblo de Dios, y sin embargo se sigue privilegiando la imagen de una Iglesia como sociedad de desiguales donde unos mandan y otros obedecen, unos enseñan y otros aprenden, unos celebran y los demás asisten. El cambio no se improvisa; no es cosa de un día. Exige, como dijo el  Papa, una “conversión”, un largo proceso de sanación que irá más allá de este pontificado, a través de la predicación, la catequesis, la liturgia, la misma organización de la Iglesia. Lo que se debe hacer es ponerse en este camino resueltamente. Los laicos parecen ser hoy el equipo suplente frente a la escasez de sacerdotes; son una categoría eclesial de segunda división. Hay que pasar de un Sínodo sobre sinodalidad a la sinodalización de toda  la Iglesia. Este Sínodo  no será tan solo un evento de obispos, sino   un proceso que involucra a toda la Iglesia, fruto del “aggiornamento” iniciado por el Concilio. Estamos todavía lejos de haber sacado las consecuencias de que toda la Iglesia es un único Pueblo de Dios”.

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