Tabaré: EL LEGADO HUMANISTA

“El Plan Ceibal es igualdad desde la niñez. Es una revolución irreversible”.
Dr. Tabaré Vázquez (1940-2020)

De no mediar las necesarias limitaciones que impone la pandemia –dura prueba que enfrenta el planeta y que superaremos con responsabilidad,  pero que requerirá una gran solidaridad personal y comunitaria– muy probablemente la mayor multitud en la historia de las despedidas de un líder en el Uruguay, caminando decenas de cuadras y expresando un hondo sentimiento de congoja y gratitud, le hubiera acompañado hasta la morada final en el humilde barrio que lo vio nacer.
Y, con profundo respeto se hubiera unido a la sencilla oración que pronunciara el padre Néstor Castell, Director de Tacurú.

La Teja, enclave obrero, del Progreso centenario, del Arbolito y de murgas de pueblo, de enseñanzas públicas y salesianas, crisol de solidaridades y de resistencia a los embates totalitarios.

Tabaré la recordó y volvió siempre a ella. No por una desviación demagógica o buscando un perfil populista. Coincidía con el gran vasco de Unamuno y su distinción entre la buena memoria y la memoria buena. No solo tenía envidiable recuerdo de nombres y fechas, sino muy especialmente de las condiciones de vida de aquellos con quienes compartió su niñez y juventud, de las inequidades que padecían, de la desigualdad de oportunidades.

En ese medio nació su vocación por ayudar a superar las injusticias sociales, su compromiso con los cambios en la búsqueda de una utopía de equidad y liberación de las grandes mayorías.

En esa vivencia se forjó hondo y profundo su Humanismo.

Tabaré no abrevó en la profundidad teórica de las corrientes filosóficas más tradicionales del humanismo en sus distintas acepciones. Pero practicó lo que Mario Cayota nos recordaba en profunda semblanza, un ”Humanismo Existencial” como lo definió el propio líder. Una filosofía basada en la persona y su dimensión comunitaria.

Esa dirección humana marcó todas sus acciones. En lo deportivo, priorizando la proyección social del viejo Progreso sobre resultados y logros estridentes – ello sin desconocer los éxitos en la década de su Presidencia de los ”Gauchos” y que fueron, si se me permite, la mayor “cargada” que debí soportar del amigo futbolero en relación a mi lealtad liverpulense en espera desde 1915- , impulsando desde sus gobiernos municipales y nacionales políticas públicas en materia de deporte y educación física.

Modestamente, puedo dar testimonio de que a diferencia de otros lugares que imponían un exigente protocolo -y que, por cierto valoraba como acciones generadoras de empleos dignos y divisas- no nos costaba comprometer su presencia entusiasta en inauguraciones de mejoras en Plazas de Deporte en barriadas populares, en academias de boxeo en el marco de su programa Knockout a las drogas, en actividades de Gol al Futuro, orientadas a la posibilidad educativa integral de los jóvenes profesionales…

En su profesión médica, en el trato tan humano del paciente y su familia como coinciden miles de testimonios. Y, en la vivencia intransferible de su especialidad.

Carlos Castillo escribió, refiriéndose a la cercanía con el dolor: “me parece que esto le da una raíz cultural de una dimensión humana tal, que tiene que ver con la radicalidad más misteriosa del hombre, que es el sufrimiento”.

El Sistema Integrado de Salud, el Hospital de Ojos, los programas de salud bucal que impulsó María Auxiliadora, el Sistema Nacional de Cuidados, la lucha frontal contra el tabaquismo y los poderosos que con él lucran, y tantas iniciativas animadas por la obsesión de mejorar las condiciones de vida de los sectores más vulnerables.

Por ello se lanzó a la política. Para cambiarla en muchos aspectos en general y en la izquierda muy especialmente, en beneficiosa renovación de formas que sacudieron esquemas, para lograr, sobre la acumulación de tantos años de sueños y luchas, generar un liderazgo carismático que produjo victorias históricas.

Sin abandonar la utopía de un “socialista sin carné,” con mirada larga pero con sentido de la realidad compleja, inició un camino de cambios inaugurando un tiempo progresista de la patria, que la historia valorará en sus justos términos.

Por su iniciativa, tuve el honor y la responsabilidad de presidir durante muchos años la Comisión Nacional de Programa.

Pero si tuviera que seleccionar una acción de gobierno que jamás olvidaré, coincido con Pepe en que sería el día que en el pago de Cardal entregó la primera ceibalita a un niño escolar que en su pequeño tambo paterno filmaría más tarde un parto de la generosa vaca lechera. Esa foto recorrió el Uruguay y el mundo. Y, el Plan Ceibal no estaba en el Programa.

Expresaba el legado de un humanista.

Héctor Lescano

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