CHILE: AUTOCRÍTICA EN LA IGLESIA

Un informe de la Universidad Católica de Chile cuestiona la actitud de los obispos y superiores religiosos en el caso de los abusos sexuales del clero. “La respuesta de las autoridades de la Iglesia Católica ha sido limitada, insuficiente y negligente”. El informe hace un análisis, fruto de una investigación que duró dos años y abarca el período 1970-2019. Ha habido en ese lapso 194 clérigos denunciados por abusos sexuales a menores de 18 años (el 3,6% del clero presente en el país).

“Las autoridades religiosas han tardado mucho en comprender la gravedad de los hechos; han perseverado en el secreto eclesiástico y en el encubrimiento para no dañar a la institución; han desconocido que no solo se trata de pecados sino de delitos susceptibles de sanciones penales; no activaron investigaciones a pesar de las denuncias y solo se movieron cuando llegó la presión pública; no han tenido contactos significativos con las víctimas durante todo este período y no se ha articulado ninguna iniciativa en orden a la verdad, justicia y reparación de alcance nacional”. El informe concluye diciendo: “Ninguna denuncia de abuso debe ser ocultada, desatendida o ignorada, aún cuando no reúna en el momento todos los elementos de verosimilitud necesarios”. Por su parte, la teóloga chilena Carolina del Rio Mena advierte: “Quisiéramos dar vuelta a la hoja, dejar de oír los quejidos de las víctimas, dejar de ver a curas pedófilos ocupar los titulares de los diarios..  Es que la Iglesia chilena no logra aún reponerse de la perplejidad, la vergüenza y el sufrimiento por estos escándalos de abuso sexual, de poder y de consciencia. Se ha hecho un daño devastador a la Iglesia y al pueblo. Hay todavía una enorme incomprensión del drama existencial que significa ser víctimas de estos abusos. Cuando se dice que el agresor ya ha muerto y por lo tanto se terminó el problema, todavía no se ha entendido que la denuncia, justa y necesaria, es por las víctimas para que legitime sus sufrimientos. No hemos entendido que algunas prácticas como la confesión y el acompañamiento espiritual pueden ser fuente de enormes abusos y requieren ser revisadas. Lo que pasó también nos ha hecho constatar nuestra falta de actitud crítica al interior de la Iglesia ya que se nos enseñó a obedecer siempre  y en silencio. Tenemos un clero que ha tenido una formación insuficiente en cuanto a la sexualidad, sin diálogo con las ciencias sociales. Siempre ha reinado un  profundo desconocimiento, temor y falta de valoración hacia lo que las mujeres son y pueden aportar. El modelo de Iglesia jerarquizada y sin controles, sin dar cuenta a nadie, ha fracasado. No es tan solo problema de los curas; es la Iglesia que está perdiendo credibilidad .Todos somos parte de la crisis y no simples espectadores”.

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