VATICANO: ¿PASO ADELANTE PARA LAS MUJERES?

El pasado 10 de enero el Papa autorizó en forma oficial el acceso también de las mujeres a los ministerios del lectorado y del acolitado. Lo que antes podía conceder el obispo en forma excepcional, ahora el Papa lo autoriza para toda la Iglesia. Con un “Motu proprio”, es decir de su autoridad, el Papa modificó el Código de Derecho Canónico que reservaba estos ministerios únicamente a los varones, en pos de una mayor ministerialidad laical para varones y mujeres bautizados. Así se institucionaliza en forma definitiva y universal lo que ya ocurría en la práctica: las mujeres pueden leer las primeras dos lecturas de la liturgia dominical y realizar los servicios de acólitos en el altar.

Se trata de ministerios que no requieren el Orden Sagrado (como el Diaconado, el Presbiterado y el Episcopado) y por lo tanto son accesibles para todos los bautizados. Estos cargos implican estabilidad, reconocimiento público y el mandato del obispo. Corresponde a los obispos la preparación y formación de los candidatos para estos ministerios u otros que consideren instituir. Estas normas en realidad carecen de novedad. En muchas partes de América Latina las mujeres presiden las Celebraciones de la Palabra, dirigen parroquias por encargo de sus obispos, bautizan, bendicen, entierran a los muertos. Pero estas normas son importantes porque vinculantes para todos los obispos conservadores que hasta ahora iban impidiendo que las mujeres de sus diócesis desarrollaran esos roles. Las mujeres podrán distribuir la comunión durante la misa y a los enfermos en sus casas, hacer la exposición del Santísimo Sacramento para la Adoración Eucarística. Estos ministerios laicales se fundamentan en los sacramentos del bautismo y de la confirmación aunque sustancialmente distintos de los ministerios ordenados. Según el Papa, “estos cambios se deben a un desarrollo doctrinal que se ha logrado en los últimos años” y las normas servirán para que también las mujeres “puedan tener una incidencia real y efectiva en las decisiones más importantes y en la conducción de las comunidades”. La teóloga Silvia Martínez Cano, de la universidad Comillas (España) comenta: “Es quizás un pequeño cambio, pero es a conclusión del Sínodo Amazónico que habló mucho de los ministerios laicales y puede tener importantes consecuencias eclesiales. Parecería un cambio que llega tarde y además insuficiente. Sin embargo significa que la sinodalidad es hacer también de la liturgia un espacio compartido y corresponsable. Es un paso importante por lo que no se dice en el documento, pero queda implícito: las mujeres pueden suplir al ministro ordenado para ejercer el ministerio de la Palabra, presidir algunas liturgias, administrar el bautismo y dar la comunión. Aunque esto ya se hace en muchas partes, el reconocimiento oficial es importante y es un paso más hacia la conversión de la Iglesia a lo que nos piden los signos de los tiempos. Por lo tanto hay que seguir dando pasos sin esperar una declaración papal porque, como vemos en este caso, esto siempre llega después. El Papa ha abierto el camino para los ministerios femeninos y la igualdad de todos los bautizados”. No tan positiva es la teóloga colombiana Consuelo Velez: “Es un paso muy lento que tiene como única finalidad modificar los cánones, porque en la realidad son servicios que las mujeres ofrecen ya de larga data. Las mujeres son las que en su mayoría participan de la liturgia (la presencia femenina en la catequesis alcanza el 90%); por lo tanto más que un paso adelante, es ponerse al día con una deuda pendiente en la Iglesia que casi debería dar vergüenza en pleno siglo XXI. Estos pasos tan lentos no pueden dejar de suscitar críticas, porque están llenos de temores, justificaciones y cegueras”.

Lucetta Scaraffia escribe: “El informe final de la primera comisión creada por el Papa para estudiar la posibilidad del diaconado permanente para las mujeres no es público y la nueva comisión creada el año pasado, aún no se ha reunido. La creación de estas comisiones parece más bien un torpe intento de posponer cualquier decisión”. Hay por lo tanto un debate en las filas progresistas de la Iglesia entre los que ven un cambio significativo para el futuro y creen que el Papa Francisco tiene la autoridad para cambiar las enseñanzas de la Iglesia sobre este tema y los que denuncian el miedo y la falta de respuesta a los pedidos del Sínodo Amazónico en favor del diaconado  femenino.

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