ESPAÑA: LOS ESCÁNDALOS EN LA IGLESIA

El español Alejandro Fernandez Barrajón, un conocido sacerdote mercedario escritor y experto en vida consagrada y espiritualidad, escribe en Religión Digital: “¿Está dejando la gente de ser creyente? Hay muchos bancos vacíos en las iglesias y muchas canas…

…Sin embargo la fe se mantiene viva en mucha gente a pesar de alejarse de la institución eclesial y de su jerarquía por ser incoherente y llena de escándalos. El papa Francisco es consciente de esta realidad y busca la renovación promoviendo una Iglesia pobre, que mire a lo esencial del Evangelio. Estamos viviendo un momento complejo, cuando no confuso, en la vida de la Iglesia. Es verdad que los escándalos son casos particulares pero tan dolorosos que nos descolocan y nos inquietan: pedofilia, áticos de lujo para los obispos, palacios al más puro estilo medieval, amor al dinero etc. El escándalo principal es el acoso constante de cardenales y obispos contra el Papa. Ha llegado el momento de evaluar con seriedad lo que nos está pasando y qué hay que hacer para parar la sangría de creyentes. Lo peor es que dentro de la Iglesia muchos sacramentos se están celebrando sin fe: primeras comuniones que son las últimas, bodas en la iglesia para aparentar, unciones de enfermos que nadie solicita, confirmaciones sin compromiso, confesiones en desuso creciente. En nuestro país más de la mitad de la población se declara católica, pero muy pocos van a misa. Sin embargo la gente reza, cree en Dios, sigue profesando el Creo, le gusta el evangelio. El cristianismo lo han demostrado en los hechos tantos voluntarios en la pandemia. La gente no está dejando de ser creyente, pero sí está dejando de ser practicante. No ha dejado de creer en Dios, ni en Jesús ni en el Evangelio, sino en los hombres de Iglesia; por eso se acerca cada vez menos a ella. Todo esto significa que algo está fallando  en la práctica pastoral de la Iglesia. No está dando las respuestas esperadas por los fieles , en consonancia con los signos de los tiempos. Necesitamos de una Iglesia que no hable tanto de los pobres sino que ella misma sea pobre, para ser creíble. Menos preocupada para juzgar y excluir gente y más samaritana, más de Jesús y menos del mundo. Está llegando el tiempo de una fe vivida en pequeñas comunidades donde el fuego de Jesús siga ardiendo. Hace mucho tiempo que estamos advirtiendo la falta de presencia en la Iglesia de los jóvenes, síntoma evidente de una grave hemorragia. La culpa no es del virus. Muchos jóvenes tienen la impresión de que la Iglesia no ha avanzado con el tiempo. Por eso la disminución vocacional en Europa es preocupante; no hay una oferta de vida o estilo de vida atractivo y valiente. Se detestan a los que se aprovechan de la religión para una vida cómoda y aburguesada. Hay demasiados cristianos asintomáticos capaces de contagiar la peste sin presentar síntomas. Sin embargo, si la Iglesia ha perdurado por tanto siglos, se debe a su capacidad de adaptación y renovación. Estamos en tiempos de crisis; pero una crisis provoca cambios, sacude conciencias. Solo los muertos no padecen crisis. El papa Francisco denuncia sin vueltas lo que no anda bien en la Iglesia y propone nuevos caminos más conformes al evangelio con su ejemplo y con su palabra. Pero si se piensa que lo que dice es para los demás; así no hay manera”.

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