(Catequesis de Adultos): ¿SON INFALIBLES LOS PAPAS?

Francisco a la Iglesia chilena: “Con vergüenza tengo que decir que no hemos escuchado y reaccionado a tiempo”.

Hace 150 años, el 18 de julio de 1870 al finalizar el Concilio Vaticano Iº convocado por el papa Pio IX, fue proclamado el dogma del primado del Papa en la Iglesia como sucesor de Pedro y  la infalibilidad de su magisterio en determinados momentos. La infalibilidad papal sigue siendo un dogma incomprendido por muchos católicos y una piedra de escándalo para los cristianos no católicos (protestantes y ortodoxos).

Al Concilio Vaticano Iº hay que ubicarlo en su contexto histórico. La Iglesia se sentía como asediada por una modernidad racionalista y anticlerical, por la injerencia de los estados en el gobierno de la Iglesia, por el derrumbe de los Estados Pontificios. Se habían padecido cuatro siglos de Iglesias nacionales. Había una tendencia en la Iglesia, la del Galicanismo sobre todo en Galia (Francia) que buscaba sustraerse del poder del Papa. Se quería por eso restaurar la autoridad del Papa y la libertad de la Iglesia. Al día siguiente de la proclamación del dogma, estalló la guerra franco-prusiana y Napoleón III retiró sus tropas de Roma (que allí estaban para proteger al Papa), lo que hizo posible la entrada en Roma de las tropas italianas el 20 de septiembre. Roma fue declarada capital de la península, terminaron los Estados Pontificios y Pio IX pasó a considerarse prisionero en el palacio apostólico. El Concilio tuvo que interrumpirse sin ni siquiera ser oficialmente clausurado. Un centenar de obispos (sobre 535) no participaron de la votación por no aceptar la infalibilidad papal. Debido a la interrupción del Concilio, el papa Juan XXIII un siglo después dispuso completarlo con otro Concilio que tuvo lugar de 1962 a 1965 y justamente se llamó Vaticano II. Al Concilio Vaticano Iº hay que leerlo por lo tanto a la luz del Vaticano II que no solo exalta el rol del Papa sino también el de la colegialidad episcopal, de la autoridad y docencia de todos y cada uno de los obispos en comunión con el Papa.

 

¿QUÉ SON LOS DOGMAS?
Los pastores ejercen en la Iglesia, por mandato de Cristo, un Magisterio (del latín “magister”, maestro) que se refiere a todo lo que tiene que ver con la doctrina y la moral cristiana. Hay enseñanzas reveladas por Dios en Cristo que forman parte o se deducen del Evangelio explícita o implícitamente. Cuando estas enseñanzas son propuestas oficialmente (en latín se dice “ex cátedra”, es decir desde la cátedra del maestro) por el Papa como sucesor de Pedro o por un Concilio, estas doctrinas son llamadas “dogmas”; hay que creerlas por la fe que profesamos en Jesús y su Evangelio: tienen carácter vinculante para el cristiano. La palabra “dogma” procede del verbo griego “dokein” que significa creer, creencia. En la actualidad con la palabra “dogmático” muchas veces se tilda a una persona por fanática. No es el caso del creyente para el cual los dogmas son verdades reveladas por Cristo y transmitidas por la Iglesia. No es lo mismo hablar de dogmas que de dogmatismo. En el pasado surgieron muchas herejías contra la fe cristiana y por eso se hizo necesaria la convocación por parte de los Papas de los Concilios que reúnen a todo los obispos de la Iglesia para confirmar en la fe verdadera a los cristianos.  Estos Concilios establecieron definiciones dogmáticas. Son muy pocos los casos en que los Papas, actuando independientemente de los Concilios, pero de común acuerdo con toda la Iglesia, han definido dogmas de fe. En la época moderna se dieron los casos del dogma de la Inmaculada Concepción por parte de Pio IX y de la Asunción de Maria Virgen al cielo en alma y cuerpo por parte de Pio XII. Los dogmas tienen un núcleo definitivo y permanente, pero también un envoltorio que puede ser reformulado y actualizado. El Papa no declara  nuevas doctrinas; simplemente expone y explicita las que son reveladas por Cristo y transmitidas por los Apóstoles; y en esto está garantizada la asistencia del Espíritu Santo. Todos los dogmas son declaraciones formales de algo que ya existe y se profesa en la Iglesia. El Papa no actúa en forma solitaria como dotado de poderes divinos por encima de la Iglesia. No puede inventar una nueva doctrina y pretender imponerla contra el sentido general de la Iglesia; tiene que preservar incólume y con fidelidad la Revelación de Jesús transmitida por los Apóstoles. Los dos dogmas marianos de la época moderna son creencias que ya se tenían en la Iglesia primitiva; los mismos ortodoxos los comparten, aunque los rechazan como dogmas porque no aceptan la autoridad del Papa. La doctrina de la Iglesia se ha ido lentamente afirmando y es cada vez menos necesario recurrir a los dogmas. Los últimos Papas no han utilizado nunca el magisterio infalible, ni Juan Pablo II en su largo pontificado.

 

¿EL PAPA TIENE SIEMPRE RAZÓN?
La infalibilidad del Papa no significa que nunca se equivoca. Por la historia sabemos que muchas veces, sobre todo en la época moderna, los Papas se han equivocado. Hasta mediados del siglo XX los Papas han rechazado la libertad religiosa, se han opuesto a la democracia, han condenado el progreso y negado los Derechos Humanos, criticado la libertad de prensa, defendido la guerra justa y la pena de muerte, condenado las demás Iglesias y religiones. Estas posturas han sido rectificadas por el Concilio Vaticano II. Hasta hace poco no se admitía ningún error en la Iglesia y la apologética hacía saltos mortales para defenderlo todo. El papa Juan Pablo II reconoció valientemente que los pastores de la Iglesia muchas veces llegaron tarde y a remolque de la historia; y admitió errores que sin embargo nunca afectaron lo esencial de la fe y de la moral cristiana. Los hermanos protestantes acusan a veces a los católicos de creer y hacer todo lo que dice el Papa. Pero el Papa no está libre de errores como cualquier ser humano, ni de pecados. La infalibilidad no significa impecabilidad. De hecho en la historia de la Iglesia hubo hasta Papas depravados o guerreros. La Iglesia es santa y pecadora. Llamar al Papa “Su Santidad” es simplemente un título honorífico por su cargo y también se podría dejar. Tampoco es un super-obispo del mundo; es un obispo como todos los demás, obispo de Roma pero con una misión especial. Lamentablemente después del  Concilio Vaticano II la veneración por el Papa llegó a convertirse muchas veces en papolatría y el sucesor de Pedro pasó a ser Vicario de Cristo y de Dios. Llevó además a la configuración de una curia romana mucho mayor que antes, muy cortesana y con autoridad sobre los obispos como mano derecha del Papa. El Magisterio del Papa y de los obispos busca velar por la sana doctrina y la unidad de la Iglesia. Pero tiene niveles distintos de autoridad desde la carta pastoral de un obispo hasta una encíclica del Papa o el documento de un Concilio. El magisterio ordinario del Papa y de los obispos acude al aporte de los teólogos y de todo el pueblo cristiano. Ya no existe una Iglesia docente por un lado y una Iglesia pasiva y sumisa por el otro. Tanto el paternalismo como el infantilismo han llevado a que muchos católicos no sean adultos en la fe ni tengan voz propia. Este magisterio ordinario exige obediencia y asentimiento, pero no un acto de fe. No es infalible ni definitivo ya que de hecho ha variado y evolucionado en la historia; es posible una discrepancia razonada y respetuosa. No somos un ejército que obedece ciegamente al comandante en jefe, sino una comunidad donde el Espíritu Santo reparte sus carismas a todos los fieles.

 

¿QUÉ DICE EL EVANGELIO?
Jesús le confió a Simón la misión de ser “Kepha” (en aramaico =piedra grande o roca) sobre la cual iba a construir su Iglesia (Mt 16, 17-19). La palabra femenina traducida al griego pasó a ser “Petros” que quiere decir lo mismo pero adoptando un sustantivo masculino. A Simon le quedó el sobrenombre de “kefas” o Cefas.

También a Simón, Jesús le confió la misión de “confirmar a los hermanos en la fe” (Lc 22,31-32) y de “apacentar sus corderos y ovejas” (Jn 21, 15-17). Jesús no tenía ninguna intención de dejar a su Iglesia sin cabeza, abandonada a su suerte y le promete su cercanía (Mt 28, 18-20) y la ayuda del Espíritu Santo (Jn 14,16-17.26) que le enseñará todo lo necesario para mantenerla en la verdad. Por otra parte, la de Pedro no es una autoridad absoluta. Cristo instituyó a los Doce a modo de colegio, o sea de grupo estable al frente del cual puso a Pedro, elegido entre ellos. Ya desde los comienzos se organizó un Concilio, el primero, en Jerusalén (He 15,5-29) con la presencia de Pedro para discutir entre todos sobre los problemas del momento. En el Concilio el primer discurso que se recoge es el de Pedro. Santiago comunica las decisiones del Concilio y las justifica haciendo referencia a Pedro y a lo dicho por él. Pero Pedro no actúa al margen o por arriba del colegio apostólico. Hay libertad de expresión y Pablo lo reprocha a Pedro en Antioquía por su conducta acomodaticia frente a los cristianos judaizantes. Aún así Pedro queda como autoridad indiscutible en la Iglesia como se lee en los capítulos 9, 10 y 12 de los Hechos de los Apóstoles. Es Pedro que habla en nombre de los Doce el día de Pentecostés. Es él que toma la iniciativa respecto de los paganos que han recibido el Espíritu Santo. Es evidente que un grupo que quiere perpetuarse en la historia, necesita de alguna forma de institucionalización con la existencia de una autoridad central. Y así fue después de la muerte de los apóstoles, para que la  Iglesia pudiera llegar hasta los confines de la tierra como había pedido Jesús. La Iglesia de Roma donde murieron Pedro y Pablo, siguió teniendo en la historia una autoridad particular sobre todas las iglesias.

 

¿CUÁNDO ES INFALIBLE EL PAPA?
Siendo que la Iglesia es portadora del mensaje revelado por Dios a los hombres, es necesario que esta Iglesia sea preservada del error en las cuestiones más vitales y decisivas. Esta infalibilidad se personifica en el magisterio extraordinario del Papa y de los obispos en comunión con el Papa. El Papa es infalible únicamente cuando habla de manera solemne “ex catedra”, es decir desde la cátedra de Maestro de la fe de todos los cristianos y define algo sobre la doctrina revelada o la moral fundada en las Escrituras. Pero no habla como persona particular; es necesario que actúe  en nombre y de acuerdo con toda la Iglesia. De hecho en ocasión de la definición de los dos dogmas marianos de 1854 y 1950 ya sea Pio IX como Pio XII consultaron a todos los obispos del mundo, con respuestas positivas casi unánimes. El Papa además ha de expresar sin ninguna ambigüedad su intención de proceder a una definición dogmática  irreformable (lo que no significa imperfectible). Por lo tanto la infalibilidad no abarca cualquier discurso del Papa, catequesis, entrevistas, libros, cartas o sentencias. Las intervenciones del Papa en el gobierno de la Iglesia no son infalibles. La enseñanza infalible del Papa “ex catedra” se aplicó una sola vez desde 1870; fue con la proclamación por parte de Pio XII del dogma de la Asunción de María en alma y cuerpo al cielo; lo que ya era conocido y profesado desde siglos como perteneciente a la Revelación cristiana. Lo que es infalible en definitiva es el mensaje de Jesús transmitido por la Iglesia con la ayuda del Espíritu Santo prometido. En definitiva, una declaración dogmática del Papa es infalible cuando tiene detrás de sí el consenso universal de la Iglesia; no se trata de una prerrogativa personal que pueda usar a sus antojos. Por eso es importante desarrollar en la Iglesia la colegialidad de los obispos, el diálogo y la sinodalidad; es lo que promovió el Concilio Vaticano II.

 

IGLESIA PUEBLO DE DIOS
La Iglesia Católica después del Concilio Vaticano Iº dio particular relieve al primado y a la autoridad del Papa. Tal evolución le ha dado a esta Iglesia la imagen de una gran pirámide jerárquica, con frecuencia representada en los catecismos de antaño, en la cima de la cual se encontraba el Papa, seguido en los escalones inferiores por los obispos y sacerdotes, y cuya base a ras de tierra era constituida por el pueblo fiel. Pero tal concepción es muy diferente de la forma que tenía la Iglesia de los orígenes y no corresponde a la sensibilidad contemporánea muy sensible a la participación y corresponsabilidad de todos. El Concilio Vaticano II ha vuelto a descubrir la Iglesia como Pueblo de Dios,  por lo que la Iglesia ya no se presenta como una pirámide centralizada sino invertida, en la que primero está el Pueblo de Dios y todos los demás, con sus roles específicos, a su servicio. Es una Iglesia-comunión donde las Iglesias Locales o Particulares  conviven en una comunidad de fe, de sacramentos y de caridad, respetando el ministerio del Papa que es presidir en la comunión y en la caridad. El primado papal se transformó después de Constantino y sobre todo en la Edad Media en un poder monárquico. Pero la Iglesia no es una monarquía. No hay nada en el Nuevo Testamento que haga pensar que es este el papel  asignado a Pedro. No es tampoco una democracia porque el soberano no es el pueblo sino Cristo. La Iglesia es el Pueblo de Dios organizado donde se conjugan la comunión y participación de todos los fieles, la colegialidad de los obispos y la presidencia del Papa al frente del colegio episcopal. La del Papa es la instancia última en orden a la libertad de la Iglesia, a la verdad de la fe, a la unidad de la Iglesia. Para los hermanos ortodoxos y protestantes la autoridad y la infalibilidad del Papa son el mayor obstáculo para la unidad de los cristianos; por otro lado admiran la unidad de la Iglesia Católica, frente a las múltiples divisiones que hay entre ellos.

 PRIMO CORBELLI

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