(Misterios de la Biblia) El misterio del apóstol incrédulo

¿Realmente se puede afirmar con justicia que Santo Tomás era un apóstol incrédulo?

A Tomás le han achacado este epíteto, pero ¿es justo que se diga esto? En verdad no, tal vez se podría decir que era un creyente racionalista y bastante escéptico.

Pero veamos el texto en que se apoyan los que afirman esto:

La tarde de ese mismo día, el  primero de la semana, los discípulos estaban a puertas cerradas por miedo a los judíos, pero Jesús se hizo presente allí, de pie en medio de ellos. Ellos se llenaron de gozo al ver al Señor.
Les dijo: “La paz esté con ustedes, así como el Padre me envió, yo les envío a ustedes.”
Dicho esto, sopló sobre ellos y les dijo: Reciban el Espíritu Santo, a quienes ustedes perdonen, queden perdonados, y a quienes ustedes no libren de sus pecados, queden atados”.
Uno de los doce no estaba cuando vino Jesús. Era Tomás, llamado el Gemelo. Los otros discípulos le dijeron después: “Vimos al Señor” Contestó: “No creeré sino cuando vea la marca de los clavos en sus manos, meta mis dedos en el lugar de los clavos, y palpe la herida del costado.”
Ocho días después, los discípulos estaban de nuevo reunidos dentro, y Tomás con ellos. Se presentó Jesús a pesar de estar las puertas cerradas, y se puso de pie en medio de ellos.
Les dijo: “La paz, esté con ustedes.” Luego dijo a Tomás: “Ven acá, mira mis manos; extiende tu mano y palpa mi costado. En adelante, no seas incrédulo sino un hombre de fe.”
Tomás exclamó: “Tú eres mi Señor y mi Dios”
Jesús le dijo: “Ahora crees porque me has visto. Felices los que crean sin haberme visto.”

Juan 20,19-29

 

Lo que puedo decir, es que Santo Tomás si algo merecería es ser uruguayo. Si, y lo digo con fundamento. Era un tanto individualista, y desconfiaba de su propio grupo, y es más, de sí mismo también porque hay que ser justo con él.
Y veamos, ¿que católico uruguayo acepta sumisamente todo lo que los jerarcas de la Iglesia dicen, e incluso el mismo Papa? Vamos a ser claros.  No somos crédulos y no nos tragamos cualquier cosa que nos digan.
Bueno, más o menos, porque los muy “racionalistas” uruguayos, que tanto desconfían de la Iglesia y del cristianismo terminan, algunas veces, creyendo en el Tarot, la astrología, y hasta quieren “dejar de sufrir”.

 

Probablemente Tomás no estuvo en estos extremos
¿Pero por qué faltó a la cita?
Las alusiones tan claras al “primer día de la semana” no dejan lugar a dudas que Juan el evangelista no se refiere sólo al día en que Jesús Resucitó; sino también al día en que los cristianos se reunían para celebrar la Eucaristía. (Juan escribe su Evangelio en el año 90) .
Y que se reunieran el domingo y no otro día, lo afirma San Justino, quien a principios del siglo II escribe en su obra  “Apología” dirigida al emperador Antonino Pío, que reinaba en aquel momento en el Imperio, y que tenía fama de tolerante y honrado. En su obra donde describe cómo se celebraba la Eucaristía, diciendo que lo hacían en el día en que los romanos honraban al sol.
Ese día era el domingo. (Este nombre viene del latín “domine”, que significa Señor, y que podría traducirse como “Día del Señor”).  Pero en Inglés conserva su nombre original pagano ya que “Sunday” habla de que era el día de la semana en que se rendía homenaje al dios del Sol.)
Este Evangelio prueba que el evangelista no sólo describe lo que le ocurrió a Tomás, sino lo que le pasaba a algunos cristianos, que amedrentados por la persecución contra la Iglesia que sufrían en ese momento, no se reunían con sus hermanos.
Pero no era sólo el temor la causa de que Tomás no concurriera a la reunión con los demás.
Tal vez fue la desilusión, puesto que el grupo al dejar a Jesús solo ante sus enemigos en el Huerto, no habían resultado muy creíbles. (Mc 14,20). Pensando además que Pedro, el apóstol al que Jesús había elegido para conducir a su comunidad, había negado al Maestro tres veces;  y que él mismo había huido, la decepción y la falta de credibilidad del grupo habrían probablemente influido en su ausencia. (Cfr. Jn 18,17; 25-27)
Hay otro aspecto de Tomás que le hace ser muy uruguayo, es su escepticismo.  Pero el escepticismo no es lo mismo que la incredulidad.
No deberíamos culparlo mucho, teniendo en cuenta la horrible muerte que el Maestro había sufrido.
La misma Biblia parece estar de acuerdo con los que se burlaban de él.

“Si un hombre ha cometido un delito que merezca la muerte, y por eso ha sido ajusticiado y colgado de un madero, no dejarás que su cuerpo colgado pase la noche, sino que lo enterrarás el mismo día, porque un colgado es maldición de Dios. Así no mancharás la tierra que Yavéh te da por herencia.” Deut. 21, 22-23.

La crucifixión ciertamente era vista como una maldición.
Todos los que antes se habían proclamado “Mesías de Israel” generalmente llamando a su pueblo a la rebelión armada, como Judas el Galileo, o Teudas (mencionados por Flavio Josefo, el historiador Judío, y el mismo Hechos de los apóstoles Hch. 5, 35-39)  habían muerto crucificados y la misma forma en que habían muerto les habían desacreditado, y los movimientos populares que habían originado,  luego de su desaparición, se habían disgregado totalmente.
Es por esto, que los romanos  crucificaban a los que se rebelaban contra el imperio, pues sabían que la Cruz metía miedo y era una condena humillante, y lo más importante, aseguraba la disgregación de los partidarios del ajusticiado.
¿Era tan extraño que Tomás pensara que la Resurrección de Jesús no había tenido lugar?
El mismo Jesús le llama incrédulo.  ¿Pero le llama así porque realmente lo era, o porque esa era la tentación que Tomás experimentaba, la de refugiarse en la incredulidad?
¿Si hubiera dejado de creer, porque volvió con sus compañeros al día siguiente?
¿No sería tal vez, que su fe estaba pasando por una crisis, y no es que hubiera desaparecido totalmente?

 

La crisis de fe, de Tomás y de los doce
El mismo Jesús les había prevenido y anunciado esta crisis dialogando con Pedro.

“Simón, Simón, Satanás ha pedido permiso, para cribarles a ustedes como se hace con el trigo. Pero yo he rogado por ti, para que tu fe no se venga abajo. Tú entonces  cuando hayas vuelto, tendrás que fortalecer a tus hermanos.” (Cfr. Lc 22, 31-33)

¿Acaso no le había ocurrido algo similar a los demás discípulos cuando las mujeres fueron a decirles por encargo del Resucitado que él estaba vivo? ¿Les creyeron? Más bien que no. (Cfr. Lc 24, 11; Mc 16,11)
San Juan es el único Evangelista que afirma de que Pedro y Juan tuvieron la entereza de ir al sepulcro y al verlo vacío, creyeron. (Cfr. Jn 20, 3-10) Pero también afirma que no era una fe muy sólida, y hablaba de que no habían comprendido del todo que el Mesías debía padecer y luego resucitar.
Pero ¿podemos culparlos de eso y tacharlos de incrédulos?
Los que nunca dudan de su fe son gente muy peligrosa, pues son los fanáticos religiosos que son capaces de matar en nombre de Dios.
¿No era así Saulo de Tarso (San Pablo) cuando perseguía a muerte a los que él creía que eran unos peligrosos herejes que amenazaban a Israel?  El signo de su ceguera, tras ver al Resucitado, no es una forma en que Dios le está diciendo que él no era un verdadero hombre de fe, sino un fanático, que estaba enceguecido espiritualmente? El Bautismo y la fe en Jesús Resucitado, no sólo le habían sanado de su ceguera física, sino de su ceguera espiritual. (He 9,1-20)

Pero no era este el caso de Tomás.
Lo que lo prueba fue su profunda profesión de fe. Ningún incrédulo podría penetrar tan a fondo en el misterio de la identidad de su Maestro como este apóstol, al llamarle: “Mi Señor y mi Dios”.
Cierto es que la fe suscitada en él, fue siempre gracia de Dios y no un mérito personal del apóstol.

 

Pero….¿Tomás, tocó o no al Señor?
No lo dice el Evangelio. Aunque ha servido para la inspiración de pintores como Caravaggio, que en su cuadro “La incredulidad de Santo Tomás” nos muestra a Tomás tocando con su dedo y examinando meticulosamente y con gran admiración la herida del costado del Señor.
Lo que yo creo es que no lo tocó. ¿Era acaso necesario?  Al ver a Jesús, todas sus objeciones se le fueron al suelo, y sólo quedó la fe, renacida y fortalecida, fe que había pasado por una crisis muy grande, pero que había permanecido en su corazón, y que se había robustecido con el encuentro con el Señor.
Pero el mensaje del Evangelista es claro. No se puede encontrar a Jesús sólo, necesitamos encontrarlo en comunión con nuestros hermanos. Hermanos que son pecadores e imperfectos, igual que nosotros. Pero pensemos un poco: ¿Si Jesús hubiera querido hacer una Iglesia integrada sólo  por puros y gente sin pecado, hubiera encontrado a alguien que la pudiera integrar?
Y todo queda resaltado con una expresión de Jesús, que afirma al final:

“Tú crees en mí, porque me has visto. Felices aquellos que crean sin haberme visto”. 

Jesús no se ofende ante las dudas de Tomás. Incluso las convierte en un argumento para nuestra fe.  Tomás ha sido sincero, y ha mostrado sus dudas y falta de fe, con total honestidad. Pero luego, mostró una fe muy profunda.
Tomás es escéptico y desconfiado como muchos uruguayos, pero cuando se decide a creer lo hace con total entrega.
De hecho el “incrédulo Tomás” fue un discípulo diligente y con gran espíritu misionero. Sólo se le puede comparar a San Pablo en su entusiasmo misionero.
Llegó hasta la India en su ímpetu evangelizador.  Allí sufrió el martirio y allí reposan sus restos.
Si algo nos enseñó este valiente apóstol, es que la duda es muchas veces el compañero de ruta de los creyentes. Todos nuestros cuestionamientos no son algo negativo sino algo dinamizador que nos lleva a avanzar y crecer en la fe.

Eduardo Ojeda

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