NICARAGUA: ATAQUES A LA IGLESIA

El 31 de julio pasado hubo un ataque por parte de desconocidos contra la misma catedral con un incendio provocado que destrozó una escultura sagrada muy venerada de hace 382 años. No se encontraron responsables, pero según el vicario general de la arquidiócesis Carlos Avilés “las únicas amenazas que hemos recibido hasta ahora provienen del gobierno que acusó públicamente a los obispos de terroristas”.

El ataque se añade a muchos otros contra la Iglesia; ya son 24 en los últimos 20 meses según el Centro Nicaragüense de Derechos Humanos. La Iglesia desde hace años defiende la libertad y los derechos humanos contra el gobierno autoritario de Daniel Ortega y su mujer Rosario Murillo. Los ataques a la Iglesia se deben también a los esfuerzos de la Iglesia para advertir a la población de los peligros del COVID-19. La pandemia ha sido negada por el régimen y los datos oficiales no son creíbles. Según el Observatorio Ciudadano los contagios son tres o cuatro veces más que los oficiales. Nicaragua no ha tenido en cuenta las recomendaciones de la OMS y la pandemia se ha disparado. No dispuso medidas de distanciamiento físico, el uso de las mascarillas; las fronteras no se han cerrado, se permiten actos masivos y las escuelas están abiertas. Los mismos médicos no pueden usar mascarillas ni guantes para no crear alarmismos. Ya son más de mil los operadores sanitarios contagiados y un centenar los muertos. Veintiún médicos han sido expulsados de hospitales públicos por protestar. Se ha impedido a la diócesis de Matagalpa abrir un consultorio médico para el COVID-19.  La Comisión de Justicia y Paz de la arquidiócesis de Managua cuestionó la falta de servicios de salud, además de seguir denunciando la realidad de los presos políticos, el amordazamiento de la prensa, la impunidad de los crímenes. Cien mil nicaragüenses han salido para el exilio por falta de trabajo, inseguridad, persecución política. Por su parte Daniel Ortega acusa a los obispos de adherirse a un supuesto plan para derrocar al gobierno. El obispo auxiliar de Managua Silvio Báez, el que más ha levantado la voz en defensa de los derechos humanos, ha sido amenazado de muerte y tildado por Ortega de “bravucón”. Ahora, ya hace siete meses que está en el Vaticano, por orden del papa Francisco el cual hizo lo que había hecho Pablo VI con el cardenal Pironio para salvaguardarlo de una muerte segura. El Vaticano ya no quiere que se repita lo que pasó con el arzobispo Romero de El Salvador. Báez sigue siendo auxiliar del cardenal de Managua y se propone volver cuanto antes.

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