CONSUELO VÉLEZ: ¿QUÉ HEMOS APRENDIDO DE LA PANDEMIA?

“Limitándonos a la dimensión religiosa, no se ha aprendido demasiado. Algunos inclusive han calificado las cuarentenas como acciones del gobierno contra la Iglesia y han invocado el derecho a  la libertad religiosa, lo cual es un absurdo en este caso. Algunos reclaman que se reabran en totalidad los templos porque es un derecho de los feligreses…

Me parece por el contrario que se perdió una vez más la oportunidad de repensar nuestra fe y volver a lo esencial. Creo que la Iglesia debería ser la primera en defender la vida también en tiempos de pandemia y no renegar de la cuarentena creyendo que por mucho rezar, Dios acabará con el virus. Parecen creer que fue Dios a mandar el virus; lo hacen culpable a Él como si fuera un Dios que se deleita en enviarnos pruebas y castigos. Se perdió la oportunidad también de reflexionar sobre la Iglesia doméstica, que es vivir la fe no solo en la misa sino las 24 horas del día. La Iglesia es una comunidad de personas unidas en el nombre de Jesús, más allá del templo y la liturgia. Una Iglesia en salida como quiere el Papa es eso: practicar la caridad, la solidaridad y la misericordia, promover la esperanza. Aunque no se diga abiertamente, para algunos clérigos con la vuelta a  los templos, se trataba de recuperar la solvencia económica que se perdió por la ausencia de fieles. La pandemia habrá sido útil si de ella salimos más humanos, comprometidos con la vida, la justicia social, empeñados en formar comunidades vivas, en servir a los templos vivos de Dios presente en los hermanos”. A Vélez le hizo eco otro teólogo, José María Castillo: “El clero se ha preocupado por recuperar las ceremonias sagradas y las prácticas religiosas, pero no hubo, salvo excepciones, una preocupación igual por la salud de todos y en particular de los más desprotegidos. Sin embargo el problema que más preocupaba a Jesús era la salud de los enfermos aunque para curar tales enfermos fuera necesario quebrantar leyes y prácticas  religiosas. Nuestra Iglesia da la impresión que si se ve privada o limitada de misas, bautismos, comuniones, bodas, entierros, procesiones.., no sabe qué hacer, no sabe qué decir. Sin embargo esta sociedad que tanto está sufriendo,  justamente lo que más necesita es lo que la Iglesia no acierta en decirle, no con palabras sino con hechos de amor. En los 4 evangelios se recogen 67 relatos de curaciones de enfermos. Lo que más le preocupaba a Jesús era la vida y la salud de la gente. El evangelio es ante todo una forma de vivir y de servir. La pandemia tendrá remedio no pretendiendo privilegios religiosos ni esperando tan solo la vacuna, sino cuando tomemos en serio lo que mandan las autoridades competentes en este asunto”. La teóloga colombiana y el teólogo español nos recuerdan lo que ya decía san Vicente de Paul: “La caridad es una ilustre señora y hay que cumplir siempre lo que ordena. El servicio a los pobres y enfermos debe ser preferido a todo. Si mientras rezas te llaman para llevar un medicamento o una ayuda, deja la oración y acude con presteza; ese servicio lo prestas al mismo Dios al que estabas rezando”.

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