ESTADOS UNIDOS: NO TAN SOLO FLOYD

Las manifestaciones de protesta en decenas de ciudades de Estados Unidos, ya gravemente marcado por la pandemia y con millones de desempleados, tienen raíces profundas y van más allá de una mera reacción al asesinato de George Floyd. Floyd no es excepción. Otros han muerto de la misma forma, como Manuel Ellis sofocado por la policía el 3 de marzo pasado.

Breonna Taylor fue recientemente asesinada por la policía en Louisville, Ahmaud Arbery también asesinado por policías en Georgia. No es simple “gatillo fácil”; es fruto del desprecio, el odio y la discriminación presentes en la sociedad para con los “negros” que son tan solo el 12,6 de la población. Las reacciones violentas de protesta, siempre lamentables, marcan la profundidad de la bronca y el resentimiento de la gente. Los afroamericanos tienen el doble de probabilidades que los blancos de ser arrestados por la policía. Además de los atropellos brutales, a los afroamericanos no se les hace justicia, sufren largas detenciones, son enviados a la cárcel con más frecuencia. Siete obispos católicos han escrito: “El racismo no es cosa del pasado o simplemente una cuestión política. Es un grave peligro real y presente que todos debemos enfrentar frontalmente”. Por su parte el presidente Donald Trump se autodefinió como hombre de la ley y del orden, mandando aplastar violentamente las manifestaciones, aún pacíficas, con miles de detenidos. Hasta el ejército se rehusó a militarizar el país y a Trump lo criticaron por “falta de madurez” y por “dividir en vez de unir”. Su única defensa: “Mi plan contra el racismo es una economía fuerte”. 

Por su parte la revista de los jesuitas “América” en su editorial ha reconocido que “en el pasado también la Iglesia de Estados Unidos ha sido tristemente cómplice de las injusticias del racismo blanco; hasta los católicos blancos han ignorado y marginado a los católicos no blancos. Esta purificación de la memoria por parte de la Iglesia, debe ser pública y con una actitud de arrepentimiento, proclamando la dura verdad. Aún hoy, a diferencia de los tiempos de Luther King, es rara la presencia de curas y religiosas en las manifestaciones antiraciales, frente a la enorme desigualdad social de hoy. Hay un déficit de formación también en las escuelas católicas y en los seminario sobre este pecado social.”.

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