BRASIL: BOLSONARO Y LA IGLESIA CATÓLICA

Dom Walmor, presidente de la CNBB y arzobispo de Belo Horizonte.

Desde el comienzo la Iglesia Católica ha repudiado la postura del presidente Bolsonaro en la pandemia. Frente a un presidente que habla de “histeria y pánico orquestado por medios de comunicación” el presidente de la Conferencia Episcopal declaró: “Nosotros repudiamos y criticamos vehementemente a la autoridad nacional cuando minimiza aquello que debe ser tratado con mayor responsabilidad”. Instó a “seguir las indicaciones de las autoridades sanitarias competentes y sensatas”.

Según el cardenal Claudio Hummes “el de Bolsonaro es un discurso reduccionista que defiende los intereses económicos de unos pocos y naturaliza la muerte de los más frágiles; solo hay cálculos de conveniencia para mantener la productividad”. La arquidiócesis de Río de Janeiro ha anunciado que “pese a poder abrirlas, por decreto del alcalde, la apertura de parroquias y capillas tan solo ocurrirá cuando se garantice un control efectivo de la pandemia”. El comunicado está firmado por el arzobispo Joao Orani Tempesta y sus siete obispos auxiliares. Efectivamente el alcalde Marcelo Crivella que es un pastor de “Pare de Sufrir” alineado a Bolsonaro y que dijo que “quiere exorcizar la ciudad de Río del pecado”, autorizó la apertura de todos los templos, por encima de disposiciones judiciales que lo impiden. Ya ha habido asambleas neopentecostales de hasta 12 mil personas.

El ex ministro de Salud Nelson Teich había llegado a decir en una entrevista anterior a su nombramiento, que no valía la pena curar a un anciano en fin de vida “porque con la misma inversión que se necesita para que el anciano esté un poco mejor, se puede garantizar un mejor tratamiento a un adolescente enfermo”. La Iglesia Católica antepone la salud de la gente y acepta el aislamiento social; inclusive celebra las misas sin fieles. Algunos líderes evangélicos reclaman por la libertad religiosa e insisten en que “la fe nos protege de la pandemia”; “nadie se va a contagiar si permanece fiel a Dios”. La Iglesia Católica lamenta la irresponsabilidad de los gobernantes que trivializan los efectos de la pandemia e ignoran que los hospitales están sobrecargados. Para la Iglesia el aislamiento social es una actitud ciudadana y civilizada ya que apunta al bien común; es un gesto de amor a la comunidad.

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