130 Aniversario de la RERUM NOVARUM

 y de la DOCTRINA SOCIAL DE LA IGLESIA

Por Pablo Guerra

afiche con la imagen del papa leon 13. al costado se ve la portada de la enciclica rerum novarum

El próximo 15 de Mayo se celebran los primeros 130 años de la Encíclica Rerum Novarum “Sobre la situación de los obreros” lo que implica además, estar celebrando los 130 años de la Doctrina Social de la Iglesia (DSI).

Ciertamente que la Iglesia desde sus orígenes ha sido testimonio de la transformación social por la fuerza del Evangelio y no hubo momento en que sus hombres y mujeres no denunciaran las injusticias y no se comprometieran con propuestas guiadas por el amor cristiano. De hecho, esa historia de presencia concreta y a veces anónima, representa sin duda la mayor contribución del cristianismo en el campo social, contribución que solamente puede comprenderse en su plenitud si incorporamos como factor desencadenante y al decir de Scannone (1994), “la experiencia evangélica de amor al prójimo, sobre todo al pobre, y de justicia”. Sin embargo, cuando hablamos propiamente de la DSI, nos referimos a un particular “Magisterio” que en primer lugar refiere al del Papa y los Concilios, luego extensible al Episcopado (Compendio DSI, N. 80). Y en ese sentido específico, tomando como referencia la primera Encíclica Social esto es, una primera carta firmada por el Papa para analizar y orientar sobre asuntos netamente de índole socioeconómica, se puede decir que la DSI cumple 130 años de vida.

Para complejizar algo más las cosas, digamos que las Encíclicas no son solamente obra de los Papas, sino verdaderas obras colectivas. Eso no implica quitarle centralidad a la labor de León XIII, al contrario, sin su talante hubiese sido difícil hacer frente a  fuertes  intereses contrarios a admitir la existencia de tantas injusticias. Pero sí reconocer que en concreto, la Rerum Novarum llevó diez años de intenso estudio (¡y debates!) entre un Comité integrado por diversas personalidades de la época. Una época además, particularmente intensa que dividía aguas acerca de cómo hacer frente a los dramas sociales generados por los procesos industrializadores, que como explica Polanyi, son los desencadenantes de la economía de mercado y de la utopía liberal de los mercados autorregulados. En definitiva, se hacía necesario levantar la voz profética frente a una “cuestión social” que refería fundamentalmente a las condiciones de absoluta explotación sufrida por esa nueva clase proletaria, tal como ya sucedía desde hacía tiempo por parte de  numerosos cristianos renuentes a aceptar el credo del laissez faire como propio.

En tal sentido, con este paso decisivo, a las corrientes liberales, conservadoras y socialistas de la época, se suma en el debate con más fuerza, la de quienes venían impulsando una mirada cristiana sobre los asuntos sociales, esto es, lo que se denominaría por entonces un “catolicismo social”. Emergen en tal escenario nombres de la talla de Ketteler, Manning, Toniolo, Harmel, Federico de Ozanan, Kolping y Doherty, entre tantos otros.

El aporte de Leon Dehon

Uno de esos cristianos que no vaciló en levantar su voz y tomar su pluma para denunciar una situación “peor que la de los esclavos” fue la del P. Leon Dehon: “no hay dudas que nuestra sociedad está podrida y todas las reivindicaciones son justas” expresaría este verdadero apóstol de los más sufrientes en 1872, tras constatar la terrible situación en la que vivía la clase trabajadora.

El vínculo entre el fundador de la Congregación del Sagrado Corazón de Jesús (Dehonianos) y el papa León XIII ha sido estudiada por el P. Fernando Rodríguez Garrapucho y recogida entre otros por Primo Corbelli en publicaciones recientes (ver el Tema Central de Agosto de 2019: “El P. Leon Dehon y la Doctrina Social”).

El p. Dehon y León XIII se conocieron en el marco del Concilio Vaticano I, cuando el primero era un joven sacerdote y el segundo era Cardenal en Perugia. Desde entonces al P. Dehon le atrajo el talante social de quien luego accederia al sillón de Pedro, ya que como Obispo había fundado escuelas nocturnas, montes de piedad, círculos (provenientes de los países francófonos) y patronatos.

No me cabe duda que Dehon debe haber sido el presbítero que más celebró en Francia la Encíclica de León XIII. Aquellas ideas defendidas por el catolicismo social y tildadas de “izquierdosas” por parte de algunos fanáticos monarquistas defensores del estatus quo, pasaban ahora a tener un rango magisterial a nivel de Iglesia. La frase un número muy pequeño de opulentos y excesivamente ricos ha impuesto sobre la multitud de los proletarios un yugo casi de esclavos” no estaba pronunciada por algún pastor rebelde o peor aún, por cualquier laico o laica más o menos comprometido con las causas sociales: eran palabras del Santo Padre publicadas en el primer numeral de la Encíclica.

Era tanta la admiración y fidelidad de Dehon hacia Leon XIII, que solía señalar que se veía como “el pequeño gramófono de sus encíclicas” en Francia. Y así como en todo el mundo la Rerum Novarum daría pie a innumerables reacciones favorables a una lectura centrada en la cuestión social  (en Uruguay fue el caso de la Pastoral de Cuaresma de 1896 de Marino Soler en la que señalaba enfáticamente que “la industria y el comercio no pueden alimentarse de la sangre humana”), en el caso de Dehon fue desencadenante para la publicación de su Manual Social Cristiano publicado en 1894, obra emblemática que llevara adelante como Presidente de la Comisión de Estudios Sociales de la Diócesis de Soissons y que señala ya en su primera página, que está inspirada por el Papa.

 

Concluyendo

La coyuntura histórica (Dehon haría referencia al “estado lamentable de la sociedad contemporánea”) ameritaba un texto orientador por parte de la cabeza de la Iglesia, algo que sin duda marcaría un antes y después en la legitimidad con la que los católicos venían actuando en el campo social.

Más allá de los comentarios que podríamos hacerle a la primera de las Encíclicas Sociales respecto a su contenido o incluso a las lamentables trabas que desde dentro de la Iglesia sufriría por parte de los sectores más conservadores, lo cierto es que Rerum Novarum fue un texto más que bienvenido en ese “mundo en mutación” caracterizado por la degradante vida material de la mayoría del pueblo.

No cabe duda de su importancia, además, para contribuir a afianzar “los derechos de los débiles y los pobres” así como de la “tutela pública”, lo que abriría la puerta por un lado a una mayor participación de cristianos en los sindicatos y organizaciones obreras; y por otra parte a expresiones socio-políticas conformadas por personalidades cristianas favorables a un Estado de Bienestar que socorriera a los más desfavorecidos y que contribuyera a avanzar hacia mayores niveles de justicia social.

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