(editorial) ¡MIREN CÓMO SE AMAN!


Esta era la impresión que tenían los paganos de las primeras comunidades cristianas, según atestigua Tertuliano (+222), uno de los más antiguos escritores cristianos. Mirando hoy a la Iglesia quizás podría decirse: “¡miren cómo se pelean!”. Las que no hace mucho tiempo atrás no eran más que diferencias entre conservadores y progresistas (se decía que un coche necesita del acelerador y del freno), ahora se han transformado en guerra abierta, como entre bandos enemigos. Inclusive hay una oposición frontal al papa Francisco, un cuestionamiento de su enseñanza y de su acción, con un lenguaje nada respetuoso y a veces agresivo y violento.

Muchos se han transformado imprevistamente en teólogos, con la pretensión de enseñar a los obispos y al mismo Papa. El Evangelio nos prohíbe acudir a la injuria, a la maledicencia, a la difamación y a la calumnia. Nos prohíbe juzgar y sobre todo escandalizar al pueblo de Dios. Los enfrentamientos públicos entre sacerdotes y hasta entre obispos, causan desconcierto y dudas entre los fieles y el abandono, muchas veces silencioso, de la práctica religiosa. Los discípulos de Jesús debemos usar únicamente la espada de la Palabra de Dios, con un mensaje que debemos llevar con humildad y mansedumbre. Después  de tantas guerras de religión y cruzadas en la historia, deberíamos haber entendido que la fe y la verdad se proponen, no se imponen. Nadie puede excomulgar a quien piensa distinto; la misma excomunión oficial de la Iglesia no es condena sino medicina. Nunca hay que arrancar la cizaña, dice Jesús.

 

LOS UNOS…
Están los integristas o ultraconservadores que se aferran a doctrinas, costumbre y prácticas pasadas (que no son dogmas de fe) y con sus insistentes reclamos escandalizan a los buenos cristianos que quieren ser fieles al Concilio y a la enseñanza de la Iglesia. Se olvidan de que sea la doctrina como la pastoral requieren una permanente actualización en muchos aspectos. Nuestra capacidad de descubrir la verdad de Dios es progresiva (Jn 16,12). De allí los cambios en el Catecismo, en la Liturgia etc. Muchos buscan seguridad, tierra firme; pero muchas también son las sorpresas de Dios y la fe es caminar sobre el agua como Pedro, siempre mirando a Jesús. No hay que confundir la fe con la mera afirmación teórica de verdades y principios. Jesús censuró el fanatismo, la intolerancia, el rigorismo y la rigidez de los Fariseos que se apoyaban en las tradiciones, en la ley y las costumbres, olvidando lo principal que es el amor a Dios y al prójimo. El Evangelio, más que un libro a leer, es un camino que hay que caminar, vida que hay que vivir. Estos “guardianes de la fe” acusan al papa Francisco de no ser teólogo y lo contraponen a Benedicto. La del Papa es una teología pastoral, no especulativa, que parte de la realidad (según la metodología del “ver, juzgar, obrar”) para dar respuestas a preguntas concretas y no a las que nadie hace; busca ponerse al servicio del Pueblo de Dios escudriñando los signos de los tiempos. Estos grupos que acusan a Francisco de “hereje”, también lo acusan de comunista y tercermundista. No toleran que Francisco haya humanizado el Papado, que la Iglesia se rebaje a luchar al lado de los emigrantes, de los movimientos populares, de los que luchan por la tierra, el techo y el trabajo, de los que defienden el medio ambiente. Para ellos no es esa la misión de la Iglesia. El clero y los laicos que han hecho carrera con la religión, no pueden soportar una Iglesia donde todos seamos iguales, con los mismos derechos. Sin embargo el ministerio de Francisco está en perfecta continuidad con los profetas bíblicos que criticaban un culto sin obras de justicia y misericordia, de las bienaventuranzas de Jesús y de la Doctrina Social de la Iglesia. La postura valiente de Francisco molesta a muchos porque su voz viene del Sur y es la voz de los que no tienen voz. Estos grupos presionan para que Francisco renuncie y preparan el terreno para que el próximo Papa tome otro camino.

 

Y LOS OTROS…
Por otro lado están los progresistas a ultranza que denuncian que no ha habido cambios reales en la Iglesia y acusan al Papa de cobardía, de haber traicionado las expectativas, de estancamiento y de retroceder frente a las presiones. Quieren cambios rápidos y radicales. Piden democratizar la Iglesia, que haya cardenales y nuncios laicos, que se ordenen hombres casados, que se acepte el diaconado y el sacerdocio para las mujeres, etc. Hay que recordar que el Papa es primeramente garante de la unidad de la Iglesia; es su ministerio específico. El mismo Papa explicó en Evangeli Gaudium (n.31) que el pastor ha de cuidar la unidad de la grey; a veces debe ir adelante para indicar el camino, otras veces  simplemente acompaña y en  ocasiones tiene que caminar detrás para ayudar a los rezagados. Confía que el rebaño tiene buen olfato para encontrar nuevos caminos. Así se entiende la actitud que tuvo Francisco frente a las conclusiones del  Sínodo de Amazonia. Es falso que el Papa haya rechazado la ordenación sacerdotal de hombres casados y el diaconado para las mujeres. Sobre estos temas todavía muy conflictivos el Papa no ha prohibido ni cerrado nada; el debate está abierto y es legítimo (no son dogmas de fe), pero requiere más tiempo para decisiones. “Francisco prefiere reforzar el tejido eclesial más que poner un remiendo nuevo a un traje viejo”, ha escrito sabiamente el teólogo Víctor Codina. Además, denunciar el drama ecológico social del planeta era más urgente que las cuestiones internas eclesiásticas. La impaciencia para obtener resultados rápidos suele crear más tensiones. Francisco inicia procesos, abre caminos; otros seguirán. Es indiscutible que se goza hoy de una libertad de opinión que muy pocas veces hubo en la Iglesia. Francisco no excomulga a nadie; solo le disgustan “las críticas que van por debajo de la mesa y con una sonrisa te apuñalan por detrás”, dijo alguna vez. Sufre por ciertas críticas destructivas y negativas que solo crean divisiones. La humildad del Papa y esta pandemia que todos padecemos debería haber ayudado a un mayor diálogo y acercamiento.
Se ha criticado, y justamente, el documento de la curia vaticana sobre la parroquia, en el cual casi ni se habla de la sinodalidad que propugna el Papa. Esta es la prueba de la dificultad para pasar a las reformas estructurales de la Iglesia que el mismo Papa promueve.
Lamentablemente hemos olvidado el gran lema pastoral de san Agustín: “En la verdad unidad, en el dubio libertad, en todo caridad”.

Un comentario en “(editorial) ¡MIREN CÓMO SE AMAN!

  1. ♨️♨️♨️DEBEMOS SEGUIR A FRANCISCO Y DAR GRACIAS A DIOS POR DARNOS UN PAPA QUE VOLVIÓ LA IGLESIA AL EVANGELIO, LIBERÁNDOLA DE LA CORRUPCIÓN DE TODO ORDEN.

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