1 de diciembre, CARLOS DE FOUCAULD, HERMANO DE TODOS.

Cada 1 de diciembre celebramos la memoria litúrgica del Beato Carlos de Foucauld. Este año 2020 con las particularidades de que fué anunciada su Canonización, así también porque el papa Francisco cierra su Encíclica “Fratelli tutti” haciendo una preciosa referencia a él.

Dice el Papa:

“Pero quiero terminar recordando a otra persona de profunda fe quién, desde su intensa experiencia de Dios, hizo un camino de transformación hasta sentirse hermano de todos.  Se trata del Beato Carlos de Foucauld. Él fue orientando su sueño de entrega total a Dios, hacía una identificación con los últimos, abandonados en lo profundo del desierto africano. En ese contexto expresaba sus deseos de sentir a cualquier ser humano como un hermano, y pedía a un amigo “ruega a Dios para que yo sea realmente el hermano de todos”. Quería ser en definitiva “el hermano universal”. Pero solo identificándose con los últimos llegó a ser hermano de todos.  Que Dios inspire ese sueño en cada uno de nosotros”. Amén

¿Cuál es esta profunda experiencia de Dios?  él es un convertido, un enamorado, aquel que, desde la realidad de su propia historia y luego de una llamada, se ha adentrado en las profundidades de su “fuente interior” escuchando allí la voz de Dios que lo llama a entrar en profunda comunión con Él, podemos decir tranquilamente que Foucauld va en línea con Teresa de Jesús, San Juan de la Cruz, Ignacio de Loyola … en un momento dirá “tan pronto como creí que había un Dios, comprendí que no podía hacer otra cosa que vivir para él”.  Este Dios para el que se siente llamado a vivir es Jesús, el del Evangelio, Dios encarnado, que se revela y se manifiesta en la carne, en nuestra carne, un Dios compasivo, que desborda ternura. Hijo de su tiempo, Carlos está también marcado por la devoción al Sagrado Corazón, que él idealiza, reconoce en el Misterio de la Eucaristía, ante quién gusta permanecer en Adoración.

“Cuando se ama, se imita”,  seducido por Jesús en sus 30 años de “vida oculta”, cotidiana, ordinaria, la de un obrero entre tantos, lo irá buscando, desde la aldea concreta en Tierra Santa, pero sobre todo adecuando su propia forma de vivir a la del “Divino obrero” .. descubre así que Nazareth no fue solo un tiempo preparatorio para la misión evangelizadora del Señor, sino que es allí donde Dios ha revelado su verdadero rostro, un Dios cercano, tanto como para hacerse uno de nosotros, compartiendo desde adentro nuestro andar, búsquedas, sueños, luchas … Se dirigirá hacia el desierto, pero, al decir de Antoine Chatelard, “no fue allí para estar más cerca de Dios, sino para estar más cerca de la gente que el desierto mantiene alejada del mundo”…  iniciando un camino de seguimiento, donde, amar a Dios se aprende amando al hermano, al otro, sobre todo al más alejado, desvalido, vulnerable, lo que hoy llamamos una verdadera “opción preferencial por el pobre” … Fue en los últimos años de su vida donde Carlos completó su “sí mismo”, (self según la psicología) descubriendo y aceptando por fin su vocación de “misionero aislado”, dejando de lado toda pretensión de conquista (tentación muy frecuente en los cristianos) predicando el evangelio con la propia vida, “desbrozador evangélico”, aquel que desde la cercanía, amistad y respeto por cada persona en particular, simplemente prepara la tierra para la siembra…

La vida del Hermano Carlos de Foucauld sigue inspirando hoy a muchos en el seguimiento de Jesús, así, laicos de todo medio social y estado, casados, solteros, viudos, célibes por opción, religiosos “Hermanitas y Hermanitos”, sacerdotes y obispos, cristianos de otras denominaciones, agrupados en asociaciones llamadas “fraternidades”, o también en soledad, se empeñan en ser hermanos de todos, desde su propia vida familiar o comunitaria, laboral, amistosa, muchas veces insertos en barriadas populares, otras, comprometidos en movimientos de justicia y paz, promoviendo los derechos de la mujer, de los sin tierra, de los migrantes, en fin, aventurándose, según las necesidades y posibilidades, por las periferias humanas y existenciales, abriendo brechas de encuentro y abrazo con todos, especialmente con los alejados, excluidos …

María, Pequeña Nazarena, ¡ruega por nosotros hoy y siempre! 

                                        Jorge Márquez, jardinero.

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