HUNGRÍA: “la CRUZ no es SÍMBOLO POLÍTICO”

orban y francisco se acercan inclinandose para saludarse. solamente se ven sus cabezas y parte del torso. francisco sonrie, orban no.
Encuentro con el primer ministro Viktor Orban. Francisco recordó en Hungría: «Cristo en la cruz levanta y extiende sus brazos hacia todos»

El papa Francisco tuvo una breve estadía en Hungría donde celebró la misa de clausura del 52° Congreso Eucarístico Internacional. En el congreso estuvieron presentes los cristianos ortodoxos que también creen en la presencia real de Jesús en la Eucaristía; al comienzo estuvo el metropolita Hilarión de la Iglesia ortodoxa rusa y al final el patriarca Bartolomé de Constantinopla.

Hubo también un encuentro formal del Papa con el primer ministro Viktor Orban, uno de los líderes soberanistas y nacionalistas de Europa que en vez de construir puentes para los inmigrantes y refugiados construyen muros y alambradas. Su gobierno autoritario y fundamentalista impuso la religión cristiana como religión de estado.
Igual que Abascal en España, Salvini en Italia, Duda en Polonia y Trump en Estados Unidos, Orban, que es calvinista, se presenta como defensor de la religión contra el secularismo moderno, y de la Europa cristiana contra la barbarie que la invade. Por eso le regaló al Papa la copia de una carta en la que el rey húngaro Bela IV le pedía en 1250 al Papa Inocencio IV la ayuda de occidente contra los tártaros que amenazaban a la Hungría cristiana; y también Orban le pidió al Papa que no dejara morir el Cristianismo en Hungría.

A los obispos húngaros, muchos de los cuales apoyan a Orban, el Papa les dijo sin embargo: “La diversidad da miedo, pero no hay que cerrarse en un rígida defensa de la llamada propia identidad; hay que abrirse al encuentro con el otro cultivando juntos el sueño de una sociedad fraterna. El sentimiento religioso, la cruz de Cristo está en las raíces de esta nación, pero Cristo en la cruz levanta y extiende sus  brazos hacia todos. El cristiano que tiene la cruz en el corazón, y no solo en el cuello, no tiene enemigos. Que no se degrade la cruz a folklore y menos todavía a símbolo político de ostentación; la cruz no es una bandera a levantar contra nadie”.

Es evidente en estas palabras la alusión a los políticos que ostentan crucifijos y biblias públicamente para ganar votos o para lanzar cruzadas triunfalistas. Se constata hoy una alianza de movimientos cristianos integristas con organizaciones políticas de extrema derecha, con el apoyo de eclesiásticos opositores de Francisco.
En Brasil, según Bolsonaro, “lo primero es Dios” pero quien gobierna es la ultraderecha apoyada por los militares y las poderosas iglesias neoevangélicas que propugnan la teología de la prosperidad como legitimación del sistema capitalista neoliberal.

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