PARAGUAY: CARTA DE LAICOS A LOS OBISPOS

Es una carta dirigida al presidente de la Conferencia Episcopal, Adalberto Martinez, el 3 de noviembre pasado, en ocasión de la asamblea de los obispos. La carta denuncia que en Paraguay “hay una minoría que vive demasiado bien y una mayoría que vive demasiado mal. La minoría de los privilegiados alcanza el 10% de la población y vive a costillas del estado, o sea del pueblo contribuyente…

Se encuentra en todos los estamentos del estado y hace uso y abuso del dinero del pueblo. Con ellos se asocia el clientelismo, el amiguismo, el nepotismo; toda la familia, el parentesco ingresa en la función pública, sin importar la idoneidad ni la necesidad de la función. Se habla de 350 mil funcionarios públicos, que en realidad podrían ser muchos más. Para todo esto, no hay diferencias de partidos o de colores. Los que están en el poder se unen en función de sus intereses personales, familiares y  grupales en el marco de una generalizada corrupción e impunidad. El 80% de los ingresos tributarios están destinados al pago de los salarios de estos funcionarios. Por otro lado la mayoría vive muy mal. Pocos tienen mucho (riqueza, cultura, poder, prestigio) y muchos tienen poco. El 2% de los propietarios controla el 80% de las tierras y de las aguas. Hay 7.851.295 hectáreas de tierras mal habidas, según el CVJ. Los  extranjeros, principalmente brasileños, ocupan el 35% de nuestras tierras. Decía el recordado arzobispo Juan Bogarin: “Después de mi desaparición de esta tierra, no quisiera que sus hijos terminaran siendo esclavos del capital extranjero”; y esto es lo que sucede. Ha entrado el capitalismo agrario con la soja transgénica y el despojo de campesinos e indígenas de sus tierras. Las injustas desigualdades sociales conspiran contra la convivencia fraterna y pacífica. Creemos necesario insistir en la difusión de la Doctrina Social de la Iglesia, sobre todo en el destino universal de los bienes y  la vigencia del bien común, para que la propiedad privada sea accesible a todos. Compartimos las preocupaciones del Papa Francisco sobre una ecología integral, una economía inclusiva y la prioridad del trabajo sobre el capital. Somos cristianos comprometidos con el cambio y la opción evangélica por los pobres. Pedimos a nuestros obispos un aporte doctrinal y de orientación para poner en marcha un nuevo modelo de desarrollo superador del neoliberalismo y el capitalismo salvaje”.

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