MICHAEL WUSTENBERG: OBISPO RESCATISTA

retrato del obispo wuestenberg en el puerto, junto a su barco sea-eye-4. el obispo es alto, parece de mediana edad. tiene barba blanca corta y lleva lentes y gorro de lana. encima de una polera abrigada lleva la camiseta con el logo de la ong.Se trata de un obispo emérito alemán que se ha embarcado en un barco humanitario de la ONG “Sea Eye” como tripulante para ayudar a rescatar a los náufragos en el Mediterráneo. Es un obispo misionero que de sacerdote había trabajado en Sudáfrica en la frontera con Lesoto hasta que fue nombrado obispo de Aliwal.

Allí impulsó la formación de parroquias como comunidades de pequeñas comunidades, promoviendo la corresponsabilidad de los laicos, inspirándose en las comunidades eclesiales de base de Brasil. Después de trece años de actividad renunció a la diócesis, autorizado por el Papa por motivos de salud, y volvió a Alemania. En 2013 el primer viaje del papa Francisco, totalmente inédito e inesperado, a la isla de Lampedusa lo sacudió profundamente.
Declaró en una entrevista: “La visita y la celebración papal sobre un altar construido a partir de un barco hundido, fue un rayo de luz que me movió a hacer algo por mí mismo. Como obispo de África puedo asegurarles que el enfoque europeo de la migración africana a través del Mediterráneo ha sido durante mucho tiempo una fuente de gran tristeza para mí. Siempre la economía colonial y postcolonial ha sido orientada hacia el beneficio de occidente. Es hora de cambiar y asumir nuestras responsabilidades. Para mí lo importante es que la Iglesia sea defensora de la humanidad”.
Tiene 67 años. Para él los más abandonados de todas las periferias son los emigrantes fugitivos de África y Oriente Medio: hombres, mujeres, niños en gran medida atrapados en las redes de la explotación y que se lanzan al mar buscando sobrevivir.
La misión del obispo Michael es riesgosa porque los barcos de rescate a menudo son arrestados o impedidos de trabajar. Las tragedias en el mar no cesan. El 21 de abril pasado, 130 personas murieron ahogadas entre las olas de un mar embravecido después de implorar ayuda por dos días, sin que nadie los socorriera. El Papa, estremecido, dijo: “Este es el tiempo de la vergüenza” y denunció a “los que pueden ayudar pero miran para otro lado”. Si hay peligro en el mar para los que desde Libia tienen el coraje de huir en barcazas por el Mediterráneo, también a los que buscan entrar en Europa desde el este por la llamada “ruta balcánica” los esperan minas en el terreno, alambres de púa, extorsiones, contrabandistas, estafadores y feroces palizas. La ruta de los Balcanes es considerada menos peligrosa pero mucho más larga y dificultosa. Empieza en Grecia y Macedonia para continuar por Albania y Bosnia, Serbia y Eslovenia, Croacia hasta llegar a Austria, en la mayoría de los casos caminando semanas enteras. Los países de la UE no han todavía encarado la solución de este feroz e inhumano espectáculo.

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