RECORDANDO AUSCHWITZ: EL CASO RUDOLF HOSS

Rudolf Hoss era el comandante del campo de concentración nazi de Auschwitz en Polonia y presidió el exterminio de 2,5 millones de presos en los tres años que dirigió el campo. Más de 500 mil personas murieron por enfermedad y hambre. Allí murió uno de cada seis judíos que fueron asesinados en el Holocausto; pero no solo judíos sino también católicos como san Maximiliano Kolbe y santa Teresa Benedicta de la Cruz (Edit Stein).

Gracias al testimonio de las Hermanas polacas de Nuestra Señora de la Misericordia, se supo lo que pasó con el comandante del campo Hoss, llamado “el animal de Auschwitz”. Un día llevaron presos al campo a todos los integrantes de la comunidad de los jesuitas de Cracovia, pero el comandante dejó libre al superior, el p.Wladyslav Lohn, y así le salvó la vida. Terminada la guerra, el comandante fue condenado a muerte y habiendo sido criado en una familia católica muy creyente (su padre quería que fuera cura), antes de ser colgado pidió un sacerdote porque quería confesar sus pecados antes de morir. Resultó imposible encontrar a sacerdotes dispuestos a confesar a Rudolf Hoss. Este pidió entonces por el p. Lohn que era capellán de las Hermanas de Nuestra Señora de la Misericordia. El sacerdote consintió y escuchó la muy larga confesión entre lágrimas de ese hombre, hasta recibir la absolución. El día después Hoss, siempre llorando, también recibió la Eucaristía. Hasta los guardas quedaron pasmados al ver al feroz verdugo de 46 años, de rodillas y con lágrimas en los ojos. “Es una prueba de la misericordia inimaginable de Dios”, dicen las Hermanas  de esa Congregación a la que perteneció santa Faustina Kowalska, promotora de la devoción a Jesús Misericordioso. Este episodio, que parece inverosímil, ha sido contado por “Ateleia” el 27 de enero pasado al recordar la liberación del campo de Auschwitz en 1945. Escribe Ferdinando Camon en el diario católico italiano “Avvenire”: “He visto la horca con la que ahorcaron al comandante, pero daría cualquier cosa para escuchar su confesión. Porque si fue posible absolver a uno de los criminales más grandes de la última guerra mundial, entonces no hay ningún pecador o malvado sobre la tierra que no pueda arrepentirse y ser absuelto de sus pecados”.

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