LA CUARENTENA Y LA EDUCACIÓN

Diego Pereira Ríos

 

Esta Cuaresma nos ha encontrado a casi todos los uruguayos en cuarentena. Hace muy poco, ante la situación de emergencia ante el coronavirus, el gobierno decidió suspender las clases en el ámbito público, como en el privado. Niños, adolescentes, jóvenes y adultos estudiantes, recibían la noticia de diversas maneras. Desde la alegría de no tener que concurrir a clases y quedarme en casa, hasta la preocupación de ¿dónde me voy a quedar si mamá y papá trabajan? Por ahí, lo nuevo es tener que hacer trabajos desde casa, o recibir clases on line.

Es todo un aprendizaje pues los adolescentes y jóvenes que manejan las redes sociales, no siempre trabajan con un procesador de texto, por ejemplo. Más preocupante sería la situación de tantos niños uruguayos que comen a diario en las escuelas y centros públicos. Su pregunta es otra: ¿qué voy a comer?, y que excede muchas veces nuestra capacidad de respuesta. Pero el gobierno mostró rapidez a la hora de tener que atender a esa población. La situación va siendo apaleada.

Otra situación compleja es la de maestros y profesores que deben cumplir la cuarentena en su casa y seguir “dando clases”. Acostumbrados a trabajar en el aula y con sus alumnos, cara a cara, se nos presenta una situación nueva, incómoda, y para muchos difícil. Sabemos que no es lo mismo, pero ahora debemos trabajar desde casa, continuar el curso, seguir con el tema comenzado, enviar tareas y evaluar. Hay una gran necesidad de que la máquina no se frene y debemos seguir corriendo, ahora no en la calle o de una institución a otra. Ahora es dentro de casa. El “teletrabajo” es uno de los temas que en estos días salta al tapete pues si bien hay experiencias en todo el mundo, en Uruguay no hay legislación. No se sabe muy bien como regularlo. ¿Cómo trabajar desde mi casa, en contacto por redes sociales con colegas, respetando mi tiempo familiar y el tiempo familiar de los demás? Cada día surgen las tensiones y la necesidad de organizar y acordar encuentros que no obstaculicen la vida personal y familiar.

Otro participante de este complejo mundo educativo son las plataformas de trabajo. Es gracias a ellas que se cree que podemos ir llevando poco a poco este tema de “no perder clases”. Desde moodle, crea, edmodo, udemy, sakay, schoology, entre tantas otras, tenemos un espacio de trabajo virtual donde poder intercambiar con nuestros alumnos, enviarles material y tareas para hacer, como generar espacios de cercanía y diálogo.  Cada institución educativa trabaja con alguna de estas plataformas –o en su caso opta por enviar tareas por email o incluso whatsapp-, pero es una posible solución a este problema. Lo que trae esto de dificultad es que muchos docentes tampoco saben manejar las herramientas digitales, por un lado, y lo que ya dijimos acerca del tiempo laboral. ¿Cuánto tiempo debo estar ante el computador para corregir las tareas? ¿Cómo cuidar mi salud mental, mi salud visual? Se repite la necesidad de acordar horarios de trabajo para no estar pendientes las 24 horas.

Otro elemento de este complejo funcional son los directores y coordinadores, más que nada en el ámbito privado. No sólo deben seguir ejerciendo su función de un modo totalmente diferente, sino que ahora el acompañamiento a los docentes o equipos de trabajo, deben hacerlo mediante las redes sociales o las mismas plataformas. Como sujetos que ocupan un lugar de responsabilidad ante las instituciones deben continuar el compromiso asumido, pero ahora teniendo en cuenta que la situación es otra: no estamos en la institución, estamos cada uno en su casa, trabajando a su tiempo y dentro de sus posibilidades. También ellos se ven embretados ante un nuevo sistema de trabajo. El peligro es pasar del acompañamiento a un cierto control incómodo, que puede generar en los docentes la sensación de desconfianza. Es prudente cuidar los horarios en los cuales se da la comunicación. Es necesario la paciencia y la comprensión ante la situación de querer cuidar que todo salga bien. También ellos tienen familias y deben atenderlas y disfrutarlas en este tiempo.

 

No puede faltar en esta corta reflexión el lugar de las madres y los padres. Son los primeros educadores. Pero en esta situación están los que se pueden quedar en casa y los que deben salir a trabajar. Para los que se quedan se da la oportunidad de ver a sus hijos estudiar o hacer tareas, incluso hacerlas con ellos. Esto implica regular el tiempo ante el computador o el celular, para poder privilegiar también el tiempo familiar. Jugar con los hijos, atenderlos, mirar una película, juegos de mesa. Los padres y madres que deben ir a trabajar confiarán en que sus hijos harán las tareas y no estarán todo el día sin hacer nada. Pero pasan por otra dificultad: la preocupación de no traer a casa el virus que anda por las calles y que posiblemente se cruzaron. Llegar a casa, darse un buen baño, comer algo, antes de estar con sus hijos y revisar lo que hicieron. En uno y otro caso, el acompañamiento de los padres en este nuevo tiempo de estudio es fundamental. Lo es siempre, pero considero que estar cerca de ellos y compartir esa responsabilidad nueva, nos hará crecer como hijos y como adultos.

No se pretendía abarcar todo el problema en esta reflexión. Faltan muchas aristas por explorar. Apenas son inquietudes de alguien inmerso en este problema actual, desde su ser docente, y que trata de entender para entenderse. Creo que sí, la educación no debe parar. Alumnos y docentes debemos seguir trabajando y formándonos mediantes el estudio permanente. Pero también nos debemos tiempo para reflexionar sobre otras cuestiones aún más necesarias, que sólo seguir haciendo andar la máquina. Algo es claro, si la máquina no funciona no cobramos el sueldo y si no cobramos, la cosa se complica.

Ayer veíamos en imágenes los canales de Venecia más limpios, y los satélites nos muestran que el índice de contaminación de la atmósfera ha bajado.  Se habla de cielos limpios, de aguas purificadas. Estar atentos a las noticias, a cumplir las normas de higiene, a la comunicación mediante el celular, sí, es necesario. Pero también es necesario frenar y tomarse un tiempo. Un tiempo con uno mismo, con los que me acompañan cada día. Y también es un tiempo para hablar con Dios en el silencio, en la soledad. Dejar las actividades a las cuales estamos acostumbrados nos puede llevar a la locura del encierro. Es necesario serenarnos, mirar por la ventana, sentir el aire y respirar. El universo tiene su manera de equilibrar la balanza. ¿Cuál es mi papel dentro de él? Más que respuestas, surgen preguntas. Necesitamos de una nueva educación, una pedagogía para volver a ser humanos.

 

Diego Pereira Ríos, 40 años, uruguayo. Profesor de Filosofía y Religión en Enseñanza Media. Maestrando en Teología Latinoamericana en la UCA de El Salvador. Miembro de Amerindia Uruguay, escritor colaborador en Revista Umbrales, editor en Ariel Revista de originales de Filosofía, socio de la Sociedad Filosófica del Uruguay, miembro de la RED CREA Cómplices Pedagógicos para América Latina, miembro del Proyecto “Ágora dos habitantes da Terra”, miembro del Grupo Diocesano de Ecología Integral “San Francisco” y miembro del Instituto de Espiritualidad Libertadora. Obtuvo el 3er puesto en el 1er Concurso Internacional de Ensayo 2015 de la REDLAPSI. Autor del libro “La fuerza transformadora de la esperanza” (Nueva Visión, 2016). Contacto: pereira.arje@gmail.com

 

Responder

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Cerrar sesión /  Cambiar )

Google photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google. Cerrar sesión /  Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Cerrar sesión /  Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Cerrar sesión /  Cambiar )

Conectando a %s

Este sitio usa Akismet para reducir el spam. Aprende cómo se procesan los datos de tus comentarios .