(Tema Central) Dehonianos en Uruguay: Tarde de la Gruta

 Contemplación de la Acción para la promoción del barrio y sus infancias
María Bedrossian

21 niños y niñas estan sentados afuera del salon principal. todos tienen algun juguete, careta o disfraz. algunos usan tapabocas. sus edades van desde unos cuatro a nueve años. varios se miran entre si, pocos miran a la camara

No existe una única respuesta a la pregunta sobre la esencia de la Espiritualidad dehoniana, pero sin lugar a duda podemos admitir una que traduce la belleza de una obra de promoción, de humanidad y de cuidado por las infancias más desprotegidas y vulneradas por nuestra sociedad. Más allá de la creación de programas y políticas públicas con importantes enclaves territoriales, la realidad es que sigue habiendo personas a las que las oportunidades no llegan. Sin embargo, para algunos miembros de la comunidad de la Parroquia El Salvador, la realidad se puede cambiar en alguna medida porque creen que la vida en abundancia es para todos y todas. Entendieron que el Corazón de Jesús es la auténtica fuente de amor. Y que la pastoral y acción social es una forma de traducir la construcción de este Reino que no es una utopía ni una abstracción para quienes participan durante todas las tardes en uno de los salones del Santuario Nacional de Gruta de Lourdes, es decir, en uno de los barrios con más alto índice de pobreza del país.

Conversando con Margarita Olmos y Ana Laura Pistone

Al preguntarles la forma que tienen de llevar adelante un espacio altamente desafiante cuyo primer principio es la inclusión, Margarita y Ana la tienen clara.

Se trata de vivir en comunidad con niños y niñas. Combinando el respeto absoluto de sus derechos y de adultos dispuestos a brindarse en cuerpo y alma para dar sentido a nuestro aquí y ahora a la luz del Evangelio

El amor a Dios demostrado es el que motiva a personas como Margarita, Julio, Carmen, Ana, Rosita, Miriam, Laura, Susana, Estela, Carolina, Miriam, Ana Laura, Malena, José Job, María, Carla, Noelia, Sofía, Denis, y en la actualidad, los padres dehonianos Joaquín y Manoel, a sentirse parte de esta pequeña comunidad con foco en el amor a los demás desde la perspectiva cristiana. Siendo casi todos vecinos del barrio, este grupo de amigos hace, reza, propone, actúa e interviene con la pertinencia y el acierto que les dan los años de experiencia, de entrega y de aprendizajes que se gestaron de la mano de otros laicos que también fueron parte, y de sacerdotes como Francesco. Cada uno con su impronta, su servicio, su compromiso. Algunos de ellos acuden todos los días de 14 a 18 horas aproximadamente para abrir las puertas a los niños y niñas que quieran jugar, aprender, rezar, sentarse a la mesa y compartir una merienda-almuerzo que siempre llega gracias a los benefactores que donan insumos para que esta obra pueda ser llevada adelante día a día desde el año 2007.

Identidad que conjuga compromiso con sentido de pertenencia 

Al intentar definir el espíritu que anima la Tarde de la Gruta, Ana y Margarita lo expresan de una manera que trasunta el gran amor que sienten por este proyecto: es un espacio de intercambio que nutre a todos y cada uno. Es un lugar de cuidado y de tregua para los niños y niñas con vidas tan difíciles, es un tiempo de paz para reencender afectos y abrir ventanitas al aire fresco y sereno.

En la Tarde, sentarse a la mesa es compartir la vida. Es resignificar el concepto de amistad y el de “dar”. Porque en estos salones, en esta cocina, todo se siente como un regalo de Dios. Aquí no hay negocio ni trueque. Experimentar la gratuidad tiene una única dirección: no esperar nada a cambio.

Algunos días se cocina entre todos, se planta con muchas manos en la huerta comunitaria, se hacen manualidades, se brinda atención odontológica, y sobre todo, se juega al aire libre sin dejar de aprender oraciones de petición, de agradecimiento. La salud de los enfermos, la paz en las familias y la petición por los niños del mundo son los tópicos más habituales para dialogar con Jesús.

Multiplicación de los panes

Hay días en los que no hay mucho para comer, pero aún así, se reparte. La propuesta es compartir hasta lo que no hay.

Proyectos de gran resultado ha sido la huerta comunitaria, de la cual hemos aprovechado algunos de sus productos para entregar a las familias. Cabe señalar que se intenta estar en contacto permanente con las familias, a las que se las va a visitar sobre todo en los cumpleaños de los niños y niñas.

El amor a Cristo se vive sin aspavientos. Así también es la impronta dehoniana, cuyo anclaje en Uruguay no es de los más conocidos ni tampoco se difunde si no es a propósito del Santuario. Católicos de perfil bajo se arriman ahí donde ven necesidades graves y profundas. Porque para los laicos y religiosos de esta comunidad, lo importante es “estar estando”.

¿Podría decirse que la Tarde de la Gruta es una forma de vida? Sí, totalmente. Lo que buscamos es acompañar desde el conocimiento de la persona en su propia realidad. En un contexto para nada favorable, nuestra misión es aportar, acompañar, dar ánimo, abrazar. Sin pretensiones de cambiarle la vida a nadie.

¿Por qué “complicarse la vida” en la Tarde? 

Porque nos hacemos humanos si nos involucramos, si nos dejamos afectar, si nos preocupamos en los momentos difíciles y pensamos juntos las posibles soluciones. No es sencillo incluir y respetarnos en la diversidad. Comunicarnos con el mismo lenguaje implica traducirnos a nosotros mismos, lo cual no está exento de esfuerzo. Pero el resultado vale el sacrificio y la disciplina: nos conocemos más, aprendemos y profundizamos el vínculo. Y es lo que Dios quiere, no hay otra.

Inclusive se resuelve el problema de sentir culpa por lo que podría parecer restar tiempo a la familia. No se concibe este apostolado sin incluir a todos los miembros del núcleo familiar. De una manera u otra, todos participan. Esposos que hacen la torta de los lunes o van a buscar las donaciones, hijos que se integran a la chiquilinada del barrio y esos niños son concebidos como hermanos. La Tarde se hace parte de la vida de todos, de la vida de la familia y de la vida del barrio.

Este mismo espíritu es el que guía la necesaria articulación con las demás organizaciones sociales, es constante. No han sido pocas las articulaciones con la escuela, los colegios, la policlínica, el club, el Caif, todas organizaciones cercanas con las que es imprescindible interactuar, para abordar casos de alta complejidad. A esto se suman las estrategias propias para acompañar las vidas de las familias. Una de ellas es el espacio para mujeres, al que en su mayoría asisten madres de los niños, que ha funcionado no solamente a modo de encuentro para entretejer diálogos y vidas, sino también como para emprender pequeños proyectos de ventas de manualidades y artesanías. Los miércoles tempranito están las madres desayunando juntas y pensando nuevos caminos de acceso a una vida más plena.

Para que los niños y niñas se sientan amados…

Un liderazgo que tiene que atender múltiples retos combina el sentido maternal con la diversidad de tareas que se realizan para que la comida esté pronta en tiempo y forma, la limpieza del hogar, la atención de los niños y niñas en sus necesidades y en sus inquietudes, eso es, juego, higiene, alimentación, deberes de la escuela. Las faenas de la Tarde de la Gruta incluyen todas esas actividades, y sobre todo, pensar la forma de acercar a los pequeños a conocer a Jesús. Margarita nos dice que solo buscando se encuentra. Esa búsqueda se coordina en cada acción con delicadeza y cuidado.

Son los niños y niñas los que están en juego. Hay que conocerlos a cada uno en su singularidad. Siempre desde el respeto de sus vidas, de su proceso evolutivo, de su forma de pensar. Sin dudas que esto requiere un determinado perfil. Ser pacientes, escuchar, conocer los códigos del contexto, conocer a las familias y ser dinámicos para manejar las complejidades del barrio y cómo ello impacta en las experiencias infantiles.

Por lo antedicho, no es necesario decir que, si bien la dedicación y el compromiso de este grupo a los que podríamos denominar “misioneros en su propio barrio” están firmemente enraizados, no siempre se encuentran las mejores condiciones económicas para implementar esta propuesta. Se sabe que gracias a las donaciones de nuestros benefactores podemos seguir adelante, pero no son pocas las ocasiones en que los insumos rápidamente se terminan. No pensemos solamente en la alimentación de los niños…también se intenta mantener el acondicionamiento locativo, la infraestructura de la cocina, del comedor, de los distintos lugares que conforman la Tarde. También existen los días de cumpleaños en que se impone un regalito en perfectas condiciones y nuevo en la medida de lo posible. En algunas ocasiones también se abordan situaciones que implican a las familias que no tienen un techo en condiciones para vivir. También se precisan juguetes, ropa y calzado para aquellos que lo necesitan, lo cual, como es de suponer, no son pocos.

Pese a estas condiciones que impactan la vida y que por momentos frustran, duelen y preocupan, día a día se recrea la Tarde y sigue funcionando con sus principios e ideales intactos. Asentada en la piedra angular del Amor a Cristo, en el servicio amoroso, en el reconocimiento de la necesidad de sostenerse y acompañarse mutuamente, en el respeto por la diversidad y en la esperanza en la construcción del Reino. Un Reino en el que la puerta está abierta para que entren todos todos, tal como lo está siempre la Tarde de la Gruta.

Testimonios de los demás voluntarios de La Tarde

¿Qué significa la Tarde de la Gruta para Carolina?

Siempre digo que la agradecida soy yo.

En el sentido amplio es un Encuentro con Jesús. Es el lugar donde realmente siento que Jesús nos acompaña. Que Su Obra se lleva a cabo a través de nuestras manos y con los niños, que son las personas que Jesús más quería. Siempre digo que la agradecida soy yo. He aprendido y sigo aprendiendo un montón. Los niños quizás no son conscientes de todo lo que nos brindan, de la importancia que tienen, y es nuestro deber destacar esos aspectos para que ellos se den cuenta de lo que significan en nuestras vidas.

Más allá de que me acerqué a la Tarde de la Gruta por mi necesidad de hacer, dar y compartir algo por los demás sin esperar nada a cambio, mi profesión de odontóloga me llevó a generar un espacio dedicado a la salud bucal. Desde esa perspectiva pude percibir, que había complicaciones que estaban relacionadas a las costumbres y hábitos de alimentación.  Y que eso respondía a la escasez y a la falta de acceso a comida sana, lo cual no es extraño que así suceda cuando comprendemos los problemas reales que tienen todas las familias del barrio, no solo económicos sino de educación para la prevención.

En estos años he advertido algunos cambios positivos. Despacito vamos generando conciencia en este sentido. Los niños van entendiendo que se puede reparar y mejorar la dentadura, pero, sobre todo, prevenir las dificultades. Nuestra meta es lograr que se cuiden y que tengan una actitud preventiva.

Por otra parte, la Tarde también significa disfrutar y compartir con adultos que se entregan plena e incondicionalmente a este proyecto. Cada uno me motiva, me inspira a continuar más allá de que muchas veces el tiempo y las rutinas laborales conspiran. Son un motor impresionante que me impulsa a no rendirme.

¿Qué significa la Tarde de la Gruta para Mirian?

un antes y un después en mi vida.

En sus palabras casi textuales, Mirian nos dice:

“La tarde de la gruta marcó un antes y un después en mi vida. Tuve el honor y el privilegio de acompañar a Francesco en la transformación de un merendero a un proyecto, en el cual el centro nunca dejó de ser el niño, la niña y sus familias de la comunidad barrial. Soñamos y trabajamos con mucho amor, alegría y sobre todo, con el respeto que estos niños nos inspiraban. Semana a semana íbamos modificando y adaptando la propuesta en virtud de la realidad que teníamos. Los adultos -con nuestras psiquis y corazones convulsionados de ganas de aportar- no teníamos ni mapa de ruta ni literatura a seguir. Solo queríamos participar y construir ese espacio… porque por algo estábamos allí. Para descubrir que es ahí donde aparece Dios en su más pura expresión.  Muchos niños y niñas pasaron sus días en la Tarde de la Gruta. Los hemos visto jugar y también sufrir de forma desgarradora, pero al otro día sonreír y volver a jugar. Hoy son hombres y mujeres que seguimos amando, que nos guían con sus dolores, con sus inquietudes y nos siguen enseñando cómo actuar.

Y del equipo que sigue desarrollando en la actualidad este proyecto, decir que son mujeres y hombres maravillosos que aportaron y aportan su cuota de acompañamiento.

Todos son Amores de mi vida que forman parte de muchas cosas. Por sobre todo de mi construcción como ser humano más respetable.

¿Qué significa la Tarde de la Gruta para Ana?

El amor permanece inalterable

La Tarde es el lugar en donde puedo estar y ser yo misma en la plenitud de la entrega a los niños y niñas. “Mi ser y mi tiempo puesto a disposición es lo que da sentido a mi apostolado y a la cotidianeidad amorosa que significa la Gruta.” Es así desde hace muchos años y lo sigue siendo hasta el día de hoy. El amor permanece inalterable, aunque las realidades, actitudes y experiencias van mutando con el tiempo. Ana vive en el barrio y está cerca. Pasar por la puerta de su casa es parada obligada de los niños para saludar y conversar un ratito con ella.

Desde el momento en que Ana se integra a la Tarde de la Gruta ya sentía que su corazón latía al ritmo de las infancias vulneradas, violentadas, destratadas. Esos niños que llegaban en búsqueda de lo que en principio quizás fuera un plato de comida. La sensibilidad de ese equipo del que Ana forma parte fue comprendiendo que no solo era esa clase de alimento el que faltaba, sino otras variantes de la nutrición humana: afecto, cuidado, dedicación. Cuerpitos y almitas doloridas en tránsito hacia un lugar más amable. Tristezas que se reflejan en la mirada, en el rostro y que Ana siempre buscó traducir para hacer de la Tarde un lugar de encuentro real en donde la vida tenga otros colores.

No vaya a creerse que el equipo dedicado a esta obra tiene tiempo libre o no tiene nada que hacer. Al contrario. Casi todos tienen familias con varios hijos y/o nietos a cargo. No obstante, están convencidos que la vida se comparte con aquellos a quienes consideran su propia familia: niños del barrio, sus padres, los vecinos y todo aquel que se acerca a la Tarde. En esta circularidad, ni uno se queda sin recibir cariño y respeto. Así vive Ana, sintiendo que es más lo que recibe que lo que entrega. Así es la naturaleza de los vínculos que se sustentan en la generosidad del amor entregado.

Ana es testigo del esfuerzo que hacen muchos niños por moderar su lenguaje generalmente agresivo y violento. Existen otras maneras de convivir, y eso precisamente es lo que se propone demostrarles Ana. Con acciones concretas, intenta hacerles comprender que tratarse bien, hablarse con delicadeza, jugar juntos y sentarse a la mesa con las manos limpias y compartir lo que haya ese día es la base de la ternura.

Y justamente, una forma de traducir el amor demostrado a Jesús y a los niños es preparar la mesa, cocinar con ellos, amasar tortas, escones y bizcochos, jugar a la rayuela y a la cuerda como en los viejos tiempos, hacer los deberes a la vuelta de la escuela y acompañar a unos tratando de aprender las cuentas, a otros escribiendo sus primeras letras. Ana está ahí, al firme, esforzándose para que todos puedan aprender. También recuerda con gratitud el gran apoyo que significó la presencia del padre Francesco, uno de los pilares de la obra dehoniana aquí en Uruguay.

Hay momentos que se vuelven a pasar por el corazón. Instantes como aquel en que mientras leían cuentos sentados en un murito, se escucha una pregunta. Sereno es el momento de lectura. Tranquilo es el tono de voz de unos y otros al entrar en contacto con los libros. Un instante mágico que hace nacer la pregunta en el corazón de uno de los pequeños asistentes. Ana sigue escuchando la vocecita que interroga: “Ana ¿querés ser mi mamá?”  En esa frase se condensa el amor que rebosa el alma de un ser que se siente amado de verdad.

Acostumbrados a una vida de gritos, en la Tarde los tonos son suaves, alegres, amables. Formas, modos de vivir y relacionarnos para abrir ventanas a un mundo mejor. Ana lo resume en pocas palabras: Amor, tiempo, escucha y punto de encuentro.

Hoy persevera en su querer estar. No disminuye su entusiasmo con el paso de los años.

¿Qué significa la Tarde de la Gruta para Denis?

seguimiento de Jesús en el acompañamiento a las familias.

Desde su concepción misma, La Tarde de la Gruta tiene como principal finalidad el estar cerca de las personas más necesitadas del barrio. En esta obra se forja un vínculo esencial entre el Santuario y la Parroquia y la gente de la zona. No está de más recordar que la crisis de 2002 fue el motivo de su origen.  Nace como un merendero cuyo primordial objetivo era paliar, al menos en parte, el hambre que se vivía en esos días. Sin embargo, al pasar el tiempo, la Tarde de la Gruta deviene en lo que Denis denomina un “Proyecto”. Concibe la Tarde como un espacio flexible, abierto, adaptable a los requerimientos de la gente. No se trata jamás de una estructura fija e inamovible sino capaz de gestionar el cambio, evaluar y reacomodar las prioridades, sin descentrarse de su objetivo que es el seguimiento de Jesús en el acompañamiento a las familias.

Se podrían enumerar algunos aspectos importantes que caracterizan este proyecto. Uno es el fuerte carisma de quienes lo llevan adelante. Sin excepciones, todos se sienten identificados con los valores evangélicos. Desde hace años se mantiene un equipo firme, desinteresado en aplicar manuales o recetas, que sigue a su Maestro y así lo viven en cada actividad que desarrollan. Su eje es la ayuda a través de la promoción de las infancias. Precisamente, es por los niños que se puede llegar a las familias, saber cuántas son y hacer lo posible para integrarlas a una vida digna, consciente de sus derechos, auténticamente enraizada en los valores que proclamamos. En este punto es que nos detenemos en lo que significa la Carencia que subyace y sobrevuela en estos procesos. No solamente se trata de las carencias materiales, lo sabemos. Son vidas que nacieron y crecieron bajo el signo de la falta, de la ausencia. Por eso, nunca ejercemos una mirada enjuiciadora, sino que llevamos el mensaje de Jesús compartiendo la vida. Jamás se tratará de una Evangelización al estilo tradicional. Se mira integral y amorosamente a la persona, se mira su situación y se comparte. Y eso nos ayuda a nosotros, no solo a enriquecer nuestra mirada con una perspectiva social, sino a mirar al estilo de Jesús.

Jesús ve desde lejos, se acerca, ve de nuevo, siente compasión por la situación y recién después dice o hace. La misma dinámica es la que este equipo pretende llevar adelante: acompañar con todas las variantes que eso incluye: hacer un trámite, un mandado, ir a la escuela, acompañar a la policlínica, ir a los centros sociales, ir al juzgado, acudir a redes de contención que pueden complementar el trabajo. Importa monitorear de cerca lo que sucede en las familias y siempre se presentan problemas de toda índole y variedad. Por eso, y frente a estas situaciones de alta complejidad, la Tarde es un lugar para vivir una realidad diferente. Denis no resta importancia a la capacidad que debemos cultivar que es el manejo de la frustración, la paciencia, el cuidado interpersonal. Pero aún con todas las dificultades que un proyecto de esta naturaleza conlleva, lo considera un espacio vital para el desarrollo de la comunidad parroquial no solo por su raíz en la espiritualidad dehoniana sino como aprendizaje de un camino a recorrer juntos dentro de la parroquia.

Para culminar, Denis destaca la importancia del rol de las personas que participan en la Tarde. Sean niños, jóvenes o adultos, son seres libres, más preocupados por compartir la vida y nutrirse en eso para enraizarse, cada vez firmemente, en la figura de Jesús.

La Tarde de la Gruta para Carmen

un lugar para volver a empezar

Carmen trabajaba las 24 horas durante 6 días por semana. Y teniendo un solo día libre, lo utilizaba para ir a Gruta de Lourdes y compartir sus horas para jugar con los niños, conseguir juguetes, pintar salones, acompañar sus vidas. Así vivió su tiempo libre desde 2005 hasta  2009.  Pero no termina aquí la historia. Luego de su casamiento, de su mudanza al interior y de su vuelta a Montevideo, en 2018 regresa a la Tarde. Y encuentra que ése siempre fue su lugar de pertenencia, un espacio para renacer, para sentirse útil: ya sea cocinando, arreglando la huerta, organizando las compras y los insumos, limpiando cada baldosa para que todo reluzca. Carmen la tiene clara: la Tarde es un lugar para volver a empezar, para darle un espacio de amor a los niños.

La Tarde es una más de las actividades que ejerce como responsable laica, como catequista, como integrante del movimiento Kolping. Aquí tiene oportunidad de desplegar lo que ella considera que puede brindar y sobre todo, disfrutar de la compañía de niños que muchas veces tienen serias dificultades para relacionarse. Llevarlos a pasear, ayudarlos a comprender que la Tarde es un lugar de cuidado y respeto, verlos crecer en valores. A Carmen le gustaría que todos podamos sentir que la Tarde es como ir a tomar agua al río, es un refresco, es un alivio de espiritualidad. Es, más que nada, una oportunidad de encuentro con Jesús y María. Un espacio para dar, pero, sobre todo, para recibir compartiendo con Dios, con los niños y también con su propia hermana que es parte del grupo de voluntarios.

La Tarde de la Gruta fue un lugar de apertura y participación para llevar una vida con sentido. Así nos dice Carmen, quien este año se propone brindar talleres de catequesis y arte junto al párroco. Siente que gracias a la Tarde ha ido aprendiendo a mirar lo bueno. De sus padres aprendió a que no se le niega la ayuda a nadie, que hay que saber perdonar. Y con esos principios intenta desempeñarse de la mejor manera para sí misma y para los demás.

La Tarde implica para ella un camino de enseñanza, un acompañamiento para abrir la mente, para ser humildes, para ser responsables y para hacerse cargo. Pero no solo de las decisiones hay que hacerse responsable, sino de hacer felices a los niños. Parece que hay una forma muy linda de mimar a todos los asistentes: entre otras delicias, los buñuelos de acelga de Carmen son famosos para amigos, sacerdotes y para toda la comunidad con quienes comparte su enriquecedora y vital experiencia.

La Tarde para Susana 

un lugar para seguir a Jesús mirando la vida con otra perspectiva

Para Susana, la Tarde de la Gruta significa muchas cosas, y todas se juntan en un solo lugar. Por un lado, la considera una oportunidad para hacer el voluntariado que siempre anheló hacer como forma de responder a la generosidad con que Dios se había manifestado en su vida. También es un espacio para conocer de cerca a los niños y sus familias en un contexto tremendamente difícil, desconocido y ajeno. Es un espacio para observar otras realidades, a veces muy hostiles, a las que jamás podría alcanzar de quedarse encerrada en casa. Ese mirar reflexivo la lleva a actuar, a generar distintas acciones por la dignidad, por la promoción humana, por demostrar y llevar el Amor de Dios, que ella siente haber recibido de forma patente.

La experiencia de la Tarde coincidió con un momento especial de su vida. Entregarse por completo a los más pequeños del Evangelio, ser coherente entre lo que se vive y predica y, además, conocer a un nuevo grupo de amigos, le permitió a Susana aliviar en parte el dolor ocasionado por la pérdida de un ser muy amado. La vivencia de la Tarde significó no solo aprendizaje y aceptación, sino un nivel de comprensión mayor para sentir cada vez más cerca a Dios, que no deja nunca de acompañar nuestro caminar.

Testimonio de Estela

“Dios está aquí”

Estela lo dice de una manera sencilla pero contundente: la Tarde de la Gruta significa “Dios está aquí” y eso acontece siempre, aunque tenga mil problemas. “Mi corazón, mis sentimientos, mi alma siempre están agarraditos de Dios y de la Santísima Virgen. Es un lugar hermoso porque hay gente que se preocupa muchísimo por los niños y niñas y sus familias. Los pequeños van contentos, esperan el juego, la atención que se les brinda. Ellos saben que tienen una mesa preparada y mucho cariño con el que se los espera a la salida de la escuela. Para los adultos es un espacio de paz, tranquilidad y vida profunda. Hay que considerar las situaciones difíciles de los niños. Eso nos hace pensar y nos ayuda a revisar nuestra propia vida.”

Por otra parte, Estela refuerza que esta experiencia se traduce en un camino de aprendizaje, de compañerismo, de compartir y de conocer nuevos sacerdotes y amigos: “Enriquece el alma a quienes pasamos momentos difíciles de la vida. En la Tarde encontrás amigos y sigo creyendo que en este lugar yo puedo ser quien soy. Siempre hablo de la Tarde en mi barrio, con mi familia. Porque todo lo de este espacio me gusta y me hace crecer.”

¿Qué significa La Tarde para Julio?

compartir la fe y hermandad con gente estupenda

Julio Pandolfo es docente de matemáticas jubilado. Participa desde hace años con indiscutida perseverancia en la Tarde de la Gruta. Si bien no es la única actividad apostólica que desarrolla en la zona de Casavalle, no falta ni un solo día a su cita con los niños y niñas siendo que vive a bastantes kilómetros del barrio. Siempre disponible para todas las tareas y emergentes que hace falta atender, Julio expresa en breves pero contundentes palabras lo que significa dicho espacio y los efectos en su vida sacramental, familiar y comunitaria.

La Tarde es la principal actividad eclesial que desarrollo. Además de permitirme compartir la fe y hermandad con gente estupenda (que me permite mirar para arriba) concreta mi pertenencia en la Iglesia. He visto lo necesaria que es la vida sacramental, principalmente la Santa Misa, que es el cimiento de lo otro y explica los éxitos y fracasos, así como da el verdadero sentido a la misión. La vivo en el marco de la actividad parroquial como un todo. No hay que separar la práctica sacramental de la actividad de promoción. Si así sucediera, ésta se vería perjudicada y disminuida.

Por otra parte, no se entiende la Tarde de la Gruta sin apreciar la inserción en el barrio. En el caso que nos ocupa, ello se da con recorridas, encuentros y conocer la gente, sus familias, sus entornos y situaciones críticas. En mi caso me siento seguro en este barrio inseguro. Parece contradictorio, pero destino más tiempo a estar en el barrio que a la actividad de la Tarde propiamente dicha. Porque creo que se hace necesario manifestar permanentemente nuestra condición de católicos, sobre todo fuera de la Iglesia.

Una pequeña anécdota que refleja esto que comento: Una vez unos muchachos, los excluidos de siempre, me dijeron: “Julio, vos no venís por nosotros”. Lo hicieron en tono despectivo y yo no entendí a lo que se referían. Pero en realidad el dicho consistía en que “a vos te manda la Virgen y nos tenés que bancar igual, porque si no la Virgen te rezonga”. Utilizaron otros términos, pero sin quererlo este comentario da cuenta de una suerte de teología ortodoxa y que algo del mensaje que sembramos había sido cosechado.

¿Qué significa la Tarde de la Gruta para Rosa?

Poniéndole un oído al barrio y otro a la Palabra de Dios

Rosa Pedrozo pertenece desde hace años a la comunidad de la Parroquia El Salvador en Gruta de Lourdes. Para quienes la conocemos, la sentimos como una misionera en su propio barrio. Pero también catequista, madre, educadora y gran amiga. En esta oportunidad, comparte con nosotros un trayecto de su vida apostólica y su mirada sobre lo que significa una vida con sentido. ¡Gracias Rosita por tu testimonio de compromiso constante!

Luego de haber respondido al llamado de Jesús a través del Padre Rodolfo Bonci, a quien acompañé muchos años en el Barrio Borro como catequista y al frente de grupos de jóvenes y en los veranos como coordinadora de los campamentos de verano para los niños de Casavalle, se me presenta una nueva opción para seguir un camino de entrega. Eso sucede cuando Rodolfo se traslada a la Gruta, y porta esta idea de continuar con una propuesta para niños. La gente que estaba en ese momento denominaba este espacio como “Merendero”. Sin embargo, esta obra buscaba cumplir una función más social y de acercar Jesús a los más necesitados, y no solo comer. Asimismo, se le llamó Merendero de la Gruta, donde mucha gente de buena voluntad y por amor a Jesús brindaba su servicio: catequesis, recreación, manualidades, apoyo escolar, cocina y acompañamiento. Luego de muchas etapas y conversaciones, poniendo un oído al barrio y a la palabra de Dios, surge la creación de un Proyecto concebido como la Tarde de la Gruta. En este nuevo proyecto trataría de acercar al niño y su familia creando un lazo de confianza. Con esta idea y con la de tener la certeza de las palabras de Jesús “dejad que los niños vengan a mí”, dejamos que los niños vinieran… pero ya con una mirada más profunda: la de escuchar al niño. Las familias en los barrios cambiaron y no fuimos la excepción, así que había que implementar la forma de acompañar a esas familias, pero de otra manera, con otro sentir… al modo de Jesús… del verdadero modo de Jesús…. de estar, sentir, actuar y acompañar a los más pobres, los más desfavorecidos. Y así nos subimos en esa barca, sabiendo que no sabíamos mucho, pero con la certeza del corazón y de Jesús en él. También sabiendo que al escuchar íbamos a tener que cambiar… y ser agentes de cambio… y enaltecer al caído, vestir al desnudo, dar voz a los que no la tenían. Y así muchos voluntarios pasamos por la Tarde, dejando horas de entrega y recibiendo lo mejor… a Jesús en el otro. He ahí la clave… en la Tarde de la Gruta tenemos la certeza que Jesús está en el otro, es el otro… que no necesitamos retiros especiales, reuniones con charlas espectaculares, porque sabemos que Jesús está en los demás. Así que somos un grupo de voluntarios que intenta ayudar al otro como a un hermano de sangre, no como un pobre que me necesita. Y con esta mirada nos acercamos a las madres, a los niños, a todo aquel que llega a la Tarde. Y no significa ingenuidad, sino oración y mirar a Jesús. Y anécdotas hay muchas…. muchas. Una que me marcó mucho fue el placer de compartir con Estela y Lorena, madre e hija… que llegaron buscando un lugar donde aceptaran a Lorena, una joven con discapacidad intelectual y limitaciones físicas, pero que con hablar poco… decía mucho. Gracias Jesús porque aprendimos a convivir, tratar, comunicarnos con los diferentes y a verlos… nos los pusiste adelante para dejar de ser invisibles. Hoy doy gracias por ambas, aún contamos con Estela, ejemplo de madre y de vida para todos. Y la familia acompaña, está, tolera los tiempos fuera de casa, etc. y esa entrega con amor repercute en los hijos, en las personas que nos rodean. Para terminar, doy gracias a los Dehonianos por tantas enseñanzas, por donar su vida … por mostrarnos al Jesús hombre, que siente, vive y camina junto al hombre…

¿Qué significa la Tarde para Joaquín? 

Desarrollo de valores y formación humana

La Tarde de La Gruta, que nació en 2007, es llevada adelante por un grupo de voluntarios, que de lunes a viernes y de tres a seis de la tarde, viven una experiencia de comunidad con madres y niños de hasta los 12 años. Contamos para su atención también con la generosidad económica de los peregrinos del Santuario de La Gruta de Lourdes.
Pretendemos atender las necesidades de los niños y preadolescentes que, acompañados por adultos (madres y voluntarios), generan herramientas y hábitos al servicio del cuidado y desarrollo físico, psicológico y social.
En consonancia con la espiritualidad dehoniana, se refuerzan aspectos como la alimentación, la higiene, la formación humana y cristiana (catequesis) en un ambiente familiar, comunitario y recreativo que permita una “vida buena” desde los primeros años de la infancia.
Los niños reciben alimentación complementaria, atención de una psicóloga y una odontóloga, además de formación humana no reglada con apoyo al trabajo escolar y deportes. Las madres colaboran en el acompañamiento de los niños. Ellas también participan en talleres de costura, peluquería, cocina, decoración que se realizan por las mañanas.
También nos esforzamos por disminuir la exposición a factores de riesgo; promovemos el cuidado de su cuerpo, desde la incorporación de hábitos de higiene y salud. Y, en cuanto a lo social, trabajamos por despertar intereses y compromiso por todo lo que constituye una comunidad: integración, servicio, amistad… Desarrollo de valores que apunten a la solidaridad, honestidad, responsabilidad, compromiso, equidad, y actitudes y aptitudes positivas hacia el trabajo.

¿Qué significa la Tarde para María?

alegría comunitaria y experiencia de aprendizaje afectivo

La Tarde de la Gruta significa mucho en mi vida. No solo la posibilidad de enriquecer mi compromiso apostólico hacia los demás, de comprender mejor a los seres humanos en sus circunstancias, sino una interpelación personal para purificar constantemente mi seguimiento a Jesús. Será perpetuo mi agradecimiento a las personas que en 2014 me invitaron a participar de este proyecto. Francesco, Margarita y Rosita me llevaron de la mano, sí, digo bien y así fue: me acompañaron de la mano. Porque la verdad es que yo precisaba su guía para transitar en una realidad tan ajena a mi forma de ver las cosas. Mi sensibilidad estaba preparada desde siempre, mi necesidad de estar cerca también, pero me faltaba dar pasos en conocimiento y estrategias en el intento de entender la vida de los demás. Había que caminar con cuidado y delicadeza al tratarse de niños y niñas vulnerados, retaceados en sus oportunidades de acceso y en sus necesidades de afecto y contención. Fuimos despacito y avanzando por el lenguaje común de los juegos, la pelota, el dibujo, la pintura y sobre todo, con la lectura de cuentos y el contacto con la vida natural. Fueron tres años compartiendo algunos atardeceres con un equipo humano de alto y fino talento para amar y demostrarlo con hechos concretos. Desde conseguir donaciones hasta ir a las casas llevando la torta para celebrar cumpleaños, desde preparar eventos y aniversarios especiales hasta articular con diversas instituciones y actores que pueden hacer la diferencia en la vida de las infancias del barrio. Son muchas las tareas y las actividades que se siguen haciendo para fortalecer capacidades, no solo para desarrollarse y rendir mejor en la escuela sino para la vida cotidiana.

Apertura a la vida de Jesús. Un ejemplo de alegría comunitaria. Experiencia de aprendizaje afectivo. Movimientos de recibir y dar, de escuchar y decir, de crear y recrear. En términos generales eso es lo que significa la Tarde de la Gruta para mí. Una fuente de luz, de aire y de existencia plena.

Un comentario en “(Tema Central) Dehonianos en Uruguay: Tarde de la Gruta

  1. Gracias por esta presentación. Una obra se revela como de Dios no por su carátula, sino cuando convoca y estimula corazones enamorados de los seres humanos, particularmente los pequeños, los heridos y los excluídos, y produce frutos de sanación y de comunión. Por su historia y por l testimonio de sus protagonistas, felizmente La Tarde de la Gruta es una obra de Dios!

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