ESTADOS UNIDOS: IGLESIA HACE AUTOCRÍTICA

En el funeral de George Floyd: “Las palabras no bastan …”

El cardenal Daniel Di Nardo, ex presidente de la Conferencia Episcopal reconoció en el mensaje de despedida de Floyd, que la Iglesia de Estados Unidos tenía “una viga en el ojo”. Afirmó: “No podemos resolver el problema del racismo hasta que no reconozcamos que existe hoy también. Esto nos incluye como miembros de la Iglesia Católica. En el pasado los líderes de nuestra Iglesia a menudo se abstuvieron de hablar cuando salieron a la luz actos de violencia racial y otras injusticias. Ya no, pero ha habido muchos casos en que la Iglesia ha fallado en amar, como Cristo nos enseñó, a todos nuestros hermanos y hermanas. Los actos de racismo han sido cometidos por obispos, clérigos, religiosos, laicos y sus instituciones. Por consecuencia todos debemos asumir la responsabilidad de corregir las injusticias del racismo y sanar el daño que se ha causado sin recurrir a la violencia. No basta con las palabras; hay urgencia de reformas. Floyd murió por no poder respirar. Solo podremos volver a respirar libremente todos, cuando nos dediquemos a eliminar el pecado del racismo en nuestra sociedad”.

El Papa mismo mencionó dos veces por nombre a Floyd condenando el racismo y cuestionando implícitamente a los católicos conservadores de Estados Unidos para los cuales solo la cuestión del aborto es prioritaria y no el racismo, la inmigración, la pena de muerte, la pobreza y la desigualdad. El caso de Floyd, que se repitió otra vez el 13 de junio con un joven afroamericano en Atlanta, cuestiona también el racismo en América Latina. En Brasil por ejemplo el 75,5% de las  víctimas de homicidio son negros, mayormente imputables a las fuerzas del estado. Según el Foro Brasileño de Seguridad Pública, la policía mata en media a unos 5 mil afrodescendientes por año. La brutalidad policial es un problema en toda América Latina, pero es mucho más grave cuando involucra a afrodescendientes e indígenas por motivos raciales. Esos dos grupos tienen un tratamiento diferenciado inclusive a nivel de sociedad, evidente en las cifras de pobreza, exclusión y acceso a los servicios básicos en toda la región.

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