CHILE: ODILE, LA HERMANA DEL PUEBLO SUFRIENTE

Odile sentada en una roca, al fondo montañas y un valleLa Hermana Odile era francesa y se había trasladado a Chile en 1965. Solicitó a su congregación la autorización para insertarse en los medios populares allí donde la Iglesia no llega. Vivió en la Población Violeta Parra; conoció el hambre, la falta de trabajo y colaboró con las ollas populares.

Con el golpe militar de 1973, su congregación se fue de Chile pero ella decidió quedarse y se encontró con la situación dramática de tantas personas detenidas, torturadas, desaparecidas. Militó en el Movimiento contra la Tortura. También ella fue muchas veces golpeada y detenida. Cuando empezaron a aparecer cadáveres en las orillas del río Mapocho, junto a otras mujeres sacó del río a muchos cadáveres que enterraban de forma clandestina. Colaboró con la Vicaría de la Solidaridad para llevar a diversas embajadas a personas perseguidas por la dictadura. En democracia siguió trabajando entre los pobres hasta que en el 2000 enfermó de Alzheimer y tuvo que trasladarse a Argentina y murió en Lobos el 22 de abril de hace 20 años. Ha sido recordada como la “Hermana del pueblo sufriente”. Odile era muy religiosa y tenía una especie de diario en el cual se confiaba con Dios. He aquí una página de ese diario: “Todo es oscuridad en mi alrededor y la rebeldía estalla. ¿A quién puedo acudir? Tu, Dios, has sido mi compañero, contigo caminé a lo largo de la vida y gracias a Ti mi vida tiene sentido. Pero, ¿por qué dejas que los hombres maten a sus hermanos? ¿Acaso te burlas de nosotros? ¿Te acuerdas cuando mataron al niño? ¿y al obrero? ¿y al compañero asesinado en el Mapocho? Cada oficial ahora puede abusar de las mujeres cuando quiera. ¿Y eso no te indigna? ¿Te acuerdas de la mujer que gritaba: “Dios no existe o nos ha abandonado”? ¿A ella debemos decirle que nos has creado para la felicidad? Oh Dios ten piedad de nosotros. ¿Qué hemos hecho de tus palabras de vida? Dios, esta es mi oración de protesta, mi rebelión contra el mal. Esto es lo que te puedo ofrecer, en nombre también de mis hermanos. Gracias también por este encuentro contigo. Amen”. Es una oración que quema, hecha de sollozos y protestas, pero que trasluce confianza y esperanza en un Dios cercano y amigo.

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