AMÉRICA LATINA: AVANCE POLÍTICO DEL EVANGELISMO

El 21 de noviembre pasado Jair Bolsonaro fundó en Brasil un nuevo partido político anticomunista, antiglobalista, de marco evangélico -pentecostal: “Alianza por Brasil”. Se desafilió del partido con el que ganó las elecciones y optó por la extrema derecha. La carta fundacional habla por primera cosa del “respeto a Dios y a la religión”, de la “defensa de la familia y de la vida desde la concepción”, etc. “Brasil es un país laico; pero eso no significa que el ateísmo sea obligatorio. El vínculo entre nuestra nación y Cristo es fundamental e inseparable”, ha dicho Bolsonaro.

El evangelismo neopentecostal apoyado por Bolsonaro proviene de Estados Unidos. A Trump lo han elegido el 81% de estos evangélicos que predican la “teología de la prosperidad”. Esta es exactamente lo contrario del sueño de Francisco (“Cómo quisiera una Iglesia pobre para los pobres“); surge del liberalismo económico y hace de la religión un negocio, un fenómeno utilitarista. La fe en Dios lleva a la riqueza, a la salud y al bienestar. La Iglesia Católica exalta la pobreza y por eso hay tantos pobres. Hablando en Florida en una de estas iglesias Trump dijo: “Estamos defendiendo la religión misma que está bajo asedio”. El 12 de noviembre, la presidenta interina de Bolivia Jeanine Añez ingresó al palacio presidencial con una gran Biblia en las manos  declarando: “Dios ha permitido que la Biblia vuelva a entrar en este palacio”. Por su parte Luis Fernando Camacho, el hombre fuerte detrás de la presidenta, proclamó: “La Pachamama no volverá al palacio; Bolivia le pertenece a Cristo”. Son los representantes de la gente blanca y adinerada que se escuda detrás de la religión. Actúan como cruzados de Dios que quieren “liberar al país de los ritos satánicos indígenas”. Este fenómeno se está difundiendo en América Latina y también en Europa; es la que el teólogo español Juan José Tamayo llama “la internacional cristo-neofascista”. El golpismo ya no viene de la mano de un catolicismo conservador, sino de un evangelismo fundamentalista, de una casta política mesiánica que se presenta en nombre de Dios. El evangelismo neo pentecostal ha inspirado y legitimado la política homofóbica, antifeminista, racista, xenófoba y antiecológica de Bolsonaro. Los evangélicos fueron decisivos en el golpe contra Dilma Rousseff y en la elección de Jair Mesías Bolsonaro. En Brasil los evangélicos ocuparon los espacios dejados por los católicos en estas últimas décadas y la nueva derecha entró en el electorado popular por medio de los evangélicos. Según Datafolha los católicos son actualmente el 51% en Brasil y los evangélicos  el 32%. En 1970 lo católicos eran el 91,8% y los evangélicos el 5,2%.

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