CATEQUESIS de ADULTOS: NACIMIENTO de JESÚS DESDE la HISTORIA

actor que representa a jesus en the chosen. con una sonrisa y manos atras mira compasivamente hacia abajo
Fotograma de la serie «The Chosen».

Nadie hoy niega la existencia histórica de Jesús de Nazaret. Explicar el fenómeno histórico del Cristianismo negando la existencia histórica de Jesús sería absurdo. Hay hasta documentos no cristianos de la época de Jesús, como por ejemplo los escritos del historiador judío Flavio Josefo que hablan de Jesús y de los cristianos o los relatos del gran historiador romano Tácito.

A nivel cristiano, además de los libros del Nuevo Testamento, hay una gran cantidad de otros libros escritos a fines del primer siglo y comienzos del segundo. Pero sobre el nacimiento de Jesús hay escasez de fuentes. Las únicas son las contenidas en los evangelios  de Mateo y Lucas, que tienen un carácter muy teológico. Los evangelios “apócrifos” (=ocultos) que no forman parte del Nuevo Testamento, sobre todo los que conciernen a la infancia de Jesús, no tienen casi valor histórico y muchas veces son relatos fantasiosos, milagreros e irreales.
Según Mt 2,1 Jesús vino al mundo bajo el reinado del rey Herodes que con el apoyo de los romanos reinó desde el año 37 hasta el año 4 antes de Cristo. ¿Cómo pudo por lo tanto Herodes intentar asesinar al niño Jesús en Belén si este todavía no había nacido?. Por lo tanto, si la masacre de los niños de Belén fue obra de este rey, conocido por su crueldad, significa que el nacimiento de Cristo ocurrió por lo menos seis años antes de lo que establece nuestro calendario.
Lucas nos dice que Jesús empezó su vida pública en el año 15 del emperador romano Tiberio Cesar (Lc 3,1) y que ya tenía unos treinta años de edad (Lc 3,23). Sobre este dato el monje Dionisio el Exiguo en el siglo sexto después de Cristo, por encargo del papa Juan 1°, calculó los años transcurridos después de Cristo dando lugar al calendario cristiano que tenemos ahora. Pero se equivocó porque sabemos por el historiador Flavio Josefo que el rey Herodes murió el año 4 antes de Cristo. Por lo tanto, al comenzar su vida pública Jesús tendría unos 34  y al morir en Jerusalén unos 37 años.

La fecha del 25 de diciembre como día del nacimiento de Jesús fue establecida recién en el año 354 después de Cristo por el papa Liberio en Roma. Entre los romanos ya existía la fiesta invernal del 25 de diciembre como día del Sol Invicto (la noche anterior era la más larga del año) y el sol y los astros eran  divinidades para los romanos.
Ya el emperador cristiano Constantino había declarado festivo el primer día de la semana que era el día del sol ( y después venían los días de la luna, martes, etc.), porque para los cristianos el verdadero Sol y Dios era Jesús y ese día se lo llamó “dies dominica” (día del Señor), lo que hoy es el domingo. Por lo tanto no conocemos la fecha exacta del nacimiento de Jesús.
Este desconocimiento no es exclusivo para el caso de Jesús; se ignora la fecha de nacimiento de la mayoría de los grandes personajes de la antigüedad. Lo que sabemos con seguridad es la fecha de la muerte de Jesús: el viernes 7 de abril (nisan) del año 30 después de Cristo.
No se conoce en la historia tampoco el censo del que habla Lucas (2,1-2) durante el reinado de Cesar Augusto. Según las crónicas históricas jamás hubo un censo que abarcara todo el mundo en tiempos del emperador Augusto. Es cierto que cuando se creaba una nueva provincia en el imperio, Roma llevaba a cabo allí un censo con vista a los impuestos. Fue el caso de Siria y del nuevo legado imperial Quirino; y Judea dependía de la provincia de Siria. Pero ese censo se hizo el año 6 después de Cristo, una decena de años después del nacimiento de Jesús.

Estos datos rigurosamente históricos no modifican en nada el mensaje religioso transmitido por los evangelistas  que no son historiadores. Es bueno recordar que en la Biblia hay libros históricos pero no toda la Biblia es historia y en el Nuevo Testamento hay un libro histórico (Los Hechos de los Apóstoles), pero los cuatro evangelios no son libros de historia ni biografías de Jesús. Son la proclamación de la “buena noticia” (“evangelion”, en griego) de Jesús. Su gran objetivo es presentar a Jesús como el Mesías Hijo de Dios y su mensaje, sobre la base de hechos y tradiciones fundamentalmente históricas. No se descartan errores históricos, científicos u de otro género en la que llamamos Palabra de Dios porque esta no ha sido dictada por Dios, sino escrita por hombres inspirados por Dios, pero con los conocimientos y la cultura de su tiempo.

 

¿DÓNDE NACIÓ JESÚS?
Mateo y Lucas afirman que Jesús nació en Belén (Judea), a ocho kilómetros de Jerusalén. Sin embargo Marcos y Juan lo llaman “Jesús de Nazaret” o “el hijo de José  de Nazaret” (Jn 1,45) como si hubiera nacido en aquella localidad. Esa es “su tierra” (Mc 6,1 y 4). Al contrario de Belén, patria de David, Nazaret era una aldea insignificante en la montaña de Galilea que no se nombra en ninguna parte del Antiguo Testamento. Flavio Josefo nombra a 54 pueblos y ciudades de Galilea, pero no a Nazaret. Que el Mesías proviniera de allí provocaba asombro y escándalo entre los judíos (Jn 7, 41-42 y 52).
Natanael pregunta: “¿Acaso de Nazaret puede salir algo bueno?” (Jn 1,46). Jesús terminó siendo llamado “el nazareno” con desprecio y así figuró en el cartel sobre la cruz.
El Mesías esperado por los judíos debía ser un descendiente del rey David que era de Belén. Para Mateo (Lucas sigue a Mateo) que se dirigía a los judíos cristianos, era sumamente importante la descendencia davídica de Jesús para demonstrar que Jesús era el Mesías esperado. Era la prueba del mesianismo de Jesús; Jesús era el Mesías prometido, descendiente del rey David. Mateo le dedica tan solo una frase al nacimiento de Jesús (Mt 1,25). Por otra parte habla ampliamente de la visita de los magos, la masacre de los inocentes, la huida a Egipto y el regreso. Relaciona estos episodios con otros de la historia de Israel para demostrar que todo eso era figura del nuevo Moisés, que era Jesús.
Repetidas veces se encuentra esta expresión en Mateo: “todo esto sucedió para que se cumpliera lo que Dios había anunciado por los profetas” (Mt 1,22; 2,5). No es de extrañar por eso que muchas veces en los evangelios se entremezcle la historia con la interpretación teológica de los hechos, a la luz del Antiguo Testamento. En definitiva, si Nazaret fue el lugar de nacimiento de Jesús o lo fue Belén, tiene importancia relativa porque el mesianismo de Jesús no tenía nada que ver con el mesianismo de los judíos que esperaban a un rey político y nacionalista que los liberara de la dominación romana y doblegara a todos sus enemigos.
El hecho histórico clarísimo es que Jesús nació, más allá de cualquier previsión, en un ambiente pobre y marginal, entre campesinos y pastores que apacentaban sus rebaños. Esos pastores constituían una clase despreciada  porque su profesión era considerada impura ante  la Ley y ellos eran marginados social y religiosamente por no conocer la Ley. No eran gente devota que iba al templo, y tenían mala fama. Sin embargo fueron los primeros en recibir la buena noticia y también en anunciarla. Como María visitando a Isabel, fueron a toda prisa a Belén para encontrar al niño.

La característica de la “encarnación” de Dios que más salta a la vista, es que nació en la pobreza y la marginalidad, en el más absoluto anonimato y entre los más pobres. La única señal de su venida fue la de “un niño envuelto en pañales y acostado en un pesebre” (Lc 2,12). Dios no se manifestó entre truenos y relámpagos como en el Sinaí, ni desde un palacio de Jerusalén o desde el templo, sino como un niño frágil y tierno desde la humildad de un pesebre.

 

VIDA  DE NAZARET
Los cuatro evangelistas concuerdan en que Jesús creció y desarrolló su infancia y juventud en Nazaret. A Jesús le pusieron el nombre de “Yehshuá” que en hebreo significa Josué (=Dios salva). Familiarmente se le abreviaba el nombre llamándolo: “Yeshú” y de allí pasó a ser Jesús.
Lo de “Cristo” no es un apellido ni un apodo; significa en griego el “Ungido”, es decir el Mesías. Jesús creció rodeado por un clan familiar, que no era la familia de hoy sino una familia patriarcal, mucho más extendida porque abarcaba el parentesco. Por eso se dice que Jesús tenía cuatro hermanos y algunas hermanas (Mc 6,3); pero solo a Jesús se lo llama “hijo de María”.
Jesús nunca se movió de Nazaret durante esos años y vivió una vida normal como todos los niños y adolescentes. No hacía milagros como cuentan los evangelios apócrifos. Él también iba creciendo en sabiduría (Lc 2,52 ) como todos. Por eso cuando se presentó en público con una sabiduría fuera de lo común, los paisanos que lo conocían se sorprendieron: “¿De dónde saca todo esto?, ¿no  es el carpintero, el hijo de Maria?” (Mc 6, 2-3). Ellos no hablan de Jesús hijo del carpintero porque José murió muy pronto y nunca aparece en la vida pública de Jesús. Jesús asistió como todos los niños a los ciclos básicos escolares en la sinagoga de Nazaret donde aprendió a leer y escribir. Aprendió la Biblia sobre las rodillas de su madre y en la sinagoga, pero no fue a ninguna escuela de escribas, ni fue discípulo de ningún maestro o doctor de La Ley. Jesús no era sacerdote; para su pueblo Jesús era laico. Será reconocido más tarde como profeta y se lo llamará “rabí” (= maestro) porque enseñaba en las sinagogas (Mt 4,23).
Al llegar a los 12 años los chicos terminaban los estudios básicos y los que no podían inscribirse para estudios superiores por ser pobres, aprendían de sus padres el oficio para ganarse la vida. Marcos, el evangelista más antiguo, clasifica a Jesús como carpintero, una profesión que gozaba de poco prestigio en aquella época. Sin embargo la palabra griega “tekton” significa mucho más que carpintero. Significa “artesano” que puede ser un trabajador manual de la madera, de la piedra o del hierro. A 5 kilómetros de Nazaret se estaba construyendo en aquella época la ciudad de Séforis, que sería la sede del rey Antipas; Jesús pudo haber trabajado allí, ya que en su aldea el trabajo escaseaba. Seguramente Jesús experimentó la falta de trabajo y la angustia del mañana. Compartió la vida de su gente, la marginación, la explotación, el hambre. Su vida era como la de los jornaleros que buscaban todos los días cualquier tipo de trabajo dentro o fuera del pueblo; no tenía la seguridad de los campesinos que cultivaban sus propias tierras.

La vida de Jesús en Nazaret fue una vida oculta; no tuvo nada de extraordinario o prodigioso como la pintan algunas leyendas. De estos largos años de anonimato (el 90% de su existencia) Jesús nunca se arrepintió como si hubieran sido años perdidos, inútiles. Esto manifiesta a las claras el valor que Dios le da a la familia, al trabajo diario, a la buena vecindad y a las pequeñas cosas de la vida, encaradas con responsabilidad y amor.
Un hecho importante fue su vinculación con otro personaje histórico, Juan el bautizador; por él fue bautizado.  Momentos difíciles tuvo que pasar Jesús cuando decidió no casarse ( el matrimonio era una bendición de Dios para los judíos) y entre tantos insultos seguramente recibió el de “eunuco”, que lo asociaba con un grupo marginal de hombres considerados impuros.
Abandonó además el clan familiar para establecerse en Cafarnaúm en la casa de Pedro y Andrés. Quería fundar una nueva familia, la “familia de los hijos de Dios” (Lc 8,21). No rechazaba su familia carnal, pero esta pasaba a un segundo plano. Sin embargo, para el clan era una vergüenza y lo acusaron de “estar fuera de sí” (Mc 3,21), considerándolo como loco. Igual que los demás habitantes de Nazaret, tampoco sus parientes creyeron en él.
El único hecho que destaca Lucas (2,41-50) en esta vida insignificante de Nazaret es la peregrinación (que duraba tres días) a Jerusalén de Jesús a los 12 años con su clan familiar. A esa edad ya al chico se lo consideraba responsable y se le tenía confianza; por eso no es de extrañar que a Jesús se lo perdiera de vista entre parientes y vecinos que viajaban en grupos. El sentido real del episodio es que Jesús adolescente descubre la vocación  que le ha confiado el Padre (Lc 2,49). No es un rebelde, ya que al volver a Nazaret sigue obedeciendo, como siempre, a José y María. Pero María y José no lo entendieron.

Hay que esperar con paciencia a que todo se aclare. Y Dios mismo lo hará a su debido tiempo, aún a costa de largos años,  oscuros y sin relevancia.

                                                                        PRIMO CORBELLI

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