OPINIÓN: JOB Y LA PANDEMIA

Muchos, como en otros momentos difíciles de la vida o de la historia, se preguntan: ¿dónde está Dios?; ¿porqué no interviene Dios?; ¿porqué nos castiga Dios? Dios, como Jesús, está sufriendo con los que sufren, salvando con los que salvan. Dios no castiga a nadie porque es Amor. Las desgracias personales y sociales son consecuencia del pecado del mundo; el pecado con sus consecuencias tiene en sí su propio castigo.

¿Porqué sufren los inocentes?
Un eminente teólogo español, José Ignacio Gonzales Faus, cita el ejemplo bíblico de Job que hace 25 siglos atrás ya se preguntaba el porqué del sufrimiento de tantos inocentes. Se pensaba que los buenos gozarían de las bendiciones de Dios sobre esta tierra y todo les saldría bien. Job era una persona intachable y piadosa; sin embargo de un día para otro pierde los rebaños, los hijos; y se encuentra él mismo cubierto de úlceras. Entonces le asaltan las dudas. Pero de la prueba Job salió fortalecido con una fe más madura, más realista, más humilde. Así escribe Gonzales Faus:

“La pandemia actual pone a prueba nuestro nivel de conciencia. Es lógico sentir miedo ante ella, pero podríamos salir de ella mejores, más humanos. Hay gente que pregunta donde está Dios y yo le pregunto: ¿dónde estaba Dios en el Calvario, cuando Jesús rezaba: “Dios mío, Dios mío ¿porqué me has abandonado? Hablar de castigos de Dios es proferir una herejía y blasfemarlo. El Evangelio es la mejor oferta de sentido que se ha hecho a la humanidad, aún frente al sufrimiento. Ya en el Antiguo Testamento está el libro de Job, uno de los textos más impresionantes de la historia de la humanidad. Job está convencido que su desgracia es inmerecida e injusta; por lo tanto o es un castigo de Dios o Dios es injusto. Sus amigos lo acusan de blasfemo y lo obligan a reconocerse culpable, porque se trata de un castigo de Dios por sus pecados. Pero Dios interviene y critica a estos muy duramente; el juicio contra ellos será tan severo que solo podrán salvarse si el mismo Job a quien maltrataron, intercede por ellos. Debería haber quedado claro con el Evangelio la idea falsa y seudoreligiosa de los bienes y males de este mundo como premios y castigos de Dios. Sin embargo hay infinidad de gente también hoy que se profesa creyente y que 25 siglos después sigue pensando como los amigos de Job y ve en las desgracias de este mundo castigos de Dios.  Ese modo de pensar típico de tanta gente religiosa, no solo es radicalmente anticristiano sino que acaba siendo generador de mil ateísmos, bastante lógicos en ese contexto. De este modo el tema de Dios está mal planteado y falsificado. El creyente en el Dios cristiano podrá decir que se fía de Él por ser bueno y misericordioso, aunque tenga sus caminos; pero nunca que Dios es la causa de los males de este mundo”.

                                                                      P.C

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