MARIA CRISTINA CELLA: un HIMNO a LA VIDA

maria cristina y su esposo junto a sus tres hijos. estan sentados en un escalon, todos muy juntos. el bebe en la falda de su mama.
María Cristina: renunció a la quimioterapia para salvar a su bebé.

Será declarada “venerable”, un paso importante hacia la beatificación, María Cristina Cella Mocellín, una joven mujer italiana que estando enferma de cáncer esperaba tener un hijo y rechazando el aborto murió a los 26 años para darle lugar.

Es una historia parecida a la de santa Gianna Beretta Molla (+1962) y de la Sierva de Dios Chiara Corbella Petrillo (+2012) que murió también joven a los 28 años y se está promoviendo su causa de beatificación.
María Cristina fue catequista y una laica comprometida en su parroquia. Se casó con Carlo Mocellin y tuvieron dos hijos. Cuando descubrió estar embarazada del tercer hijo, se le apareció un cáncer pero continuó con el embarazo pensando curarse después del nacimiento del hijo y buscando tratamientos que no pusieran en riesgo la vida de la criatura. El niño nació sano y hermoso. Pero, poco después de dar a luz ella murió; fue el 22 de octubre de 1995 a los 26 años.
Antes de morir escribió esta conmovedora carta a Ricardo, ese que era su tercer hijo recién nacido: “Querido Ricardo, debes saber que no estás aquí por casualidad. El Señor quiso que nacieras a pesar de todos los problemas que había. Cuando supimos que llegabas, te quisimos y te deseamos con todas las fuerzas. Recuerdo el día en que el médico me dijo que me seguía diagnosticando un tumor en la ingle. Estaba embarazada y para hacer frente a los temores de ese momento, se nos dio una fuerza de voluntad extraordinaria para tenerte. Me resistí a renunciar a tu nacimiento con todas mis fuerzas, tanto que el médico lo entendió y no habló más. Ricardo , tú eres un gran regalo para nosotros. Cuando volví del hospital, sentí que te moviste en mi vientre como si me dijeras: “gracias mamá por tu amor”. ¿Y cómo podríamos no quererte? Tu eres precioso y cuando te miro te veo bello y simpático. Pienso que no hay sufrimiento en el mundo que no valga la pena sufrir por amor a un hijo. El Señor ha querido llenarnos de alegría. Tenemos tres hijos maravillosos que, si Él quiere y con su gracia, podrán crecer como Él quiere. Yo solo puedo dar gracias a Dios. Gracias Señor”.

La carta la entregó al marido para que se la hiciera leer al hijo cuando fuera capaz de leer. María Cristina después del parto siguió el tratamiento contra el cáncer, pero ya era tarde. Dejó dicho: “Creo que Dios no permitiría el dolor si no fuera por un bien mayor, secreto y misterioso pero real. Un día comprenderé el significado de todo esto. Señor, que se haga tu voluntad”.

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