ARGENTINA: “LOS IMPRESCINDIBLES”

p. Torre, en el barrio Mugica, la “Villa 31”.

Así escribe desde Buenos Aires el periodista católico Washington Uranga en el diario “Página12” del 2-6-20: “Pastores, sacerdotes, responsables de comunidades, escuelas, clubes de barrio, asociaciones culturales se han convertido en colaboradores imprescindibles para la asistencia y la contención del COVID-19, actuando en colaboración con el estado. La expansión de la pandemia, especialmente en los barrios populares y villas del Gran Buenos Aires, requiere sobre todo la atención del estado en todos sus niveles, pero sería imposible sin la participación activa de múltiples actores, menos visibles pero no menos significativos.

Su ámbito natural de actuación son las capillas, las parroquias, los templos, los hogares para niños, los merenderos, los centros de recuperación de adictos, las escuelas que se transforman en albergue para personas que precisan salir del hacinamiento. Se trata de héroes anónimos para la opinión pública y de los que no se habla en las crónicas periodísticas. Esta actitud colaborativa ha sido espontanea y ha surgido desde abajo, desde el territorio. Se trata de actores protagónicos e indispensables no solo para atender las urgencias, sino para tener un pulso exacto de la situación. Dentro  y desde las iglesias, alrededor de los párrocos y pastores, hay un gran número de agentes pastorales laicos que prestan asistencia. En el Gran Buenos Aires hay por los menos 5 mil templos evangélicos, además de las parroquias y capillas católicas. Todos han ayudado en la resolución de los problemas cotidianos de los vecinos, sobre todo en los asentamientos en los cuales la gente sufre desde hace muchos años  una pobreza estructural”. En el cono urbano bonaerense está el 80% de los infectados del país; de ellos el 40% se encuentra en las villas. Los curas villeros son un fermento de esperanza en medio de los asentamientos porque “no habrá cambios reales y duraderos si  no se producen desde adentro y desde abajo” (papa Francisco). Las parroquias y capillas villeras se han transformado en “hospitales de campaña” y en grandes almacenes de alimentos, con voluntarios de las propias villas. El párroco de la parroquia Cristo Obrero del barrio Carlos Mugica (villa 31) de Retiro, Guillermo Torre de 55 años, que trabaja en la villa desde hace 21 años ha sido contagiado y aislado en un hotel porteño. Los curas villeros en un comunicado han dicho que “seguirán compartiendo la vida de sus vecinos en la buena y en la mala. La pandemia ha hecho que se visibilizaran los problemas estructurales de nuestros barrios y la realidad se nos vino encima. Seguiremos tratando de preservar la salud , garantizar el sustento diario de tanta gente y mantener encendida la esperanza”.

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