TRUMP: LA BIBLIA Y LA FOTO

Después de ordenar a los gobernadores que aplasten con la fuerza las protestas en cuarenta ciudades del país por el asesinato de George Floyd  y haber acusado a los manifestantes de terroristas, anarquistas e izquierdistas, Trump se dirigió a un templo evangélico y le habló a la gente con la Biblia en la mano diciendo que “Dios es Amor” (y no violencia).

La obispa de esa iglesia episcopaliana Mariann Budde reaccionó duramente acusando a Trump de “abusar de un signo sagrado” y tomó distancia del “lenguaje incendiario” del presidente. “El suyo es un mensaje antitético a las enseñanzas de Jesús y de nuestras iglesias. No ha venido a la iglesia para rezar, sino para sacarse una foto en tren de propaganda. No ha reconocido la agonía de las personas negras que demandan con razón el final de 400 años de racismo sistemático y de supremacía blanca. Comparto la indignación de la comunidad negra; el racismo ha sido tolerado por demasiado tiempo. El asesinato de Floyd ha sido insensato y brutal, un pecado que grita al cielo. Pido justicia para él y para tantos otros que han tenido la misma suerte”. Muchos criticaron el “falso y oportunista uso de la Biblia” como un acto detestable. Los afroamericanos protestaron hincándose de rodillas en tierra rezando durante nueve minutos, el tiempo que duró la agonía de Floyd; gesto de protesta que se repite ahora en todas partes. Trump también visitó posteriormente una iglesia católica y se hizo fotografiar debajo de una estatua de Juan Pablo II. Como respuesta el  arzobispo de Washington Wilton Gregory acusó a Trump de “abusar y manipular atrozmente los principios religiosos”. El ex presidente Barak Obama comentó sobre las protestas: “Para millones de afroamericanos, ser discriminados por la raza es trágicamente, dolorosamente, exasperadamente normal, aún simplemente si uno va por la calle u observa la naturaleza en un parque. En la América de 2020 esto ya no puede ser normal”. Siempre sobre las protestas, el presidente de la Conferencia Episcopal católica, el arzobispo de Los Angeles, el mexicano  José Gomez ha dicho: “Las protestas reflejan la frustración y la ira justificadas de millones de hermanos y hermanas que siguen experimentando humillación, indignidad y oportunidades desiguales solo por su raza o color de la piel. Pero la violencia no promueve la causa de la igualdad racial ni de la dignidad humana”. El Consejo Mundial de las Iglesias declaró: “El racismo es un virus que ha infectado este país desde sus orígenes y ha penetrado en todos los sectores de la vida. Hace falta una vacuna eficaz contra la supremacía blanca”. Y recordaron las palabras de Luther King: “Las protestas son el lenguaje de quien no es escuchado”. El arzobispo italiano Vincenzo Paglia, presidente de la Academia Pontificia para la Vida, pidió al Papa un documento o una encíclica sobre el racismo ya que “es un virus cultural presente en todo el mundo”.

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