URUGUAY: RECORDANDO A GALEANO

Hace cinco años fallecía en Montevideo el escritor uruguayo Eduardo Galeano. Tras el golpe cívico-militar de 1973 en Uruguay, se exilió en Argentina y después en España; volvió a Uruguay en 1985. El teólogo español Juan José Tamayo lo recuerda como un hombre que “vivió y pensó la compasión para con los condenados de la tierra, los que él llama “los nadie”.

Galeano era poeta y en su poesía habla de “los nadie, los hijos de nadie, los dueños de nada, los ningunos y ninguneados que no son, aunque sean”. Su primer libro fue: “Las venas abiertas de América Latina” publicado en 1971 que escribió a los 31 años “en noventa noches cargadas de cafeína”, como él confiesa. El libro ha sido traducido en veinte idiomas con numerosas ediciones, pero prohibido por las dictaduras militares. Fue un libro estremecedor que abrió los ojos a mucha gente, escrito desde el Sur y no desde el Norte, desde el reverso y desde debajo de la historia. Galeano es muy crítico con la historia oficial de la conquista: “Vinieron. Ellos tenían la Biblia y nosotros la tierra. Nos dijeron: “cierren los ojos y recen”. Y cuando abrimos los ojos ellos tenían la tierra y nosotros la Biblia”. Soñaba con la utopía de otro mundo posible sabiendo que a esa utopía “por mucho que camine no la alcanzaré. ¿Y entonces para qué sirve? Para eso sirve: para caminar”. No era una utopía descolgada de la realidad; era soñar despiertos. Ese otro mundo posible debería “incorporar en los códigos penales el delito de estupidez que cometen los que viven para poseer y ganar en vez de vivir para vivir nomás. Como canta el pájaro sin saber que canta, como juega el niño sin saber que juega. Nadie viviría para trabajar, pero todos trabajarían para vivir. Los niños de la calle no serían tratados como basura, porque no habrá niños de la calle. La justicia y la libertad, hermanas siamesas condenadas a vivir separadas, volverán a juntarse y a besarse. La santa madre Iglesia dictará también otro mandamiento que se le había olvidado a Dios: “amarás a la naturaleza de la que formas parte”. Para Galeano “los mapas del alma no tienen fronteras”. Sin practicar ninguna religión, Galeano era un humanista que no estaba muy lejos del Reino de Dios.

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