(catequesis de adultos): DIOS Y LA PANDEMIA

Muchos cristianos han quedado afectados en este tiempo no solo por la pandemia sino por una crisis de fe. Es verdad que todos se han puesto a rezar, hasta gente que se dice atea o nunca va a la iglesia, pidiendo que termine la pandemia. Y si embargo aparentemente no ha habido ninguna respuesta por parte de Dios; muchos esperaban un milagro. El mismo Papa Francisco ha hecho una súplica desgarradora el 27 de marzo.

TAL COMO SE REVELA EN JESÚS, DIOS ES DIFERENTE
Es necesario rogar a Dios, como nos dice Jesús, porque a Dios que es padre siempre lo necesitamos; pero hay que estar dispuestos a cumplir su voluntad y aceptar sus designios. Muchos se han preguntado frente al “silencio” de Dios: ¿Acaso Dios no tiene poder para liberarnos de una calamidad tan grave y universal?. En el Credo profesamos nuestra fe en un Dios “todopoderoso creador del cielo y de la tierra”. Ser “todopoderosos” significa tener un poder sin límites; y este es el concepto que se tiene de Dios por parte de muchas personas y religiones. Sin embargo el Dios cristiano, por amor a nosotros, se ha autolimitado, se ha encarnado asumiendo nuestra fragilidad humana para acompañarnos en el camino; se hizo “uno de tantos”. El problema es que normalmente nosotros proyectamos en Dios nuestra manera de pensar, nuestro sentido del poder, de la justicia, del éxito. Pero, tal como se revela en Jesús, Dios es diferente. El Dios cristiano no es un Dios de poder que cambia las cosas por arte de magia, sino de servicio. Él no puede suprimir los males de este mundo sin anular al hombre, al que le dio inteligencia y capacidad para enfrentarlos. Lo hizo capaz de servirse de la naturaleza, sin destruirla. Dios no actúa por encima de sus hijos o en lugar de ellos. No nos quiere como títeres sino como colaboradores para llevar a cabo ese mundo de hermanos que Él ha ideado. Él toma absolutamente en serio nuestra dignidad, libertad y responsabilidad. No se puede hacer responsable a Dios de la que es nuestra responsabilidad. El mal, aún físico, no está en el mundo porque Dios lo quiere o lo permite, sino porque es parte de este mundo finito que nunca será perfecto; un Paraíso en la tierra sería un contrasentido. Dios no puede cambiar el curso de la historia humana ni las leyes de la naturaleza que siguen su curso; pero puede dar al hombre la iluminación y la fuerza para mejorar este mundo. Necesitamos intensificar nuestros esfuerzos a nivel de conocimiento científico, de respeto de la naturaleza, de justicia y solidaridad; no de guerras y ambiciones políticas. No podemos sentirnos tranquilos y en paz cuando el 20% de la humanidad ha acumulado el 90% del producto bruto mundial ni cuando la naturaleza es devastada con sus recursos, que no son infinitos. En vez de la trágica carrera de armamentos habría que ocuparse de favorecer la salud, la alimentación, la educación, los derechos de todos. Ojalá estos sean los frutos positivos de la pandemia.

 

TODO CONCURRE PARA NUESTRO BIEN
Dios no eligió el poder sino la humildad. Se hizo niño en Belén, vivió como pobre entre los pobres, murió crucificado como un esclavo. Dios es Amor y el amor es humilde, no se impone con la fuerza; implica humillaciones y fracasos. Jesús no bajó de la cruz manifestando su poder con un milagro, como le pedían los judíos. Es en la cruz donde aprendemos a ver los auténticos rasgos del rostro de Dios y en la resurrección su misericordia. Si profesamos nuestra fe en un Dios todopoderoso, es porque efectivamente Dios es todopoderoso, pero en el amor, el perdón y la misericordia. No de otra manera. Todos saben que Dios es padre, pero muchos lo consideran un padre severo como pensaba el siervo holgazán de la parábola de los talentos; un Dios que premia a los buenos y castiga a los malos. El Dios cristiano no es así. No se enoja y aún si es rechazado y abandonado, no amenaza con castigos; siempre está a la espera con los brazos abiertos como el padre del hijo pródigo. Es lo que nos enseñó Jesús sobre el Padre y del Padre solo podemos saber lo que nos enseña Jesús. Si el flagelo de la pandemia fuera castigo de Dios, no se explicaría por qué este flagelo ha caído igualmente sobre buenos y malos, sobre ricos y pobres. A veces Dios providente y fiel tiene otros caminos que no son los nuestros y que logramos entender con el tiempo. Él sabe sacar de los males, bienes mayores para sus hijos. Dios  es todopoderoso en ayudarnos a sacar provecho hasta de las pruebas, fracasos, calamidades y también de nuestros pecados. Dice san Pablo: “Dios hace concurrir todo para el bien de los que lo aman” (Rom 8,28). Dios no se ha alejado de nosotros. Dios estaba sufriendo con Jesús cuando él rezaba pidiendo la ayuda del Padre. Él está presente también ahora con su Espíritu no solo en los que rezan sino en los que sufren y en todos los que luchan por el bien de los hermanos; el que hace el bien a quien sea, ese ama a Dios aunque no lo sepa. Porque Dios es Amor y lo que quiere de nosotros es que nos cuidemos los unos a los otros. Dios es capaz, con la colaboración del ser humano, de sacar de esta pandemia un mundo mejor. Saldremos de la pandemia con una fe más madura. Esta es una oportunidad para descubrir todo lo bueno que Dios nos ha dado y valorarlo. Es una oportunidad paras cambiar nuestro estilo de vida y las relaciones entre personas y pueblos. Seríamos torpes si volviéramos a vivir como si nada hubiera pasado.

P.C.

Un comentario en “(catequesis de adultos): DIOS Y LA PANDEMIA

  1. Gracias por el artículo para catequesis de adultos. Es una muy buena meditacion para muchas personas ( entre las que me encuentro) sobre como actúa Dios en estos momentos tan especiales que vive el mundo, con el poder del amor, perdón y misericordia, dejando a los hombres en la plenitud de su libertad.

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